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sábado, 27 de agosto de 2016

LA RELIGIÓN PROHIBIDA (10)

16. MANVANTARAS Y PRALAYAS

A la pregunta de si la creación es eterna o va a desaparecer alguna vez, la Gnosis tiene una respuesta: todo lo que ha sido creado habrá de desaparecer. El demiurgo crea universos y luego de un lapso los destruye. Los rabinos dicen: “El Señor, bendito sea, crea mundos y los destruye”. En las enseñanzas de Shankara encontramos: “Como las burbujas en el agua, así los mundos nacen, existen y se disuelven en el Señor Supremo” (Atmabodha, 8). Aesto los hinduistas lo llaman “respiraciones de Brahma”. Brahma es el dios creador de los hindúes. Es otro de los nombres del demiurgo. Con cada Big Bang comienza una nueva creación del dios creador. Es la espiración, su aliento exhalado hacia afuera. Esta creación se expande hasta que él decide ponerle un fin, retrayéndola hasta el punto inicial, reabsorbiéndola.
Esta es la inspiración, la absorción de su aliento. Cuando la creación llega a su fin y es destruida, puesta a involucionar, y el tiempo comienza a correr hacia atrás hasta desaparecer, hay un largo período en el que el demiurgo no crea nada. En India llaman a ese lapso “la noche de Brahma”. A
cada período de creación le sigue un período de silencio cósmico en el cual todo lo creado es llevado hacia atrás, contrayéndose hasta desaparecer. Después que todo es destruido, reducido a nada, con otro Big Bang comenzará una nueva creación y así indefinidamente. A cada tentativa del demiurgo le seguirá otra, persiguiendo constantemente esa perfección que nunca llegará.
En India llaman manvantaras a los ciclos de creación y pralayas a los de destrucción.
Hay una canción que es muy común en Israel y que se llama “Adon Olam” (“Señor del Mundo”), la cual tiene un párrafo que nos hace pensar en este descanso del creador cuando destruye su obra. Dicen así esos versos: “…y cuando todo deje de existir, él solo reinará en su majestad”. Se
refiere al período de silencio del creador, cuando ya no queda nada de lo creado.
Cuando toda la creación se derrumba, lo increado sigue existiendo como siempre porque es eterno, no tiene principio ni fin. Pertenece al plano incognoscible de la eternidad. Sólo lo creado desaparece en el pralaya. Solo lo creado puede ser destruido.
Cuando el demiurgo decide destruir todo lo que ha creado, es decir cuando concluye un manvantara, solo allí son liberados los Espíritus increados que han permanecido aprisionados en la materia. Toda materia, todo cuerpo, toda alma serán destruidos. Solo lo increado, lo no creado, no
será alcanzado por esa destrucción, retornando al mundo incognoscible de donde proviene.
Los Gnósticos no quieren esperar miles de millones de años. Los Gnósticos quieren liberarse ahora, cuanto antes. Y no solo liberarse. Pretenden además terminar con todo este sistema satánico, con las respiraciones del demiurgo, con sus planes demenciales, con el tormento de los Espíritus prisioneros, con las creaciones y destrucciones sucesivas, con las muertes y reencarnaciones, con todo lo creado, con todo lo impuro y con el demiurgo también.


17. LA GRAN CONSPIRACION

En todas las épocas, las instituciones religiosas y políticas del demiurgo en la Tierra han conspirado deliberadamente para eliminar, o al menos tergiversar, la visión Gnóstica allí donde aparezca. Se prohíbe o deforma todo pensamiento detrás del cual pueda hallarse algún vestigio de Gnosis Primordial. Así de peligroso es el conocimiento Gnóstico para los planes del demiurgo. El ocultamiento de la Verdad forma parte del plan orquestado para que los hombres no puedan despertar y menos rebelarse. Se trata que los seres humanos permanezcan confundidos, engañados y adormecidos, para que nunca lleguen a advertir quiénes son realmente y en qué situación se encuentran. Se procura que nunca conozcan la verdad de lo que ha ocurrido,
ni en qué consiste su presente, ni cuál será su futuro. Se pretende que ningún hombre pueda jamás conocer las respuestas correctas a las tres preguntas fundamentales: ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué debo hacer?

Pero la Verdad nunca desaparece. Perseguida y ocultada siempre pugnará por salir a la luz. Lo peor que puede hacerse con la Verdad es prohibirla. Se producirá el efecto contrario: resurgirá con mayor fuerza y violencia. ¿Qué es lo primero que habría que ocultar? En primer lugar, sería necesario eliminar la idea de que más allá del demiurgo ineficiente hay otro Dios, superior a él e infinitamente perfecto.

Para poder oscurecer esta parte de la Verdad Gnóstica se ha inventado la idea de que el dios creador y el Dios Incognoscible son la misma cosa, que juntos forman el único dios que existe: el demiurgo, creador del cielo y de la tierra.

En los comienzos del cristianismo, el gran maestro Gnóstico Marción lo dijo bien claro: “el dios del antiguo testamento no es el Dios del nuevo testamento. Son dos dioses diferentes. El primero es un dios que aplica la ley y castiga, mientras que el otro es un Dios de amor que siempre perdona. Ambos son inconciliables”. ¿Qué puede hacerse para ocultar esta afirmación? Fue Origenes a quien se le ocurrió la brillante idea: “No existen dos dioses diferentes, uno justo y el otro bueno. Es el mismo Dios, y es justo y es bueno”. Esta fue la manera en que el demiurgo vino a ser bueno y perfecto. En segundo lugar, ha quedado eliminado también, de esta forma, la diferencia entre el mundo incognoscible y el mundo creado. Todo aquel que se refiera a la existencia de los dos reinos irreconciliables, será tachado despectivamente de “dualista”, como si describir la realidad tal cual es fuera algo malo. Los conspiradores redujeron todo a un solo reino: el reino del demiurgo. En tercer lugar, si el demiurgo es bueno y perfecto ¿A quién podemos echarle la culpa de todo el mal que hay en el mundo? Si los atributos divinos del Dios Incognoscible han sido trasladados al demiurgo ¿Qué hacer con los atributos demiúrgicos de maldad e ineptitud, de plagio y de mentira? Por eso se recurrió al invento de que el demiurgo no es
satanás, satanás es otro. El demiurgo se ha vuelto bueno y perfecto, ha sido despojado de sus rasgos satánicos. Todo lo malo proviene ahora de ese nuevo satanás que es exterior a él. Lo malo del demiurgo ha sido llevado afuera, a un satanás diferente del creador. Ahora es a este nuevo satanás a quien le gusta la sangre, el olor de la carne quemada, los esclavos, las guerras, los rituales, los sacrificios, las conspiraciones y los genocidios. Ahora es a este nuevo satanás a quien le agrada que los hombres se postren ante él y lo adoren, y que hagan alianzas o pactos de sangre con él, a cambio de poderes o riquezas terrenales. Es fácil descubrir que todas las características que satanás tiene hoy, han sido tomadas del dios creador de la biblia.
Entonces tenemos esto: el Dios Incognoscible no existe, sus atributos han sido trasladados al demiurgo, y los atributos del demiurgo han sido trasladados a un satanás exterior a él. ¿Qué falta ahora en esta gran conspiración, en esta gran estafa? Falta encontrar a alguien a quien podamos
transformar en ese satanás. Debe ser alguien a quien le tengamos mucho odio, pues la figura de satanás es lo más abyecto que pueda concebirse. En cuarto lugar, así surgió la ocurrencia brillante de esta conspiración: a alguien se le ocurrió que lo más apropiado sería divulgar que ese satanás maligno no es otro que Lucifer. De esta manera, no solo el demiurgo fue “limpiado” de su naturaleza satánica, sino que fue absolutamente distorsionada la figura de Lucifer. El Ángel de Luz, enviado por el Dios Incognoscible para salvar a los hombres, vendría a transformarse en un monstruo cuya función es la de mantenerlos esclavizados. Genial ocurrencia de los representantes del demiurgo en la Tierra y oportuna venganza contra Lucifer, el enemigo eterno del satanás verdadero.

De dos entidades opuestas e irreconciliables, el dios creador y el Dios Incognoscible, han hecho una sola: el demiurgo “bueno y único”. De los dos mundos opuestos e irreconciliables han hecho uno solo, que es “bueno”: el del demiurgo. De igual forma han procedido con las otras dos entidades opuestas e irreconciliables: Lucifer y satanás, el Enviado del Dios Verdadero y el satanás creador de la materia y del tiempo. Los han transformado en una sola entidad: el “Lucifer satánico”. Así conspiran contra la verdad los charlatanes del demiurgo.

Hasta el día de hoy persiste esta creencia de que satanás y Lucifer son una y la misma cosa, a quien también llaman diablo. En el Nuevo Testamento, ya se encuentra establecido que Lucifer es igual a satán (Lucas, X.18) (2 Corintios, XI.14). Incluso Monseñor Meurin, en su obra que hemos
citado incurre en esta misma confusión: denomina al demiurgo “Jehová-Lucifer” y no “Jehová-Satanás”, como hubiera sido lo correcto en su línea de razonamiento. Y si Meurin, un teólogo tan renombrado dentro del catolicismo romano cometió este error, ¿Qué podemos esperar del
hombre común?
En quinto lugar, tenemos el gran plagio que dió origen al cristianismo y a su personaje ficticio: Jesucristo. A Kristos Lucifer, el Enviado del Dios Incognoscible, lo cambiaron por “Cristo Jesús”, el enviado del demiurgo. Plagiaron un suceso real para inventar un suceso falso.
Lucifer vino a traer la Gnosis para despertar y liberar a los hombres, mientras que Jesucristo solo vino a hacer cumplir la ley de su “padre”, el demiurgo Jehová.

