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sábado, 27 de agosto de 2016

LA RELIGIÓN PROHIBIDA (10)

16. MANVANTARAS Y PRALAYAS

A la pregunta de si la creación es eterna o va a desaparecer alguna vez, la Gnosis tiene una respuesta: todo lo que ha sido creado habrá de desaparecer. El demiurgo crea universos y luego de un lapso los destruye. Los rabinos dicen: “El Señor, bendito sea, crea mundos y los destruye”. En las enseñanzas de Shankara encontramos: “Como las burbujas en el agua, así los mundos nacen, existen y se disuelven en el Señor Supremo” (Atmabodha, 8). Aesto los hinduistas lo llaman “respiraciones de Brahma”. Brahma es el dios creador de los hindúes. Es otro de los nombres del demiurgo. Con cada Big Bang comienza una nueva creación del dios creador. Es la espiración, su aliento exhalado hacia afuera. Esta creación se expande hasta que él decide ponerle un fin, retrayéndola hasta el punto inicial, reabsorbiéndola.
Esta es la inspiración, la absorción de su aliento. Cuando la creación llega a su fin y es destruida, puesta a involucionar, y el tiempo comienza a correr hacia atrás hasta desaparecer, hay un largo período en el que el demiurgo no crea nada. En India llaman a ese lapso “la noche de Brahma”. A
cada período de creación le sigue un período de silencio cósmico en el cual todo lo creado es llevado hacia atrás, contrayéndose hasta desaparecer. Después que todo es destruido, reducido a nada, con otro Big Bang comenzará una nueva creación y así indefinidamente. A cada tentativa del demiurgo le seguirá otra, persiguiendo constantemente esa perfección que nunca llegará.
En India llaman manvantaras a los ciclos de creación y pralayas a los de destrucción.
Hay una canción que es muy común en Israel y que se llama “Adon Olam” (“Señor del Mundo”), la cual tiene un párrafo que nos hace pensar en este descanso del creador cuando destruye su obra. Dicen así esos versos: “…y cuando todo deje de existir, él solo reinará en su majestad”. Se
refiere al período de silencio del creador, cuando ya no queda nada de lo creado.
Cuando toda la creación se derrumba, lo increado sigue existiendo como siempre porque es eterno, no tiene principio ni fin. Pertenece al plano incognoscible de la eternidad. Sólo lo creado desaparece en el pralaya. Solo lo creado puede ser destruido.
Cuando el demiurgo decide destruir todo lo que ha creado, es decir cuando concluye un manvantara, solo allí son liberados los Espíritus increados que han permanecido aprisionados en la materia. Toda materia, todo cuerpo, toda alma serán destruidos. Solo lo increado, lo no creado, no
será alcanzado por esa destrucción, retornando al mundo incognoscible de donde proviene.
Los Gnósticos no quieren esperar miles de millones de años. Los Gnósticos quieren liberarse ahora, cuanto antes. Y no solo liberarse. Pretenden además terminar con todo este sistema satánico, con las respiraciones del demiurgo, con sus planes demenciales, con el tormento de los Espíritus prisioneros, con las creaciones y destrucciones sucesivas, con las muertes y reencarnaciones, con todo lo creado, con todo lo impuro y con el demiurgo también.


17. LA GRAN CONSPIRACION

En todas las épocas, las instituciones religiosas y políticas del demiurgo en la Tierra han conspirado deliberadamente para eliminar, o al menos tergiversar, la visión Gnóstica allí donde aparezca. Se prohíbe o deforma todo pensamiento detrás del cual pueda hallarse algún vestigio de Gnosis Primordial. Así de peligroso es el conocimiento Gnóstico para los planes del demiurgo. El ocultamiento de la Verdad forma parte del plan orquestado para que los hombres no puedan despertar y menos rebelarse. Se trata que los seres humanos permanezcan confundidos, engañados y adormecidos, para que nunca lleguen a advertir quiénes son realmente y en qué situación se encuentran. Se procura que nunca conozcan la verdad de lo que ha ocurrido,
ni en qué consiste su presente, ni cuál será su futuro. Se pretende que ningún hombre pueda jamás conocer las respuestas correctas a las tres preguntas fundamentales: ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué debo hacer?

