viernes, 2 de septiembre de 2016

COSAS QUE ME OCURREN O SE ME OCURREN

Hoy debería empezar cantando : cuatro caminos hay en mi vida, ¿Cuál de los cuatro será el mejor? Tú que me viste llorar de angustia, dime, paloma, por cuál me voy. Lo que pasa es que, por las mañanas, a palo seco, si quiero cantar me salen los sonidos más parecidos al croar de una rana que a "melodiosa balada humana". Pues eso, que he descubierto que me va convenciendo eso de la gnosis, aunque todavía no puedo decir que sepa nada de ella. Hay una idea que siempre he tenido: mi relleno occidental, es occidental hasta la médula y, por mucho que me empeñe y por mucho que lea sobre la espiritualidad oriental, que reconozco y admiro, no puedo ni comprendo bien los conceptos que esta última maneja y, puesto que la Verdad es la misma aquí y en la Conchinchina y dado que mi alma se maneja, esconde, tuerce, piensa y recuerda con constructos epistemológicos occidentales, he decidido intentarlo trabajando sobre mí misma. Leeré y buscaré hasta debajo de las piedras todos las enseñánzas de las que pueda disponer. De los cuatro caminos que puedo seguir me he decidido por el último: la búsqueda y la meditación en solitario. Y sólo de escribirlo me da miedo. Por lo que ello conlleva: reconocer que todo lo que hasta ahora he guardado dentro, dónde quiera que sea, tengo que o bien olvidarlo de golpe (que no creo que mi alma traidora y mi memoria oportunista me permitan) o aceptarlo e ir despojándome de ello. El pánico me entra porque sé que cualquier avance en ese camino irá acompañado por una necesidad de volver atrás que también tendré que vencer. O sea, resumiendo, me siento como una cebolla a (si queréis creerlo, lo creéis y si no, me da lo mismo pero, en cuanto he escrito la palabra cebolla, ha habido un instante sin luz que me ha apagado el ordenador. Estos cortes se producen muchas veces y no sabemos a qué se debe. Ni el Ayuntamiento lo sabe. No diremos que el maligno me ronda pero yo ya no me fío ni de mi padre) 
Bueno, pues eso, que me siento como una cebolla a la que hay que pelar capa por capa, hasta llegar al corazón que es dónde el manazas del Demiurgo ha escondido nuestro Espíritu. Pero la primera capa, tendré que meditar qué la compone. Usaré para orientarme lo más externo, o sea, las cosas que hago de forma automática que me pasan desapercibidas. Así que, durante el paseo con Snoopy, me acordé de un consejo que me daba mi madre:"nunca dejes que nadie te moje la oreja". Pues yo voy a dejar que me moje la oreja quién quiera, sin rechistar, siguiendo con mis pensamientos, como si me echaran un piropo. Si consigo que no me importe la opinión que los demás vuelquen sobre mí y no me lanzo como una harpía a morderle la yugular y, si encima eso me satisface espiritualmente, sabré que voy por buen camino.
Podría haber elegido otro camino: buscar un guía que me ayude sin anularme. Sólo conozco a una persona que podría, pero no creo que quiera. Me ha abandonado a mi suerte. Estuve triste unos días pero un fogonazo: "no más penas por las zancadillas del creador" me tranquilizó bastante.
Desde hoy: Yo soy un compuesto de cuerpo, alma y ESPIRITU y es a éste al que quiero liberar.

Pasando a otro tema. Yo no conocí a mi padre. Hay un dicho de por aquí (no sé si os dais cuenta de que los manchegos tienen dichos para sintetizar cualquier ocasión o sentimiento)que dice: "el que no conoció a su abuela, no tiene duelo de ella". No le concedo yo a este dicho demasiada confianza, porque hoy y, sin saber por qué, me he levantado pensando en mi padre y lo mucho que me habría gustado conocerle. Todo lo que sé de él me viene a través de mi hermano. Y cuándo ya empezaba yo a ponerme triste, me acordé de las trampas que tu alma, que es quién maneja los sentimientos, te puede tender para distraerte en tus reflexiones y también me acordé de que todo "había sido necesario". Cuando encuentre la contestación del "para qué" os la contaré.

No tengo ganas de escribir más. Aunque me gustaría hablaros de las nubes quietas. Cuando era joven, cansados algunas veces de andar corriendo y jugando, nos tirábamos en cualquier sitio que estuviera verde y nos entreteníamos inventando figuras a las nubes que, empujadas por el viento, pasaban sobre nosotros. Pero hace mucho que las nubes no se mueven igual, con la particularidad de que cuántas más nubes inmóviles aparezcan, más se siente el empuje del viento. Pero ellas siguen en su sitio. Algunas veces, cuando salgo con Snoopy, la aurora de rosados dedos no puede manifestarse porque el sol viene escoltado por unas nubes oscuras que después desaparecen. Pero no es que marchen empujadas por el viento: se disipan. Sencillamente están y poco a poco se diluyen, como si fueran absorbidas por algo. Otras veces aparecen por la tarde, no vienen de ningún sitio, simplemente aparecen a lo largo de las lineas que van dejando los aviones que nos fumigan. Es como si vinieran de la nada, como si ese avión esparciera algo que les asegurara la estabilidad. Y, cuando les llega su hora, se desvanecen y el cielo queda tachonado de estrellas. Yo es que siempre he mirado mucho al cielo.


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