En sexto lugar, ¿Qué puede hacerse para tergiversar la idea Gnóstica de que este mundo creado es el infierno y que el cielo es el plano del Dios Incognoscible? Los conspiradores elucubraron lo siguiente: afirmaron que este mundo no es el infierno, el infierno está afuera, lejos de aquí. El
infierno sería un lugar de castigos para quienes desobedezcan al demiurgo, durante su vida aquí en la Tierra. ¿Y qué características tendría ese infierno? A alguien se le ocurrió que las características propias del mundo incognoscible podrían servir muy bien como escenario para este nuevo infierno. Si Lucifer, el Portador de Luz, un ser de fuego a quien se representa envuelto en llamas, es satanás, entonces podemos decir que este infierno sería un lugar lleno de fuego. Un lugar donde son quemados los “pecadores”.
Según los Gnósticos, el reino incognoscible es efectivamente un fuego antimateria que aborrece esta creación impura y si pudiera la aniquilaría, pero para ellos ese fuego es algo bueno y deseable, nada satánico.
En séptimo lugar, el Espíritu fue otra de las cosas que consideraron importante eliminar, o al menos deformarla hasta tornarla irreconocible. Los representantes del demiurgo en la Tierra no podían permitir que, después de todo lo adulterado, persistiera la creencia de que hay algo increado y divino dentro del hombre. Había que eliminar al Espíritu también.

Ya vimos que para los Gnósticos el hombre está compuesto de tres partes: cuerpo, alma y Espíritu. El cuerpo y el alma han sido creados por el demiurgo, mientras que el Espíritu ha sido capturado del plano de lo increado y eterno, y no pertenece a esta esfera de creación. El alma y el Espíritu, las dos entidades no visibles para el ojo humano común, son perfectamente opuestas e irreconciliables. El alma ha sido creada por el demiurgo, es lo que da vida al cuerpo, lo que lo anima, lo anímico. El alma solo ansía unirse a su creador, fusionarse con él. El Espíritu, por el contrario, es un prisionero en este mundo extraño que no le pertenece y que para Él es un infierno. Él sólo desea liberarse y volver al mundo incognoscible de donde proviene.

Para el Espíritu, el cuerpo y el alma son tan horribles como la materia y el tiempo. Para el demiurgo y su creación, es necesario y fundamental que el Espíritu permanezca amarrado al alma del hombre. Su proyecto evolutivo no puede prescindir de los Espíritus encadenados a la materia. Pero una cosa es importante: el demiurgo desea que esto permanezca en secreto, que los hombres jamás puedan advertir que poseen en su interior una chispa increada robada del otro mundo. Entonces, para eliminar la idea Gnóstica de Espíritu, los agentes del demiurgo en la Tierra tuvieron esta ingeniosa ocurrencia: de las dos entidades, opuestas e irreconciliables, harían una sola. Del Espíritu tomarían todas sus características divinas de perfección y pureza. Sólo omitirían su aspecto increado, pues si los hombres descubrieran que tienen algo increado en su interior comenzarían a hacer preguntas, y eso no es bueno. Todas las virtudes del Espíritu serían trasladadas al alma, que así, de satánica pasaría a ser perfecta. Ya no volvería a hablarse más del Espíritu increado.

Ahora quedaría sólo una entidad en el cuerpo humano: “el alma divina y perfecta creada por Dios”. Hemos dicho que en los comienzos del cristianismo, los primeros teólogos cristianos, San Agustín entre otros, se referían siempre al cuerpo, alma y Espíritu del hombre.
Pero con el paso de los años esto fue desapareciendo. El Espíritu se fue transformando, primero en “intelecto”, luego en sinónimo de alma, hasta que un buen día se decidió eliminar por completo al Espíritu como parte constituyente del ser humano, quedando sólo cuerpo y alma. La conspiración tuvo éxito: se logró que los hombres se olviden del Espíritu.
Y no sólo en el cristianismo, en todas las religiones del demiurgo se habla exclusivamente de cuerpo y alma como los únicos constituyentes del hombre.

No sólo se ha logrado eliminar la idea de algo increado dentro del hombre, sino también la idea de que hay un prisionero injustamente encerrado dentro de él. Es mejor que nadie sepa por qué ha sido aprisionado el Espíritu, pues los hombres comenzarían a preguntarse cosas y hasta algunos podrían llegar a despertar. Es mejor que continúen con su ceguera, hablando de temas menos peligrosos como el fútbol o el sexo.

En octavo lugar, para distorsionar la afirmación Gnóstica de que esta creación es imperfecta debido a que el creador es un ser imperfecto, los conspiradores debieron aguzar aún más su ingenio satánico. La imperfección de todas las cosas de este mundo es algo tan evidente y palpable que es imposible de negar. Por más idiotizados que estén los hombres, jamás admitirán que este mundo es un paraíso. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo justificar que “un demiurgo perfecto” haya creado semejante adefesio? Además, los Gnósticos oponían a la creación errónea, realizada por un demiurgo plagiador e ineficiente, el reino increado y eterno del Dios Verdadero. ¿Cómo hacer para eliminar estas peligrosas ideas? Se les ocurrió una solución que aboliría la idea del mundo increado y perfecto, a la vez que daría por tierra con estas sospechas de un demiurgo inexperto creador del mundo. Esta solución sería útil también para justificar lo inocultable: la impureza e imperfección del mundo creado. ¿Qué engaño pergeñaron esta vez? Ahora lo veremos. Todos los atributos que caracterizan al reino del Dios Incognoscible fueron trasladados a la creación del demiurgo, pero no a esta sino a otra anterior. A una supuesta creación del demiurgo que era, esa sí, perfecta y pura. O sea que el demiurgo, que ha devenido perfecto, además ha sido capaz de crear un mundo perfecto y puro. Hasta aquí, notamos que ya no hay lugar para el Dios Incognoscible y su reino, a la vez que el demiurgo devenido perfecto realiza
obras perfectas. Pero ¿Qué ocurrió para que toda esa creación perfecta se haya convertido en algo tan imperfecto como lo es ahora? Aquí está la genialidad de los apóstoles del engaño: la creación se volvió impura e imperfecta por culpa del hombre. El creador, un ser perfecto, hizo perfecto al mundo, pero el hombre lo arruinó. El paraíso era perfecto, pero el hombre y la Serpiente Lucifer destruyeron esa perfección, “cayendo” con ella.

Tenemos entonces un creador perfecto y bueno que realizó una obra buena y perfecta. Toda su creación, la materia, el tiempo, el hombre, eran buenos. El paraíso era un lugar perfecto y el hombre vivía felíz allí. Todo esto cayó y se degradó por culpa de la desobediencia del hombre.
Afirmar que el hombre tiene la culpa del “pecado original” y de la “caída”, ha sido una de las más burdas ocurrencias concebidas en contra del Espíritu y del Dios Verdadero.
¡Se lo ha responsabilizado al hombre por la ineptitud del creador y las deficiencias de su obra!
Ya vimos que en el paraíso el hombre no era más que un siervo ignorante. Ignoraba todo acerca de sí mismo y de su creador, como parece ignorarlo todavía. No sabía que existía otro Dios, inmensamente superior al dios creador. No sabía que más allá de su cuerpo y de su alma tenía aprisionado un Espíritu. No lo sabía hasta que despertó y pudo rebelarse.
Para la Gnosis, el único “pecado original” que existió fue el rebelarse. Para la Gnosis, el único “pecado original” que existió fue el cometido por el demiurgo al encadenar Espíritus Eternos al alma perecedera del hombre. Para la Gnosis, la única “caída” que existió, propiciada por el demiurgo, fue la caída de los Espíritus en el mundo infernal de la materia.