Pero la Verdad nunca desaparece. Perseguida y ocultada siempre pugnará por salir a la luz. Lo peor que puede hacerse con la Verdad es prohibirla. Se producirá el efecto contrario: resurgirá con mayor fuerza y violencia. ¿Qué es lo primero que habría que ocultar? En primer lugar, sería necesario eliminar la idea de que más allá del demiurgo ineficiente hay otro Dios, superior a él e infinitamente perfecto.

Para poder oscurecer esta parte de la Verdad Gnóstica se ha inventado la idea de que el dios creador y el Dios Incognoscible son la misma cosa, que juntos forman el único dios que existe: el demiurgo, creador del cielo y de la tierra.

En los comienzos del cristianismo, el gran maestro Gnóstico Marción lo dijo bien claro: “el dios del antiguo testamento no es el Dios del nuevo testamento. Son dos dioses diferentes. El primero es un dios que aplica la ley y castiga, mientras que el otro es un Dios de amor que siempre perdona. Ambos son inconciliables”. ¿Qué puede hacerse para ocultar esta afirmación? Fue Origenes a quien se le ocurrió la brillante idea: “No existen dos dioses diferentes, uno justo y el otro bueno. Es el mismo Dios, y es justo y es bueno”. Esta fue la manera en que el demiurgo vino a ser bueno y perfecto. En segundo lugar, ha quedado eliminado también, de esta forma, la diferencia entre el mundo incognoscible y el mundo creado. Todo aquel que se refiera a la existencia de los dos reinos irreconciliables, será tachado despectivamente de “dualista”, como si describir la realidad tal cual es fuera algo malo. Los conspiradores redujeron todo a un solo reino: el reino del demiurgo. En tercer lugar, si el demiurgo es bueno y perfecto ¿A quién podemos echarle la culpa de todo el mal que hay en el mundo? Si los atributos divinos del Dios Incognoscible han sido trasladados al demiurgo ¿Qué hacer con los atributos demiúrgicos de maldad e ineptitud, de plagio y de mentira? Por eso se recurrió al invento de que el demiurgo no es
satanás, satanás es otro. El demiurgo se ha vuelto bueno y perfecto, ha sido despojado de sus rasgos satánicos. Todo lo malo proviene ahora de ese nuevo satanás que es exterior a él. Lo malo del demiurgo ha sido llevado afuera, a un satanás diferente del creador. Ahora es a este nuevo satanás a quien le gusta la sangre, el olor de la carne quemada, los esclavos, las guerras, los rituales, los sacrificios, las conspiraciones y los genocidios. Ahora es a este nuevo satanás a quien le agrada que los hombres se postren ante él y lo adoren, y que hagan alianzas o pactos de sangre con él, a cambio de poderes o riquezas terrenales. Es fácil descubrir que todas las características que satanás tiene hoy, han sido tomadas del dios creador de la biblia.
Entonces tenemos esto: el Dios Incognoscible no existe, sus atributos han sido trasladados al demiurgo, y los atributos del demiurgo han sido trasladados a un satanás exterior a él. ¿Qué falta ahora en esta gran conspiración, en esta gran estafa? Falta encontrar a alguien a quien podamos
transformar en ese satanás. Debe ser alguien a quien le tengamos mucho odio, pues la figura de satanás es lo más abyecto que pueda concebirse. En cuarto lugar, así surgió la ocurrencia brillante de esta conspiración: a alguien se le ocurrió que lo más apropiado sería divulgar que ese satanás maligno no es otro que Lucifer. De esta manera, no solo el demiurgo fue “limpiado” de su naturaleza satánica, sino que fue absolutamente distorsionada la figura de Lucifer. El Ángel de Luz, enviado por el Dios Incognoscible para salvar a los hombres, vendría a transformarse en un monstruo cuya función es la de mantenerlos esclavizados. Genial ocurrencia de los representantes del demiurgo en la Tierra y oportuna venganza contra Lucifer, el enemigo eterno del satanás verdadero.

De dos entidades opuestas e irreconciliables, el dios creador y el Dios Incognoscible, han hecho una sola: el demiurgo “bueno y único”. De los dos mundos opuestos e irreconciliables han hecho uno solo, que es “bueno”: el del demiurgo. De igual forma han procedido con las otras dos entidades opuestas e irreconciliables: Lucifer y satanás, el Enviado del Dios Verdadero y el satanás creador de la materia y del tiempo. Los han transformado en una sola entidad: el “Lucifer satánico”. Así conspiran contra la verdad los charlatanes del demiurgo.