Hemos pasado revista a los ocho principales ocultamientos y tergiversaciones, realizadas contra la Gnosis por los sirvientes del demiurgo en la Tierra. Ahora veremos los medios de que se valen estos conspiradores para imponer mejor sus falsificaciones. El objetivo es barrer con todo conocimiento que se refiera a lo increado, al despertar del hombre, a la liberación de los Espíritus y a la rebelión contra el demiurgo. Ese conocimiento increado es la Gnosis, absolutamente peligrosa para la Dictadura Universal Satánica. Se pretende eliminar el saber Gnóstico porque es la máxima amenaza contra el demiurgo y su obra. Su divisa es la siguiente: debe ser destruido todo lo que se oponga al sistema creado por el demiurgo, y lo que no pueda ser eliminado debe ser distorsionado y corrompido hasta tornarlo irreconocible. Stalin, agente del demiurgo, decía: “si no puedes estrangular a tu enemigo, abrázalo”. Así operan contra la Gnosis los agentes correctores del demiurgo. Si no se puede prohibir algo se lo abraza, se lo rodea para asfixiarlo, transformándolo en algo inofensivo. Y no sólo inofensivo, el conocimiento así neutralizado y transformado muchas veces es puesto a trabajar al servicio del demiurgo mismo. Es el caso de las religiones que en sus inicios fueron revolucionarias y opuestas al demiurgo, las cuales luego de infiltradas y deformadas fueron puestas a su servicio, convirtiéndose cada una de ellas en una religión demiúrgica más. Es el caso, por ejemplo, del cristianismo, budismo y tantrismo, entre otras. Fueron convertidas en religiones perfectamente opuestas a lo que fueron en sus comienzos.
Se trata de que ningún conocimiento pueda quedar fuera del control dictatorial del demiurgo. Se procura que ningún elemento proveniente del mundo increado pueda poner en peligro la obra y los planes del demiurgo.
Algo que continúa haciéndose es quemar los libros peligrosos. Por supuesto que esto es realizado ahora en secreto. Los tiempos han cambiado y en las dictaduras “democráticas” modernas la destrucción de libros es llevada a cabo subrepticiamente. Ya no se los quema en público, ahora los libros son comprados individualmente y entregados a algún agente o autoridad religiosa que procederá a destruirlos. Cuando es posible, se compran ediciones enteras con ese fin, y lo mismo hacen con los derechos de autor. Hay otros métodos, pero sólo describo lo que he podido comprobar fehacientemente. Poseo un amplio listado de libros y autores que han corrido con esta suerte, los cuales no figuran en los listados “oficiales” de libros perseguidos o desaparecidos.
También se suele perseguir o castigar a los autores de estos libros. Es muy común que sean amenazados, acorralados o perseguidos de diversas formas. Son frecuentes los robos de manuscritos, conozco varios de estos casos, sabotajes durante la impresión, etc. Por escribir libros opuestos al sistema demiúrgico muchos autores han sido desprestigiados, encarcelados o encerrados en manicomios, y no sólo en los países comunistas, pues en las dictaduras “democráticas” sucede lo mismo.
Muchos autores recalcitrantes han muerto misteriosamente, de enfermedades o accidentes extraños, nunca exhaustivamente investigados. Actualmente, los escuadrones de exterminio del demiurgo disponen de medios inmensamente eficaces para disfrazar sus homicidios. Tal ha sido
generalmente el destino de los grandes rebeldes y opositores al demiurgo y su obra. En este mundo creado, el demiurgo y sus agentes tienen todas las de ganar, pues este es su reino: el reino del demiurgo. Este reino es para el Gnóstico todo lo contrario: el campo enemigo donde él
debe actuar. Todo, absolutamente todo lo creado estará contra él. La guerra del Gnóstico, por lo tanto, deberá ser de la misma manera: total.
Tomemos el caso de Mani, el gran maestro Gnóstico fundador de la religión maniquea, a la que San Agustín perteneció durante nueve años. Mani existió realmente, no se trata de un personaje ficticio de una religión demiúrgica más. Temiendo que sus enseñanzas fueran distorsionadas, Mani escribió varias obras, las cuales fueron perseguidas y destruidas u ocultadas durante siglos. Cuando se creían perdidas para siempre, fue encontrada toda una biblioteca maniquea en China, en el siglo XX. Eso fue un milagro como el de Nag Hammadi. Estuvieron ocultas casi mil quinientos años. Mani, quien jamás renunció a su prédica, fue perseguido, encarcelado y torturado hasta la muerte por sacerdotes del demiurgo en la antigua Persia. Una versión dice que Mani fue despellejado vivo. Le arrancaron la piel y la rellenaron con paja para ser exhibida en las puertas de la ciudad, como advertencia para los enemigos del dios creador. Otra versión sostiene que Mani fue despellejado después de muerto. Fuertemente inmovilizado con cadenas, vivió veintiséis días de intensos sufrimientos y murió. Por todo esto se habla de la “crucifixión de Mani”. Así como el demiurgo encadena a los Espíritus, así los sirvientes del demiurgo encadenaron a Mani. Pero Mani no era un hombre común, Mani fue un liberado en vida. La tortura y la muerte no pueden afectar a quienes han realizado su Espíritu, al contrario, les producen risa.
Tomemos otro caso entre muchos, el de Zenón de Elea. Encarcelado y amarrado, durante las torturas a que era sometido, Zenón le dijo al torturador: “Acércate y te diré al oído todo lo que quieres saber”. Cuando el torturador se acercó, Zenón le arrancó la oreja con los dientes. El torturador, enloquecido, le dijo que le aplicaría torturas aún más fuertes hasta obligarlo a renunciar a sus concepciones. La respuesta de Zenón fue la siguiente: se cortó la lengua con
sus dientes y la arrojó a los pies del torturador. ¡Cómo pudo llegarse a creer que a un hombre como Zenón, realizado en su Espíritu, podría importarle lo que pudiera sucederle a su cuerpo y a su alma! Ese torturador, para Zenón sólo pudo haber sido un pobre payaso. La tortura y la muerte antes de retractarse, así son los Guerreros del Espíritu.

En la gigantesca dictadura del demiurgo y sus secuaces, hay otro tipo de amenazas: los castigos propinados por el mismo demiurgo. Los libros sagrados de las religiones del demiurgo están llenos de estas advertencias: el castigo de Adán y Eva, el diluvio universal, Sodoma y Gomorra, la
torre de Babel, las plagas de Egipto y muchas más. ¿Para qué sirven los castigos, además de eliminar opositores? ¿Por qué tantas amenazas y advertencias? La respuesta es simple: para infundir miedo. El miedo al castigo hace que los esclavos trabajen mejor y renuncien a escapar. Un esclavo con miedo es más obediente y sumiso. El miedo al castigo es el medio que utiliza el demiurgo para hacer que los hombres transcurran su existencia sometidos a él, obedeciendo sus mandamientos. Para el demiurgo, el mejor esclavo es el que le teme y obedece mejor. El desea que sus esclavos desperdicien sus vidas trabajando para su causa, pensando que cuando mueran “van a ir al cielo”. Ese es el esclavo perfecto para el demiurgo. El desea que los hombres envejezcan sin rebelarse, sin despertar, sin liberar su Espíritu. Para eso es el miedo y para eso la conspiración: para que nadie pueda hallar nunca el Camino de la Liberación y del Retorno. En la dictadura del demiurgo, los hombres solo tienen libertad para elegir entre varias cosas iguales. Entre varias cosas que son la misma cosa, pero con disfraces diferentes. Hay libertad de pensamiento siempre que no se contradiga el “pensamiento políticamente correcto”, impuesto por los representantes del demiurgo.
Tenemos el caso de las religiones. Parecen todas diferentes, pero no lo son. Son la misma cosa, sólo son diferentes sus apariencias. Su dios es el mismo: el creador del mundo. Lo llamen Brahma, Baal, Yahvé, Jehová, Moloch, Dios Padre o Alá, es siempre el mismo: el demiurgo. Se pretende dar una falsa impresión de diversidad, para que el hombre dormido crea que hay una variedad de caminos, con destinos diferentes y libertad para elegir entre ellos. Incluso hay hombres que se trasladan de una religión a otra, creyendo que con ello hacen un gran cambio.
A René Guenón, por ejemplo, le llevó años de estudio y meditación tomar la decisión de abandonar el cristianismo para ingresar en la masonería y el martinismo, para luego renunciar a todo eso y convertirse en musulmán. Él creyó dar saltos inmensos con esos cambios, pero lo único que hizo fue dar vueltas en círculo dentro de su laberinto. Su búsqueda no sirvió de nada. Y si Guenón, erudito en estos temas, tuvo semejante confusión, ya pueden imaginar lo que será en el hombre común. El caso de San Agustín es más patético todavía. Perteneciendo al maniqueísmo en calidad de oyente, y a punto de conocer personalmente a Mani, resolvió abandonar todo y convertirse al cristianismo. Con su apostasía, Agustín rechazó al Incognoscible y al Espíritu, optando por el demiurgo y por el alma. Se opuso al radical ascetismo maniqueo, para encolumnarse tras la nueva religión, mundana e imperial, de Constantino: el cristianismo.

Hay personas medianamente despiertas que, temerosas de pasar su vida durmiendo, buscan desesperadamente una salida en el laberinto en que están inmersas. Por desgracia, la mayoría ignora que las opciones que aparecen ante sus ojos son la misma cosa, sólo que con ropajes diferentes. El objetivo de todo esto es que nunca puedan encontrar la salida,
que nunca puedan darse cuenta que las religiones, como los partidos políticos, son la misma cosa con diferentes rostros, todas bajo el control del demiurgo.
El Dalai Lama dijo hace unos años que no debería haber una sola religión, sino un “supermercado de religiones”. Es esta la mejor manera de hacer que los hombres crean que están rodeados de una diversidad de opciones diferentes, y que cuando eligen obtienen algo que es distinto al resto.
La finalidad de estas religiones es mantener al hombre adormecido, conduciéndolo a ciegas hacia el matadero final: su fusión con el demiurgo.

martes, 23 de agosto de 2016

LA RELIGIÓN PROHIBIDA (7)


12. LA SERPIENTE DE LA SALVACION

Hemos dicho que, según la interpretación Gnóstica del Génesis, el dios creador había aprisionado a Adán y Eva en ¡un mundo de miseria y los había dotado de un alma servil.

Dice la biblia que después de comer el fruto prohibido Adán y Eva se escondieron, avergonzados por la falta cometida. Dios llegó al paraíso y llamó a Adán con estas palabras: “¿Dónde estás?”. Dios parece comportarse como un amo llamando a su sirviente. Al no encontrarlo parece decir “¿Dónde estás? ¿Dónde te has metido? ¿Qué has hecho? ¿Qué pasa que no estás aquí trabajando?”. Este dios creador los ha creado a Adán y Eva incapaces de distinguir entre el bien y el mal, entre el reino de lo increado y el reino de lo creado. También los creó ignorantes
de su origen y su destino.

¿Por qué los había creado así? Según la Gnosis, no quería el creador que los hombres conocieran su verdadero origen. Este mundo ha sido creado contra la voluntad del Dios Incognoscible y el creador no quiere que los hombres sepan esas cosas. No quiere que se den cuenta en qué situación Espiritual se hallan, quiénes son, para qué han sido creados. Quiere que permanezcan en la ignorancia. Por eso les prohibió comer el fruto del árbol del conocimiento. Porque “se abrirían sus ojos”, despertarían y se percatarían de quiénes son y de dónde vienen, en qué situación están y qué deben hacer. Advertirían que el Edén no era un paraíso, sino todo lo contrario.

En la descripción que hace el Padre León Meurin en su libro “La franc-maçonnerie”, cuando comenta las interpretaciones Gnósticas sobre el paraíso terrenal y la Serpiente del Génesis, se encuentran estas ideas: Jehová no quiere que el hombre conozca su origen y su alto destino. Le ha
prohibido todo contacto con el mundo superior. Quiere que el hombre lo refleje a él, al creador y no al Dios Supremo.

Pero el hombre despertó, se hizo conocedor del bien y del mal. ¿Cómo logró eso?, la Serpiente tentadora del Edén le dió a comer el fruto prohibido que abrió sus ojos. Según los Gnósticos esta Serpiente es Lucifer, el que trae la Luz. Lucifer significa eso: Portador de Luz. Lucifer tomó la
forma de una serpiente para despertar a los hombres. Es un Enviado del Dios Supremo, del Dios Incognoscible. Es un Enviado del Dios Verdadero que penetró en este mundo de miseria, imperfecto y deficiente, para despertar y liberar al hombre, para mostrarle cuál es su verdadera situación y cuál puede ser su alto destino. Por esta razón los hombres que siguen los mandamientos del dios creador ven a la serpiente como algo maligno y satánico, y en medio de su gran confusión la equiparan a satanás.

Por el contrario, los Gnósticos ven a la Serpiente Lucifer como salvadora. Como alguien que vino a salvar a los hombres, como un Enviado del Dios Verdadero. Esta Serpiente iluminadora que trae la Gnosis, la verdad Gnóstica que permite descubrir lo auténtico y verdadero en este mundo de confusión, ha venido a liberar al hombre.

Lucifer es el verdadero liberador del hombre. Ha venido a liberar al hombre de la tiranía de Yahvé, de la tiranía del dios creador. Les ha traído a los hombres el conocimiento verdadero capaz de liberarlos, el conocimiento que por sí solo libera, que puede ayudar al hombre a salir de este
mundo satánico, a regresar al mundo de donde proviene.

Esta Serpiente es, para los Gnósticos, la Serpiente de la Salvación, la Serpiente que ha abierto los ojos de los hombres, que les ha ofrecido la manzana de la emancipación, para ayudarlos a despertar y liberarse de este mundo de miseria y materia impura.

El creador quiso hacer al hombre como a los demás seres vivos, incapaz de distinguir entre el bien y el mal, y por la acción de la Serpiente se ha despertado y liberado.

Indudablemente, dicen los Gnósticos, este conocimiento, esta Gnosis que la Serpiente Lucifer ha traído a los hombres, ha producido un gran disturbio cósmico en la creación.

Así es de poderoso este conocimiento. La Gnosis produce cambios en quien la recibe, en quien la escucha, porque no es un conocimiento común y corriente, es un conocimiento
que libera.

Hay un interesante libro cuyo título es “Atheism in Christianity”, escrito por Ernst Bloch, que nos ofrece una buena síntesis de todo este aspecto del pensamiento Gnóstico, el aspecto relacionado con la Serpiente liberadora como Enviada del Dios Verdadero.

Los Gnósticos de épocas posteriores, en los orígenes del cristianismo, lo que se dió en llamar Gnósticos Cristianos o Cristianos Gnósticos, percibieron a Cristo como la Serpiente del Génesis. Esto fue así porque Cristo, mucho después de los sucesos del paraíso terrenal, al igual que la Serpiente vino a traer un mensaje liberador. Un mensaje que libera de este mundo impuro a los hombres. Según estos Gnósticos Cristianos, se trató de un conocimiento capaz de poner a los hombres en contacto con el otro mundo, opuesto al del demiurgo: el mundo incognoscible del Dios Verdadero.

A Cristo, portador de ese mensaje, de esa Gnosis, se lo ha equiparado a la Serpiente del Génesis, quien vuelve por segunda vez a la Tierra para ayudar nuevamente a la humanidad. En la primera venida fue la Serpiente Lucifer y en la segunda fue el Cristo Lucifer. Según la Gnosis Cristiana,
cuando Cristo vino al mundo lo hizo por segunda vez, pues la primera fue en el paraíso terrenal. En ambas se trató en realidad de Lucifer, el Enviado del Incognoscible. En ambas su mensaje fue el mismo: la Gnosis que perturba, que produce cambios, que despierta y libera a quien la escucha. 

Para los Gnósticos Cristianos la Serpiente es Cristo, el Salvador que vino dos veces a este mundo. Hay un diagrama Gnóstico, en el que se ve una serpiente crucificada, clavada en una cruz, lo cual demuestra todavía más la identidad Gnóstica entre la Serpiente del Génesis y Cristo. Hay mitos que afirman que la cruz en la que Cristo fue crucificado fue hecha con la madera del árbol del conocimiento del bien y del mal. Debemos aclarar que nos estamos refiriendo a la gnosis judeocristiana, que es una deformación de la Gnosis Primordial. Hubo una época en que todo este conocimiento estaba escrito y se transmitía. Pero ese período duró hasta la “conversión” de Constantino y el fortalecimiento de la iglesia de Roma como religión oficial del Imperio Romano. 

Desde ese momento los libros y documentos de la Gnosis fueron prohibidos, perseguidos y destruidos. Es muy poco lo que ha quedado de ellos. Origenes, por ejemplo, describió un diagrama Gnóstico en el cual se ve claramente una serpiente que divide los dos mundos, el mundo creado y el mundo increado. Aunque a nadie le agrada este dualismo de los dos mundos, así es la realidad y hay que aceptarla. El Gnóstico sabe que hay otro mundo sumamente perfecto, un mundo que no tiene nada que ver con éste. Origenes pudo tener acceso a esos diagramas y libros Gnósticos, a toda esa información, para después criticarlos, como también lo hicieron San Agustín, Tertuliano, Hipólito, Ireneo de Lyon, Epifanio y muchos otros.

Pero ahora, la mayoría de los textos Gnósticos originales no existen, han sido destruidos. Estos críticos de la Gnosis distorsionaron toda la información de los textos Gnósticos originales, poniendo frases fuera de contexto para ridiculizarlas mejor, entre otras estratagemas. Pero nada de eso importa ya. La Gnosis Primordial está siempre presente, aunque muchos no lo adviertan. En las distintas oportunidades en que apareció abiertamente en el mundo se trató siempre de la misma Gnosis, aunque con diferentes connotaciones históricas y culturales. Aunque prohibida y
perseguida, la Gnosis nunca desapareció y no desaparecerá jamás. Permanece siempre al alcance de quien la merezca. Cuanto más se la persigue más se fortalece. Además del libro de Bloch, hay otros libros también interesantes que hacen una descripción de estos aspectos de la antigua Gnosis, en lo que se refiere a la Serpiente salvadora del Edén. Uno de ellos es “Adán, le dieu rouge”, de Robert Ambelain y otro es “Gnostics and their Remains”, de C.W. King, este último escrito en el siglo XIX.