Hasta el día de hoy persiste esta creencia de que satanás y Lucifer son una y la misma cosa, a quien también llaman diablo. En el Nuevo Testamento, ya se encuentra establecido que Lucifer es igual a satán (Lucas, X.18) (2 Corintios, XI.14). Incluso Monseñor Meurin, en su obra que hemos
citado incurre en esta misma confusión: denomina al demiurgo “Jehová-Lucifer” y no “Jehová-Satanás”, como hubiera sido lo correcto en su línea de razonamiento. Y si Meurin, un teólogo tan renombrado dentro del catolicismo romano cometió este error, ¿Qué podemos esperar del
hombre común?
En quinto lugar, tenemos el gran plagio que dió origen al cristianismo y a su personaje ficticio: Jesucristo. A Kristos Lucifer, el Enviado del Dios Incognoscible, lo cambiaron por “Cristo Jesús”, el enviado del demiurgo. Plagiaron un suceso real para inventar un suceso falso.
Lucifer vino a traer la Gnosis para despertar y liberar a los hombres, mientras que Jesucristo solo vino a hacer cumplir la ley de su “padre”, el demiurgo Jehová.

En sexto lugar, ¿Qué puede hacerse para tergiversar la idea Gnóstica de que este mundo creado es el infierno y que el cielo es el plano del Dios Incognoscible? Los conspiradores elucubraron lo siguiente: afirmaron que este mundo no es el infierno, el infierno está afuera, lejos de aquí. El
infierno sería un lugar de castigos para quienes desobedezcan al demiurgo, durante su vida aquí en la Tierra. ¿Y qué características tendría ese infierno? A alguien se le ocurrió que las características propias del mundo incognoscible podrían servir muy bien como escenario para este nuevo infierno. Si Lucifer, el Portador de Luz, un ser de fuego a quien se representa envuelto en llamas, es satanás, entonces podemos decir que este infierno sería un lugar lleno de fuego. Un lugar donde son quemados los “pecadores”.
Según los Gnósticos, el reino incognoscible es efectivamente un fuego antimateria que aborrece esta creación impura y si pudiera la aniquilaría, pero para ellos ese fuego es algo bueno y deseable, nada satánico.
En séptimo lugar, el Espíritu fue otra de las cosas que consideraron importante eliminar, o al menos deformarla hasta tornarla irreconocible. Los representantes del demiurgo en la Tierra no podían permitir que, después de todo lo adulterado, persistiera la creencia de que hay algo increado y divino dentro del hombre. Había que eliminar al Espíritu también.

Ya vimos que para los Gnósticos el hombre está compuesto de tres partes: cuerpo, alma y Espíritu. El cuerpo y el alma han sido creados por el demiurgo, mientras que el Espíritu ha sido capturado del plano de lo increado y eterno, y no pertenece a esta esfera de creación. El alma y el Espíritu, las dos entidades no visibles para el ojo humano común, son perfectamente opuestas e irreconciliables. El alma ha sido creada por el demiurgo, es lo que da vida al cuerpo, lo que lo anima, lo anímico. El alma solo ansía unirse a su creador, fusionarse con él. El Espíritu, por el contrario, es un prisionero en este mundo extraño que no le pertenece y que para Él es un infierno. Él sólo desea liberarse y volver al mundo incognoscible de donde proviene.

Para el Espíritu, el cuerpo y el alma son tan horribles como la materia y el tiempo. Para el demiurgo y su creación, es necesario y fundamental que el Espíritu permanezca amarrado al alma del hombre. Su proyecto evolutivo no puede prescindir de los Espíritus encadenados a la materia. Pero una cosa es importante: el demiurgo desea que esto permanezca en secreto, que los hombres jamás puedan advertir que poseen en su interior una chispa increada robada del otro mundo. Entonces, para eliminar la idea Gnóstica de Espíritu, los agentes del demiurgo en la Tierra tuvieron esta ingeniosa ocurrencia: de las dos entidades, opuestas e irreconciliables, harían una sola. Del Espíritu tomarían todas sus características divinas de perfección y pureza. Sólo omitirían su aspecto increado, pues si los hombres descubrieran que tienen algo increado en su interior comenzarían a hacer preguntas, y eso no es bueno. Todas las virtudes del Espíritu serían trasladadas al alma, que así, de satánica pasaría a ser perfecta. Ya no volvería a hablarse más del Espíritu increado.