Hay un dato muy interesante sobre la Serpiente del Génesis en el libro “Refutación contra todas las herejías”, escrito por Hipólito, gran perseguidor de Gnósticos. En este libro, Hipólito comenta y critica unas palabras de Celso, que para él son horrorosas. Se trata del fragmento de Celso en que éste sostiene, refiriéndose a los sucesos del paraíso terrenal, que así como el creador maldijo a la Serpiente cuando esta echó a perder sus planes y le arruinó su obra, así debe ser maldecido el creador por cada hombre que haya despertado. Así como el creador maldijo a la Serpiente de la Salvación, así será maldecido el creador mientras exista, por cada Espíritu liberado de sus garras. Hipólito observa horrorizado que, si bien sabía que los Gnósticos equiparaban al dios creador con
satanás, nunca había imaginado que también lo maldicieran. En efecto, en los pocos libros Gnósticos salvados de las llamas, vemos que el dios creador es llamado a veces satanás.
La tradición Gnóstica se refiere al demiurgo como“satanás, el creador del mundo y del hombre”, “satanás y sus demonios, creadores del mundo”, y cosas por el estilo.

lunes, 22 de agosto de 2016

LA RELIGIÓN PROHIBIDA (6)


9. TRES TIPOS DE HOMBRES
Dijimos que el ser humano está compuesto de cuerpo, alma y Espíritu.Tendremos así tres diferentes tipos de
hombres según predomine en cada uno de ellos la influencia del cuerpo, del alma, o del Espíritu. Desde la antigüedad, la Gnosis dividía a los hombres de esta forma, en físicos, psíquicos y Espirituales. San Pablo también los denominaba así. Los cátaros, por ejemplo, clasificaban a los hombres también en tres clases: hílicos o terrestres, en los cuales predominaba el cuerpo, psíquicos en los cuales predominaba el alma y pneumáticos o espirituales si predominaba el Espíritu.
En una de las obras Gnósticas encontradas en Nag Hammadi, llamada “Tratado Tripartito”, encontramos la
misma diferenciación de los hombres en materiales, psíquicos y espirituales. Julius Evola, en su libro sobre el yoga tántrico, basándose en tradiciones de la antigua India clasifica a los hombres en tres tipos, los cuales tienen las mismas características que estamos viendo: pasú, vira y divya. Pasú significa animal y se refiere al animal-hombre, en quien predominan el cuerpo y los instintos. El vira es el guerrero que lucha por despertar. Está más o menos confundido, pero lucha para liberarse de este mundo material y realizar su Espíritu. Por ultimo el divya, el tercer tipo de hombre en el cual su Espíritu ya ha sido liberado e impera absolutamente. Constituye el hombre perfecto en esta clasificación.

10. SATANAS, OPRESOR
El hombre en su estado normal está sumido en la confusión, adormecido, no sabe quien es, ni de donde viene, ni que destino le espera. No sabe qué debe hacer, está en un estado de confusión, como entre brumas, semidormido. Cuando hablábamos del creador del mundo, dijimos que para los Gnósticos el creador, el demiurgo, el creador de la materia, del universo y del hombre, es equiparado a la figura de satán, pues la materia es satánica, toda la creación es satánica, el creador es un ser satánico. Este creador es opresor del hombre. Desde que creó al hombre, lo obligó acumplir sus mandatos, a obedecer sus preceptos, sus mandamientos. Este creador desea ser obedecido por el hombre, además de admirado, temido, adorado a través de sacrificios y rituales. Quiere imponer al hombre sus leyes opresivas. Quiere que el hombre le obedezca y que renuncie a sus deseos, que muchas veces son los deseos de su Espíritu, de ese Yo Espiritual que, aunque los seres humanos lo ignoren, llevan adentro. El creador, según la Gnosis, tiene un proyecto para su creación, por algo ha creado el universo y ha colocado en él al hombre. Tiene un plan para
llevar adelante y para ello necesita del hombre. Pero necesita que el hombre actúe de acuerdo a los mandamientos de él, su creador, y no según los deseos del Espíritu. El demiurgo no permite la manifestación del Espíritu, encadenado al alma del hombre. Desea que el hombre actúe con el alma y no con el Espíritu. Para eso es necesario oprimirlo al hombre, asustarlo, preocuparlo. Es un dios enteramente opresor de sus criaturas.

11. LUCIFER, LIBERADOR
Según los mitos Gnósticos, Lucifer es el Enviado del Dios Incognoscible. Habíamos dicho que este Dios, el más grande, inalcanzable e incognoscible, no puede penetrar en este universo limitado de materia impura y satánica. Pero puede enviar a alguien, a Lucifer, según estos mitos. Solo con un supremo sacrificio puede un ser de fuego antimateria, inmensamente Espiritual, puro, penetrar en el terreno infernal de este universo.

Según las leyendas y mitos Gnósticos, el gran Dios Incognoscible envió a Lucifer,ángel de fuego y de luz inefables, para iluminar a los hombres, para ayudarlos a despertar y a conocer su verdadero origen, el origen de su Espíritu, perversamente aprisionado en esa materia impura llamada cuerpo-alma. Es un ser increado, que ha venido al mundo creado a traer la Luz: la Gnosis liberadora. El conocimiento salvador capaz de despertar a los hombres y ayudarlos a liberar a sus Espíritus cautivos. El conocimiento apropiado para que el hombre pueda conocer quién es, por qué está aquí en este mundo y qué debe hacer para liberarse y realizar su Espíritu, el cual pertenece a otro plano, increado e incognoscible. Lucifer vino al mundo a despertar al hombre, hemos dicho, a ayudarlo a recordar su origen divino, el origen divino de su Espíritu, a ayudarlo a liberarse del cuerpoalma que lo aprisiona y a liberarse del tiempo y de la materia creados.

Sostienen los Gnósticos que el mito bíblico de la creación puede ser interpretado de la siguiente manera: el satanás creador del mundo aprisionó a Adán y a Eva en su mundo de miseria, y Lucifer, tomando la forma de una serpiente, les ofreció el fruto prohibido de la Gnosis salvadora y les demostró que el creador les engañaba. Efectivamente, el creador había dicho al hombre: “…del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás, porque en el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Por su lado, dijo la Serpiente: “Morir, no moriréis; antes bien, sabe Dios que en el día que comiereis de él, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”. Continúa la biblia: “Y se abrieron los ojos de ambos”. No dice “murieron ambos”, dice “se abrieron los ojos de ambos”, tal como lo había anunciado la Serpiente. Más adelante, dice el creador: “He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de Nosotros, conociendo el bien y el mal”. El creador mintió, dijo que el hombre moriría si comía el fruto, y el hombre no murió. La Serpiente dijo la verdad. El creador mismo termina dándole la razón. Precisamente, los Gnósticos adjudican al demiurgo las características de mentiroso, además de plagiador. Para ellos, la creación entera es un intento fallido del demiurgo de imitar al mundo incognoscible. Asimismo, sostienen que la misma biblia es un plagio completo, basado en escritos anteriores de Babilonia y Egipto, principalmente.

Esta Serpiente Lucifer es el liberador del hombre y del mundo, según la Gnosis. Es la sabiduría, la Gnosis liberadora que despierta y salva al hombre. Por supuesto que este Enviado del Dios Incognoscible, Lucifer, es un opositor un enemigo del creador del mundo. Según los Gnósticos, el creador quiere mantener cautivo
al hombre en esta esfera limitada, inferior e impura.

También le ha prohibido al hombre contactarse con el mundo superior, representado en el mito bíblico por el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero Lucifer, el Ángel de Luz, que con gran sacrificio descendió a este infierno satánico para dar a los hombres el fruto prohibido de la Gnosis, les ha abierto los ojos para que recuerden su origen divino y su superioridad con respecto al creador.

Antes de la llegada de la Serpiente al paraíso, afirman losGnósticos, el hombre se hallaba en un estado de desconocimiento y de ceguera con respecto a su verdadera situación. Sostienen que Adán y Eva se encontraban en un estado de servidumbre, hasta que la Serpiente Lucifer les abrió los ojos dándoles a comer el fruto del conocimiento, que les hizo recordar su origen divino y percatarse de la situación
en que se hallaban.

Por supuesto, el creador expulsó a Adán y Eva de ese paraíso donde los había colocado, pues él quiere que los hombres lo reflejen a él, que sean a imagen y semejanza de él, que cumplan sus preceptos para parecerse a él y no al Incognoscible. Él desea que el Espíritu permanezca adormecido para aprovechar su energía y nada más, impidiendo que ese Espíritu pueda manifestarse en el hombre y en el
mundo. Lucifer, liberador del hombre y del mundo, ha sido llamado también Abaddon, el Exterminador. Pero… ¿Exterminador de qué? Exterminador de la materia, porque aborrece este mundo creado de materia y tiempo. Se comportaría como una fuerza antimateria hostil, de una gran agresividad, porque odia todo lo que ha sido creado, como también aborrece los cuerpos y las almas de los hombres, pues pertenece al plano increado de lo incognoscible. Es exterminador, pero exterminador de la materia, exterminador de lo impuro. Tal es la leyenda Gnóstica de Lucifer.

Ahora podemos describir qué entidades increadas se encuentran dentro de este mundo creado. Primero, el Dios Incognoscible, que no está en este mundo pero puede infiltrar una pequeña partícula de Él, un Enviado. Este Enviado también es increado, no ha sido creado por el dios creador. Segundo, los Espíritus aprisionados de los hombres, los cuales pertenecen también al mundo incognoscible de lo increado y eterno.
Según la Gnosis todo ser vivo tiene encadenado a su alma un elemento Espiritual increado: el Espíritu. El Espíritu encerrado en el hombre es totalmente superior al de los animales, plantas y otros seres vivos. Es
tan grande la diferencia entre el hombre y los demás seres vivos, como son de diferentes los Espíritus que se hallan aprisionados en su interior. Los Espíritus de los seres humanos son de una elevadísima categoría Espiritual. Tercero, otro ente increado, inserto en este plano de creación, es el conocimiento salvador y divino de la Gnosis. Conocimiento que ha venido de afuera, que no ha sido elaborado dentro de este mundo.


sábado, 20 de agosto de 2016

LUCHA ENTRE EL BIEN Y EL MAL (2)



SEGUNDO DIA

Comenzaré por el Pacto de Sangre. El mismo significa que los Atlantes blancos mezclaron su sangre con los representantes de los pueblos nativos, que también eran de Raza blanca, generando las primeras dinastías de Reyes Guerreros de Origen Divino: lo eran, afirmarían luego, porque descendían de los Atlantes blancos, quienes a su vez sostenían ser Hijos de los Dioses. Pero los Reyes Guerreros debían preservar esa herencia Divina apoyándose en una Aristocracia de la Sangre y el Espíritu, protegiendo su pureza racial: es lo que harían fielmente durante milenios... hasta que la Estrategia enemiga operando a través de las Culturas extranjeras consiguió cegarlos o enloquecerlos y los llevó a quebrar el Pacto de Sangre. Y aquella falta al compromiso con los Hijos de los Dioses fue, como Ud. verá enseguida Dr., causa de grandes males. Desde luego, el Pacto de Sangre incluía algo más que la herencia genética. En primer lugar estaba la promesa de la Sabiduría: los Atlantes blancos habían asegurado a sus descendientes, y futuros representantes, que la lealtad a la misión sería recompensada por los Dioses Liberadores con la Más Alta Sabiduría, aquella que permitía al Espíritu regresar al Origen, más allá de las estrellas. Vale decir, que los Reyes Guerreros, y los miembros de la Aristocracia de la Sangre, se convertirían también en Guerreros Sabios, en Hombres de Piedra, como los Atlantes blancos, con sólo cumplir la misión y respetar el Pacto de Sangre; por el contrario, el olvido de la misión o la traición al Pacto de Sangre traerían graves consecuencias: no se trataba de un “castigo de los Dioses” ni de nada semejante, sino de perder la Eternidad, es decir, de una caída espiritual irreversible, más terrible aún que la que había encadenado el Espíritu a la Materia. “Los Dioses Liberadores, según la particular descripción que los Atlantes blancos hacían a los pueblos nativos, no perdonaban ni castigaban por sus actos; ni siquiera juzgaban pues estaban más allá de toda Ley; sus miradas sólo reparaban en el Espíritu del hombre, o en lo que había en él de espiritual, en su voluntad de abandonar la materia; quienes amaban la Creación, quienes deseaban permanecer sujetos al dolor y al sufrimiento de la vida animal, aquellos que, por sostener estas ilusiones u otras similares, olvidaban la misión o traicionaban el Pacto de Sangre, no afrontarían ¡no! ningún castigo: sólo era segura la pérdida de la eternidad... a menos que se considerase un ‘castigo’ la implacable indiferencia que los Dioses Liberadores exhiben hacia todos los Traidores”.

Con respecto a la Sabiduría, los pueblos nativos recibían en todos los casos una prueba directa de que podían adquirir un conocimiento superior, una evidencia concreta que hablaba más que las incomprensibles artes empleadas en las construcciones megalíticas: y esta prueba innegable, que situaba a los pueblos nativos por encima de cualquier otro que no hubiese hecho tratos con los Atlantes, consistía en la comprensión de la Agricultura y de la forma de domesticar y gobernar a las poblaciones animales útiles al hombre. En efecto, a la partida de los Atlantes blancos, los pueblos nativos contaban para sostenerse en su sitio, y cumplir la misión, con la poderosa ayuda de la Agricultura y de la Ganadería, sin importar qué hubiesen sido antes: recolectores, cazadores o simples guerreros saqueadores. El cercado mágico de los campos, y el trazado de las ciudades amuralladas, debía realizarse en la tierra por medio de un arado de piedra que los Atlantes blancos legaban a los pueblos nativos para tal efecto: se trataba de un instrumento lítico diseñado y construído por Ellos, del que no tenían que desprenderse nunca y al que sólo emplearían para fundar los sectores agrícolas y urbanos en la tierra ocupada. Naturalmente, ésta era una prueba de la Sabiduría pero no la Sabiduría en sí. ¿Y qué de la Sabiduría?, ¿cuándo se obtendría el conocimiento que permitía al Espíritu viajar más allá de las estrellas?

Individualmente dependía de la voluntad puesta en regresar al Origen y de la orientación con que esa voluntad se dirigiese hacia el Origen: cada uno podría irse en cualquier momento y desde cualquier lugar si adquiría la Sabiduría procedente de la voluntad de regresar y de la orientación hacia el Origen; el combate contra las Potencias de la Materia tendría que ser resuelto, en este caso, personalmente: ello constituiría una hazaña del Espíritu y sería tenido en alta estima por los Dioses Liberadores. Colectivamente, en cambio, la Sabiduría de la Liberación del Espíritu, la que haría posible la partida de todos los Guerreros Sabios hacia K'Taagar y, desde allí, hacia el Origen, sólo se obtendría cuando el teatro de operaciones de la Guerra Esencial se trasladase nuevamente a la Tierra: entonces los Dioses Liberadores volverían a manifestarse a los hombres para conducir a las Fuerzas del Espíritu en la Batalla Final contra las Potencias de la Materia. 

Hasta entonces, los Guerreros Sabios deberían cumplir eficazmente con la misión y prepararse para la Batalla Final: y en ese entonces, cuando fuesen convocados por los Dioses para ocupar su puesto en la Batalla, les tocaría a los Guerreros Sabios en conjunto demostrar la Sabiduría del Espíritu. Tal como afirmaban los Atlantes blancos, ello sería inevitable si los pueblos nativos cumplían su misión y respetaban el Pacto de Sangre pues, “entonces”, la Máxima Sabiduría coincidiría con la Más Fuerte Voluntad de regresar al Origen, con la Mayor Orientación hacia el Origen, con el Más Alto Valor resuelto a combatir contra las Potencias de la Materia, y con la Máxima Hostilidad Espiritual hacia lo no espiritual. Colectivamente, pues, la máxima Sabiduría se revelaría al final, durante la Batalla Final, en un momento que todos los Guerreros Sabios reconocerían simultáneamente ¿Cómo? la oportunidad sería reconocida directamente con la Sangre Pura, en una percepción interior, o mediante la “Piedra de Venus”.

A los Reyes Guerreros de cada pueblo aliado, es decir, a sus descendientes, los Atlantes blancos legaban también una Piedra de Venus, gema semejante a una esmeralda del tamaño del puño de un niño. Aquella piedra, que había sido traída a la Tierra por los Dioses Liberadores, no estaba facetada en modo alguno sino finamente pulida, mostrando sobre un sector de la superficie una ligera concavidad en cuyo centro se observaba el Signo del Origen. De acuerdo con lo que los Atlantes blancos revelaron a los Reyes Guerreros, antes de la caída del Espíritu extraterrestre en la Materia, existía en la Tierra un animal-hombre extremadamente primitivo, hijo del Dios Creador de todas las formas materiales: tal animal hombre poseía esencia anímica, es decir, un Alma capaz de alcanzar la inmortalidad, pero carecía del Espíritu eterno que caracterizaba a los Dioses Liberadores o al propio Dios Creador. Sin embargo, el animal hombre estaba destinado a obtener evolutivamente un alto grado de conocimiento sobre la Obra del Creador, conocimiento que se resumía en el Signo de la Serpiente; con otras palabras, la serpiente representaba el más alto conocimiento para el animal hombre. Luego de protagonizar el Misterio de la Caída, el Espíritu vino a quedar incorporado al animal hombre, prisionero de la Materia, y surgió la necesidad de su liberación. Los Dioses Liberadores, que en esto se mostraron tan terribles como el maldito Dios Creador Cautivador de los Espíritus, sólo atendían, como se dijo, a quienes disponían de voluntad de regresar al Origen y exhibían orientación hacia el Origen; a esos Espíritus valientes, los Dioses decían: “has perdido el Origen y eres prisionero de la serpiente: ¡con el Signo del Origen, comprende a la serpiente, y serás nuevamente libre en el Origen!”.

Así, pues, la Sabiduría consistía en comprender a la serpiente, con el Signo del Origen. De aquí la importancia del legado que los Atlantes blancos concedían por el Pacto de Sangre: la Sangre Pura, sangre de los Dioses, y la Piedra de Venus, en cuya concavidad se observaba el Signo del Origen. Esa herencia, sin duda alguna, podía salvar al Espíritu si “con el Signo del Origen se comprendía a la serpiente”, tal como ordenaban los Dioses. Pero concretar la Sabiduría de la Liberación del Espíritu no sería tarea fácil pues en la Piedra de Venus no estaba plasmado de ningún modo el Signo del Origen: sobre ella, en su concavidad, sólo se lo podía “observar”. Y lo veía allí solamente quien respetaba el Pacto de Sangre pues, en verdad, lo que existía como herencia Divina de los Dioses era un Símbolo del Origen en la Sangre Pura: el Signo del Origen, observado en la Piedra de Venus, era sólo el reflejo del Símbolo del Origen presente en la Sangre Pura de los Reyes Guerreros, de los Guerreros Sabios, de lo Hijos de los Dioses, de los Hombres Semidivinos que, junto a un cuerpo animal y a un Alma material, poseían un Espíritu Eterno. Si se traicionaba el Pacto de Sangre, si la sangre se tornaba impura, entonces el Símbolo del Origen se debilitaría y ya no podría ser visto el Signo del Origen sobre la Piedra de Venus: se perdería así la posibilidad de “comprender a la serpiente”, la máxima Sabiduría, y con ello la oportunidad, la última oportunidad, de incorporarse a la Guerra Esencial. Por el contrario, si se respetaba el Pacto de Sangre, si se conservaba la Sangre Pura, entonces la Piedra de Venus podría ser denominada con justeza “espejo de la Sangre Pura” y quienes observasen sobre ella el Signo del Origen serían “Iniciados en el Misterio de la Sangre Pura”, verdaderos Guerreros Sabios.