Ahora quedaría sólo una entidad en el cuerpo humano: “el alma divina y perfecta creada por Dios”. Hemos dicho que en los comienzos del cristianismo, los primeros teólogos cristianos, San Agustín entre otros, se referían siempre al cuerpo, alma y Espíritu del hombre.
Pero con el paso de los años esto fue desapareciendo. El Espíritu se fue transformando, primero en “intelecto”, luego en sinónimo de alma, hasta que un buen día se decidió eliminar por completo al Espíritu como parte constituyente del ser humano, quedando sólo cuerpo y alma. La conspiración tuvo éxito: se logró que los hombres se olviden del Espíritu.
Y no sólo en el cristianismo, en todas las religiones del demiurgo se habla exclusivamente de cuerpo y alma como los únicos constituyentes del hombre.

No sólo se ha logrado eliminar la idea de algo increado dentro del hombre, sino también la idea de que hay un prisionero injustamente encerrado dentro de él. Es mejor que nadie sepa por qué ha sido aprisionado el Espíritu, pues los hombres comenzarían a preguntarse cosas y hasta algunos podrían llegar a despertar. Es mejor que continúen con su ceguera, hablando de temas menos peligrosos como el fútbol o el sexo.

En octavo lugar, para distorsionar la afirmación Gnóstica de que esta creación es imperfecta debido a que el creador es un ser imperfecto, los conspiradores debieron aguzar aún más su ingenio satánico. La imperfección de todas las cosas de este mundo es algo tan evidente y palpable que es imposible de negar. Por más idiotizados que estén los hombres, jamás admitirán que este mundo es un paraíso. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo justificar que “un demiurgo perfecto” haya creado semejante adefesio? Además, los Gnósticos oponían a la creación errónea, realizada por un demiurgo plagiador e ineficiente, el reino increado y eterno del Dios Verdadero. ¿Cómo hacer para eliminar estas peligrosas ideas? Se les ocurrió una solución que aboliría la idea del mundo increado y perfecto, a la vez que daría por tierra con estas sospechas de un demiurgo inexperto creador del mundo. Esta solución sería útil también para justificar lo inocultable: la impureza e imperfección del mundo creado. ¿Qué engaño pergeñaron esta vez? Ahora lo veremos. Todos los atributos que caracterizan al reino del Dios Incognoscible fueron trasladados a la creación del demiurgo, pero no a esta sino a otra anterior. A una supuesta creación del demiurgo que era, esa sí, perfecta y pura. O sea que el demiurgo, que ha devenido perfecto, además ha sido capaz de crear un mundo perfecto y puro. Hasta aquí, notamos que ya no hay lugar para el Dios Incognoscible y su reino, a la vez que el demiurgo devenido perfecto realiza
obras perfectas. Pero ¿Qué ocurrió para que toda esa creación perfecta se haya convertido en algo tan imperfecto como lo es ahora? Aquí está la genialidad de los apóstoles del engaño: la creación se volvió impura e imperfecta por culpa del hombre. El creador, un ser perfecto, hizo perfecto al mundo, pero el hombre lo arruinó. El paraíso era perfecto, pero el hombre y la Serpiente Lucifer destruyeron esa perfección, “cayendo” con ella.

Tenemos entonces un creador perfecto y bueno que realizó una obra buena y perfecta. Toda su creación, la materia, el tiempo, el hombre, eran buenos. El paraíso era un lugar perfecto y el hombre vivía felíz allí. Todo esto cayó y se degradó por culpa de la desobediencia del hombre.
Afirmar que el hombre tiene la culpa del “pecado original” y de la “caída”, ha sido una de las más burdas ocurrencias concebidas en contra del Espíritu y del Dios Verdadero.
¡Se lo ha responsabilizado al hombre por la ineptitud del creador y las deficiencias de su obra!
Ya vimos que en el paraíso el hombre no era más que un siervo ignorante. Ignoraba todo acerca de sí mismo y de su creador, como parece ignorarlo todavía. No sabía que existía otro Dios, inmensamente superior al dios creador. No sabía que más allá de su cuerpo y de su alma tenía aprisionado un Espíritu. No lo sabía hasta que despertó y pudo rebelarse.
Para la Gnosis, el único “pecado original” que existió fue el rebelarse. Para la Gnosis, el único “pecado original” que existió fue el cometido por el demiurgo al encadenar Espíritus Eternos al alma perecedera del hombre. Para la Gnosis, la única “caída” que existió, propiciada por el demiurgo, fue la caída de los Espíritus en el mundo infernal de la materia.

Hemos pasado revista a los ocho principales ocultamientos y tergiversaciones, realizadas contra la Gnosis por los sirvientes del demiurgo en la Tierra. Ahora veremos los medios de que se valen estos conspiradores para imponer mejor sus falsificaciones. El objetivo es barrer con todo conocimiento que se refiera a lo increado, al despertar del hombre, a la liberación de los Espíritus y a la rebelión contra el demiurgo. Ese conocimiento increado es la Gnosis, absolutamente peligrosa para la Dictadura Universal Satánica. Se pretende eliminar el saber Gnóstico porque es la máxima amenaza contra el demiurgo y su obra. Su divisa es la siguiente: debe ser destruido todo lo que se oponga al sistema creado por el demiurgo, y lo que no pueda ser eliminado debe ser distorsionado y corrompido hasta tornarlo irreconocible. Stalin, agente del demiurgo, decía: “si no puedes estrangular a tu enemigo, abrázalo”. Así operan contra la Gnosis los agentes correctores del demiurgo. Si no se puede prohibir algo se lo abraza, se lo rodea para asfixiarlo, transformándolo en algo inofensivo. Y no sólo inofensivo, el conocimiento así neutralizado y transformado muchas veces es puesto a trabajar al servicio del demiurgo mismo. Es el caso de las religiones que en sus inicios fueron revolucionarias y opuestas al demiurgo, las cuales luego de infiltradas y deformadas fueron puestas a su servicio, convirtiéndose cada una de ellas en una religión demiúrgica más. Es el caso, por ejemplo, del cristianismo, budismo y tantrismo, entre otras. Fueron convertidas en religiones perfectamente opuestas a lo que fueron en sus comienzos.
Se trata de que ningún conocimiento pueda quedar fuera del control dictatorial del demiurgo. Se procura que ningún elemento proveniente del mundo increado pueda poner en peligro la obra y los planes del demiurgo.
Algo que continúa haciéndose es quemar los libros peligrosos. Por supuesto que esto es realizado ahora en secreto. Los tiempos han cambiado y en las dictaduras “democráticas” modernas la destrucción de libros es llevada a cabo subrepticiamente. Ya no se los quema en público, ahora los libros son comprados individualmente y entregados a algún agente o autoridad religiosa que procederá a destruirlos. Cuando es posible, se compran ediciones enteras con ese fin, y lo mismo hacen con los derechos de autor. Hay otros métodos, pero sólo describo lo que he podido comprobar fehacientemente. Poseo un amplio listado de libros y autores que han corrido con esta suerte, los cuales no figuran en los listados “oficiales” de libros perseguidos o desaparecidos.
También se suele perseguir o castigar a los autores de estos libros. Es muy común que sean amenazados, acorralados o perseguidos de diversas formas. Son frecuentes los robos de manuscritos, conozco varios de estos casos, sabotajes durante la impresión, etc. Por escribir libros opuestos al sistema demiúrgico muchos autores han sido desprestigiados, encarcelados o encerrados en manicomios, y no sólo en los países comunistas, pues en las dictaduras “democráticas” sucede lo mismo.
Muchos autores recalcitrantes han muerto misteriosamente, de enfermedades o accidentes extraños, nunca exhaustivamente investigados. Actualmente, los escuadrones de exterminio del demiurgo disponen de medios inmensamente eficaces para disfrazar sus homicidios. Tal ha sido
generalmente el destino de los grandes rebeldes y opositores al demiurgo y su obra. En este mundo creado, el demiurgo y sus agentes tienen todas las de ganar, pues este es su reino: el reino del demiurgo. Este reino es para el Gnóstico todo lo contrario: el campo enemigo donde él
debe actuar. Todo, absolutamente todo lo creado estará contra él. La guerra del Gnóstico, por lo tanto, deberá ser de la misma manera: total.
Tomemos el caso de Mani, el gran maestro Gnóstico fundador de la religión maniquea, a la que San Agustín perteneció durante nueve años. Mani existió realmente, no se trata de un personaje ficticio de una religión demiúrgica más. Temiendo que sus enseñanzas fueran distorsionadas, Mani escribió varias obras, las cuales fueron perseguidas y destruidas u ocultadas durante siglos. Cuando se creían perdidas para siempre, fue encontrada toda una biblioteca maniquea en China, en el siglo XX. Eso fue un milagro como el de Nag Hammadi. Estuvieron ocultas casi mil quinientos años. Mani, quien jamás renunció a su prédica, fue perseguido, encarcelado y torturado hasta la muerte por sacerdotes del demiurgo en la antigua Persia. Una versión dice que Mani fue despellejado vivo. Le arrancaron la piel y la rellenaron con paja para ser exhibida en las puertas de la ciudad, como advertencia para los enemigos del dios creador. Otra versión sostiene que Mani fue despellejado después de muerto. Fuertemente inmovilizado con cadenas, vivió veintiséis días de intensos sufrimientos y murió. Por todo esto se habla de la “crucifixión de Mani”. Así como el demiurgo encadena a los Espíritus, así los sirvientes del demiurgo encadenaron a Mani. Pero Mani no era un hombre común, Mani fue un liberado en vida. La tortura y la muerte no pueden afectar a quienes han realizado su Espíritu, al contrario, les producen risa.
Tomemos otro caso entre muchos, el de Zenón de Elea. Encarcelado y amarrado, durante las torturas a que era sometido, Zenón le dijo al torturador: “Acércate y te diré al oído todo lo que quieres saber”. Cuando el torturador se acercó, Zenón le arrancó la oreja con los dientes. El torturador, enloquecido, le dijo que le aplicaría torturas aún más fuertes hasta obligarlo a renunciar a sus concepciones. La respuesta de Zenón fue la siguiente: se cortó la lengua con
sus dientes y la arrojó a los pies del torturador. ¡Cómo pudo llegarse a creer que a un hombre como Zenón, realizado en su Espíritu, podría importarle lo que pudiera sucederle a su cuerpo y a su alma! Ese torturador, para Zenón sólo pudo haber sido un pobre payaso. La tortura y la muerte antes de retractarse, así son los Guerreros del Espíritu.