Los Atlantes blancos afirmaban que su avance continental estaba guiado directamente por un Gran Jefe Blanco al que llamaban Navután. Ese Jefe al que sólo ellos veían, y por el que expresaban un profundo respeto y veneración, tenía fama de haber sido quien reveló a los mismos Atlantes blancos el Signo del Origen. Naturalmente, el Signo del Origen sería incomunicable puesto que sólo puede ser visto por quien posee previamente, en su sangre, el Símbolo del Origen. La Piedra de Venus, el Espejo de la Sangre Pura, permitía justamente obtener afuera un reflejo del Símbolo del Origen: pero aquel reflejo, el Signo del Origen, no podía ser comunicado ni por Iniciación ni por ninguna otra función social si el receptor carecía de la herencia del Símbolo del Origen. Inclusive entre los Atlantes blancos hubo un tiempo en el que sólo unos pocos, individualmente, lograban conocer el Símbolo del Origen. La dificultad estribaba en la imposibilidad de establecer una correspondencia entre lo Increado y lo Creado: era como si la materia fuese impotente para reflejar lo Increado. De hecho, las Piedras de Venus habían sido modificadas estructuralmente por los Dioses Liberadores para que cumpliesen su función. Con el propósito de resolver este problema y de dotar a su Raza de la Más Alta Sabiduría, mayor aún que la Sabiduría Lítica conocida por ellos, Navután había descendido al Infierno. Por lo menos eso era lo que contaban los Atlantes blancos. Aquí, luchó contra las Potencias de la Materia pero no consiguió obligarlas a reflejar el Símbolo del Origen para que fuese visto por todos los miembros de su Raza. Al parecer fue Frya, su Divina Esposa, quien resolvió el problema: pudo expresar el Signo del Origen mediante la danza.

Todos los movimientos de la danza proceden del movimiento de las aves, de sus Arquetipos. El descubrimiento de Frya permitió a Navután comprender al Signo del Origen con la Lengua de los Pájaros y expresarlo del mismo modo. Mas no era ésta una lengua compuesta por sonidos sino por movimientos significativos que realizaban ciertas aves en conjunto, especialmente las aves zancudas, como la garza o la grulla, y las aves gallináceas como la perdiz, el pavo o el faisán: según Navután, para comprender al Signo del Origen se requerían exactamente “trece más tres Vrunas”, es decir, un alfabeto de dieciséis signos denominados Vrunas o Varunas.

Gracias a Navután y Frya, los Atlantes blancos eran Arúspices (de ave spicere), vale decir, estaban dotados para comprender el Signo del Origen observando el vuelo de las aves: la Lengua de los Pájaros representaba, para ellos, una victoria racial del Espíritu contra las Potencias de la Materia. Así se sintetizaría la Sabiduría de Navután: quien comprendiese el alfabeto de dieciséis Vrunas comprendería la Lengua de los Pájaros. Quien comprendiese la Lengua de los Pájaros comprendería el Signo del Origen. Quien comprendiese el Signo del Origen comprendería a la serpiente. Y quien comprendiese a la serpiente, con el Signo del Origen, podría ser libre en el Origen.

Es claro que los Atlantes blancos no confiaban en la perdurabilidad de la Lengua de los Pájaros, la que, a pesar de todo, transmitían a sus descendientes del Pacto de Sangre. Preveían que, de triunfar el Pacto Cultural de los Atlantes morenos, la lengua sagrada pronto sería olvidada por lo hombres; en ese caso, la única garantía de que al menos alguien individualmente consiguiese ver el Signo del Origen, estaría constituida por la Piedra de Venus. Con gran acierto, basaron en ella el éxito de la misión. Así, cuando los Atlantes blancos se despidieron de mis Antepasados, Dr. Siegnagel, les sugirieron un modo adecuado para asegurar el cumplimiento de la misión. Ante todo se debería respetar sin excepciones el Pacto de Sangre y mantener, para ello, una Aristocracia de la Sangre Pura. De esta Aristocracia, que comenzaba con los descendientes de los Atlantes blancos, ya se habían seleccionado los primeros Reyes y las Guerreras Sabias que custodiarían el Arado de Piedra y la Piedra de Venus: en efecto, al principio cada pueblo fue dividido exogámicamente en tres grupos, cada uno de los cuales tenía el derecho de emplear los instrumentos líticos y aportaba, para su custodia común, una Guerrera Sabia; ellas conservaban los instrumentos en el interior de una gruta secreta y, cuando debían ser utilizados, los transportaban las tres en conjunto; los tres grupos del pueblo, por supuesto, obedecían a un mismo Rey; con el correr de los siglos, a causa de la derrota cultural que luego expondré, la triple división del pueblo fue olvidada, aunque perduró por mucho tiempo la costumbre de confiar la custodia de los instrumentos líticos a las “Tres Guerreras Sabias” o Vrayas.

En consiguiente lugar, todos los Reyes y los Nobles de la Sangre serían Iniciados en el Misterio de la Sangre Pura: la Iniciación sería a los dieciséis años, cuando se los enfrentaría con la Piedra de Venus y se trataría de que observasen en ella el Signo del Origen. Quien pudiese observarlo dispondría en ese mismo momento de la Sabiduría suficiente como para concretar la autoliberación del Espíritu y partir hacia el Origen. Mas, si el Guerrero Sabio era un Rey, o un Héroe que deseaba posponer su propia libertad espiritual en procura de la liberación de la Raza, dos serían los pasos a seguir. El primeroconsistía en cumplir la orden de los Dioses Liberadores y “comprender a la serpiente con el Signo del Origen”, comunicando luego la Sabiduría lograda a los restantes Iniciados. Una vez visto el Signo del Origen, el segundo paso del Iniciado exigía no apartar la atención de la Piedra de Venus porque en ella, sobre su concavidad, algún día se vería la Señal Lítica de K'Taagar, esto es, una imagen que señalaría el camino hacia la Ciudad de los Dioses Liberadores. Este principio daría lugar a una secreta institución entre los iberos, de la cual hablaré mucho posteriormente, la de los Noyos y las Vrayas, cuerpo de Iniciados consagrados a custodiar en todo tiempo y lugar a la Piedra de Venus y aguardar la manifestación del Símbolo del Origen.

Así fue como a los descendientes o aliados de los Atlantes blancos, que ejecutaban el primer paso en la comprensión de la serpiente, y la representaban ora con la forma real del reptil, ora abstractamente con la forma de la espiral, se los tomó universalmente por adoradores de los ofidios. Tal confusión fue empleada malignamente para adjudicar a los Guerreros Sabios toda suerte de actos e intenciones tenebrosas; con ese propósito el Enemigo asoció la serpiente a las ideas que más temor o repugnancia causaban en los pueblos ignorantes de la Tierra: la noche, la luna, las fuerzas demoníacas, todo lo que es reptante o subterráneo, lo oculto, etc. De ese modo, mediante una vulgarización calumniosa y malintencionada de sus actos, ya que nadie salvo los Iniciados conocían la existencia de la Piedra de Venus y del Signo del Origen, se consiguió culpar a los Guerreros Sabios de Magia Negra, es decir, de las artes mágicas más groseras, aquellas que se practican con el concurso de las pasiones del cuerpo y del Alma:¡Curiosa paradoja! ¡Los Iniciados en el Misterio de la Sangre Pura acusados de Magia Negra y humanidad! ¡justamente Ellos que, por comprender a la serpiente, símbolo total del conocimiento humano, estaban fuera de lo humano!

martes, 16 de agosto de 2016

RELIGIÓN PROHIBIDA -3-



3. EL TIEMPO ES MALO

La biblia no lo dice, pero con el Big Bang comenzó el tiempo. En el comienzo mismo de la creación, cuando dios dijo “haya luz”, estas dos palabras no podrían haber sido pronunciadas si no existiera el tiempo. El tiempo fue creado por el dios creador, al crear la luz. La gran explosión y la expansión iniciales no podrían haber existido sin el tiempo.
El tiempo y el espacio fueron creados juntos, y son inseparables. El tiempo es el aliento del dios creador. Y toda su creación, la expansión del universo, la evolución de las especies, el desarrollo paulatino de su plan, no podrían ocurrir sin el tiempo. Según los Gnósticos, el tiempoaliento del dios creador es tan satánico como la materia y tan satánico como él.