En la gigantesca dictadura del demiurgo y sus secuaces, hay otro tipo de amenazas: los castigos propinados por el mismo demiurgo. Los libros sagrados de las religiones del demiurgo están llenos de estas advertencias: el castigo de Adán y Eva, el diluvio universal, Sodoma y Gomorra, la
torre de Babel, las plagas de Egipto y muchas más. ¿Para qué sirven los castigos, además de eliminar opositores? ¿Por qué tantas amenazas y advertencias? La respuesta es simple: para infundir miedo. El miedo al castigo hace que los esclavos trabajen mejor y renuncien a escapar. Un esclavo con miedo es más obediente y sumiso. El miedo al castigo es el medio que utiliza el demiurgo para hacer que los hombres transcurran su existencia sometidos a él, obedeciendo sus mandamientos. Para el demiurgo, el mejor esclavo es el que le teme y obedece mejor. El desea que sus esclavos desperdicien sus vidas trabajando para su causa, pensando que cuando mueran “van a ir al cielo”. Ese es el esclavo perfecto para el demiurgo. El desea que los hombres envejezcan sin rebelarse, sin despertar, sin liberar su Espíritu. Para eso es el miedo y para eso la conspiración: para que nadie pueda hallar nunca el Camino de la Liberación y del Retorno. En la dictadura del demiurgo, los hombres solo tienen libertad para elegir entre varias cosas iguales. Entre varias cosas que son la misma cosa, pero con disfraces diferentes. Hay libertad de pensamiento siempre que no se contradiga el “pensamiento políticamente correcto”, impuesto por los representantes del demiurgo.
Tenemos el caso de las religiones. Parecen todas diferentes, pero no lo son. Son la misma cosa, sólo son diferentes sus apariencias. Su dios es el mismo: el creador del mundo. Lo llamen Brahma, Baal, Yahvé, Jehová, Moloch, Dios Padre o Alá, es siempre el mismo: el demiurgo. Se pretende dar una falsa impresión de diversidad, para que el hombre dormido crea que hay una variedad de caminos, con destinos diferentes y libertad para elegir entre ellos. Incluso hay hombres que se trasladan de una religión a otra, creyendo que con ello hacen un gran cambio.
A René Guenón, por ejemplo, le llevó años de estudio y meditación tomar la decisión de abandonar el cristianismo para ingresar en la masonería y el martinismo, para luego renunciar a todo eso y convertirse en musulmán. Él creyó dar saltos inmensos con esos cambios, pero lo único que hizo fue dar vueltas en círculo dentro de su laberinto. Su búsqueda no sirvió de nada. Y si Guenón, erudito en estos temas, tuvo semejante confusión, ya pueden imaginar lo que será en el hombre común. El caso de San Agustín es más patético todavía. Perteneciendo al maniqueísmo en calidad de oyente, y a punto de conocer personalmente a Mani, resolvió abandonar todo y convertirse al cristianismo. Con su apostasía, Agustín rechazó al Incognoscible y al Espíritu, optando por el demiurgo y por el alma. Se opuso al radical ascetismo maniqueo, para encolumnarse tras la nueva religión, mundana e imperial, de Constantino: el cristianismo.