4. EL DIOS CREADOR

Fueron varias las sectas Gnósticas, en los primeros 
siglos de nuestra era, que equipararon la figura del dios creador 

no a la de un ser bueno y justo, sino a la de un ser satánico.

Lo equipararon a la figura de satán, varias de ellas. En 
uno de sus cuentos, Gustavo Adolfo Bécquer nos relata 

cómo el dios creador Brahma va creando los mundos, como 

burbujas, y cómo va experimentando con ello, porque a 

veces le salen bien y a veces no. No es un dios extraordinariamente 
perfecto sino bastante inepto, pareciera. Hay 
mundos que le salen mal y tiene que destruirlos. Hay mundos 
que le salen mejor. Va probando, va ensayando. Va creando 
a través del ensayo y del error. La biblia dice: “Dijo 
Dios ´haya luz´, y hubo luz. Y vió Dios que la luz era 
buena”. ¡Cómo! ¿No lo sabía? ¿No sabía que era algo 
bueno? Por eso los Gnósticos dicen“estamos ante un creador 
ignorante de los efectos de su creación”.

Igualmente, el dios creador sostiene continuamente que 
él es el único. No lo dice una vez, lo dice permanentemente, 

constantemente: “yo soy el único Dios”, “no hay otro 

Dios más que yo”, “yo, tu Dios, soy el único”, etc. Todos 

sabemos que cuando alguien repite excesivamente siempre
lo mismo es porque no está muy seguro de lo que afirma, 
por eso necesita reafirmarlo tanto. Los Gnósticos interpretaron 

esto como que el creador sospecha, pues tampoco
está demasiado seguro, que hay otro Dios muy por encima 

de él. Un Dios infinitamente superior a él, mucho más grande, 

mucho más importante que él, y eso es lo que trata de 

ocultar al repetir incesantemente “yo soy el único”, “no hay 

otro Dios fuera de mí”. 
Indudablemente, este dios creador es el creador del 
mundo, de todos los mundos, de los planetas, del universo, 
de la materia, del tiempo.  Él es el responsable del Big 
Bang, como lo llama la física actualmente. Todo lo que la 
física sostiene actualmente, que todo comenzó con una 
gran explosión, con una gran luz, coincide con la mayoría 
de los mitos de distintas religiones sobre la creación del 
mundo. Primero dios creó la luz, luego fue creando distintas 
cosas hasta llegar a los animales y por último al hombre.
Todos estos mitos, que están en la biblia y en otros 
libros religiosos coinciden, con respecto a la creación del 

mundo y del hombre, con las conclusiones actuales de físicos 

y biólogos. 

Claro que toda esta creación está llena de errores, no es 
perfecta. Y si este mundo es imperfecto, si la materia es 
imperfecta o si todo lo que existe en el universo es imperfecto,
es porque el creador de todo eso es un ser imperfecto.
Hoy un Gnóstico diría, por ejemplo, “lo de los dinosaurios 
fue estúpido, fue un error, el creador tuvo que anular 

todo, extinguir todo eso y comenzar de nuevo otro experimento 

más, hasta llegar a algo que lo satisfaga”. Porque el 

dios creador tiene planes. Ya veremos más adelante de qué
tratan.
La física sostiene también, Einstein por ejemplo, que el 
universo no es algo infinito sino que es como una especie 

de burbuja, donde está contenida toda la creación. El universo 

es finito, afirmó Albert Einstein. Esta creación está 

limitada, es como una burbuja gigantesca donde está con
tenido todo lo material creado por el dios creador y no 

sabemos qué hay fuera de eso. La Gnosis afirma saberlo, ya 
lo veremos.
A través de los libros sagrados de distintas religiones, 
según se dice inspirados por el dios creador del universo, se 

nos relatan hechos, detalles, que lo muestran al dios creador 

como un ser no muy perfecto y no enteramente bueno.
Lo pintan a veces como un dios vengativo, colérico, soberbio, 
inseguro e indeciso. Un dios que ama los sacrificios en 

su nombre, los genocidios, y que ordena matar a otros pueblos 

para apoderarse de sus pertenencias, de sus tierras, de 

su gente, de su ganado. Ordena matar no solo a los enemigos, 
también a las mujeres, a los niños, a los animales. Un 
dios genocida. Este dios exige sacrificios en su nombre, 
pues ama el olor de la carne quemada de las víctimas inmolada 
sobre el altar. Este es el dios que ha provocado el 
diluvio. ¡Cuántos miles y miles de hombres murieron ahogados 
por el diluvio! Así lo relatan la biblia y otros escritos 
anteriores, como el del diluvio babilónico, por ejemplo.
Gusta de los sacrificios humanos y de animales, y de la sangre 
derramada de sus enemigos. Le gusta que lo admiren, 

que lo adoren, que lo sirvan, que le teman, que le obedezcan. 

Le gustan los templos edificados en su honor, los rituales, 

los preceptos, que cumplan sus ordenanzas, que eleven 
rezos hacia él. Le gustan el dolor de sus criaturas, las torturas, 
el sufrimiento. Los Gnósticos antiguos le daban el 
nombre de Ialdabahot, que significa “hijo del caos”, y a 
veces el nombre de Sabaot: “dios de los ejércitos”. También 
se lo ha llamado Kosmocrator o el Gran Arconte, el creador 
y ordenador de la materia. Pero el nombre con que más 
comunmente se lo designa en la Gnosis es el de demiurgo, 
que significa creador en griego.
Este “ser superior” no puede ser un ser bueno, induda
blemente, y quienes han sostenido esto a lo largo de la historia, 

estas ideas que estoy relatando, lógicamente han sido 

perseguidos o han pagado con su vida la osadía de decir lo 

que para ellos era la verdad. Un ser superior que ama las
guerras, los filicidios, que ordena las mutilaciones genitales 
de los niños, indudablemente no puede ser un dios 

bueno. Por eso los Gnósticos lo equipararon a satán. Lo 

consideraban un satanás creador. Ya sabemos cual fue el 

destino de los Gnósticos, de sus doctrinas y de sus libros:
quemados, perseguidos. Tal es el destino de estos llamados 
“herejes”, como se los ha designado en el curso de la historia.
Este mundo, creado por el dios creador, le pertenece 
sólo a él. Todo lo material que hay en este mundo le responde 

a él, lo adora a él, lo admira a él. Por supuesto que estas 

doctrinas que estamos relatando están condenadas a ser 

perseguidas siempre, no van a tener un gran asidero, un 
gran éxito. Solo una minoría valiente puede estudiar, interpretar
o sostener esto. Están en tierra enemiga, indudablemente, 
quienes sostienen estas ideas Gnósticas antiguas y 
eternas. Pero la Gnosis está siempre presente en este 
mundo extraño que no le pertenece. Y este pensamiento
Gnóstico, opuesto a todo lo establecido, es lo más perseguido 
y rechazado universalmente. Hay temas que “no pueden” 

tocarse, hay cosas que “no se deben” decir, hay libros 

que “deben” desaparecer, pues vivimos en un mundo en 

que sólo hay libertad para decir “dos más dos son cuatro”.
Este mundo es un campo enemigo para un Gnóstico. Un 
Gnóstico podrá aparecer, decir algo y desaparecer rápidamente, 

pues toda la creación se volverá en su contra automáticamente.
¿Cuántos años pudo predicar Jesucristo, 

según el mito cristiano? Sólo tres. ¡Pero en esos tres años 

originó una religión exitosa que ya lleva dos mil años sobre 


la Tierra!
Decíamos que este mundo es un campo enemigo para 
un Gnóstico, porque todo este mundo material y todos los 

seres que lo pueblan están hechos de materia y a la materia 

son devotos. Pertenecen y defienden a la materia y al creador 

de la materia, no pueden concebir algo diferente. Todo 
lo que se oponga al mundo material y a su dios creador es 
peligroso y debe ser destruido. La Gnosis, por lo tanto, es 
percibida como algo inconcebible y horroroso que debe ser 
eliminado.
Los Gnósticos han representado al dios creador con formas 
horribles. Con formas como las de un pulpo o un reptil, 

con cabeza de cerdo o de jabalí, o de asno. Por eso algunas 

religiones prohíben comer estos animales. También se 

lo ha representado parecido al baphomet demiúrgico de los 
templarios y de ciertas sectas masónicas. Algunos lo han 
representado como un jabalí gigantesco, semidormido, con 
el cuerpo lleno de ojos y que exhala un aliento que es el
tiempo, pues como dijimos, el tiempo es el aliento de este 
dios creador.
Este mundo no es bueno, indudablemente. Los animales 
tienen que desgarrarse entre sí, destrozarse, para poder 

comer y sobrevivir. Los seres humanos necesitan engañarse 

unos a otros en todos los órdenes de la vida, para superarse, 

para competir, para sobrevivir mejor. Los animales 
herbívoros necesitan destrozar plantas, que son seres vivos 
también. Todo se autodestruye y destruye a los demás constantemente.
Y hay quienes llaman a esto “perfección” o 
“equilibrio perfecto”. Increíble. Esto es el infierno. No es 

un sistema perfecto y menos un sistema bueno. Es un sistema 

en el que cada uno debe destruir a otro para poder 

sobrevivir. Este es el sistema creado, este es el mundo creado 
por un “ser superior”: el dios creador o demiurgo.