Hay personas medianamente despiertas que, temerosas de pasar su vida durmiendo, buscan desesperadamente una salida en el laberinto en que están inmersas. Por desgracia, la mayoría ignora que las opciones que aparecen ante sus ojos son la misma cosa, sólo que con ropajes diferentes. El objetivo de todo esto es que nunca puedan encontrar la salida,
que nunca puedan darse cuenta que las religiones, como los partidos políticos, son la misma cosa con diferentes rostros, todas bajo el control del demiurgo.
El Dalai Lama dijo hace unos años que no debería haber una sola religión, sino un “supermercado de religiones”. Es esta la mejor manera de hacer que los hombres crean que están rodeados de una diversidad de opciones diferentes, y que cuando eligen obtienen algo que es distinto al resto.
La finalidad de estas religiones es mantener al hombre adormecido, conduciéndolo a ciegas hacia el matadero final: su fusión con el demiurgo.

sábado, 20 de agosto de 2016

LA RELIGIÓN PROHIBIDA (5)


LA CREACION DEL HOMBRE

Casi todos los mitos religiosos nos relatan que el hombre “fue creado por Dios de barro”. La biblia lo dice claramente: “Y el señor Dios formó al hombre del polvo del suelo y sopló en sus narices el aliento de la vida, y el hombre vino a ser alma viviente”. Aquí se nos está diciendo que dios creó el cuerpo y el alma del hombre. Una parte física y material, el cuerpo de barro, y una parte anímica, el soplo del creador, llamado alma. Ahora bien, si el hombre fuera solamente un cuerpo y un alma sería como un animal, un animal más. Un poco más inteligente que otros, puede ser, pero internamente no sería muy diferente a un animal. Más
adelante veremos que el hombre, después de su supuesta “caída”, el hombre tal como lo conocemos ahora, es más que un cuerpo y un alma. Aunque dios creó el cuerpo y el alma hay otra cosa más. Hay un Espíritu increado, no creado por dios, que ha sido aprisionado, adosado, al alma del hombre. La biblia no lo dice, porque la biblia habla de lo creado por dios y dios creó el cuerpo y el alma. Pero el hombre tiene un cuerpo, un alma y un Espíritu, así lo sostienen los Gnósticos. Ese Espíritu, no creado por el dios creador, ¿De donde ha venido? ¿Por qué está allí?, ya lo iremos viendo en los próximos temas. El hombre en el Edén, en el “paraíso” donde fue colocado por dios, no sabía quien era, cumplía órdenes. Ponerles nombres a los animales, por ejemplo, ser una especie de administrador, de representante del dios creador. Allí, en ese “vergel” que dios había preparado para él, estaba como dormido, no sabía quien era ni de donde venía. El
hombre tomó conciencia de quien era, se encontró consigo,mismo, sólo después de lo que se llamó “pecado”, después de la Desobediencia, cuando comió el fruto prohibido y fue expulsado del paraíso. Ya lo veremos también más adelante. Dios creó el cuerpo y el alma, hemos dicho. Para los Gnósticos toda la creación es satánica, es mala, proviene de un satanás creador, de un demiurgo satánico. Entonces, no
sólo el cuerpo, sino también el alma del hombre son algo malo y satánico.


7. EL DIOS INCOGNOSCIBLE
Para los Gnósticos, por encima del dios creador del mundo y del hombre hay otro Dios. El dios creador no es el único dios. Hay por sobre él otro Dios, infinitamente superior y perfecto. Este Dios, incognoscible para el hombre, está fuera de toda esta creación infernal e impura. Ningún hombre puede conocer a este Dios a través de su cuerpo y de su alma, imperfectos y creados. Sólo el hombre que se ha liberado totalmente de eso puede tener una pequeña idea, un atisbo de intuición de lo que es ese Dios que está por fuera de este universo finito y limitado. Los antiguos griegos lo llamaban Theos Agnostos, el Dios Desconocido. Este Dios, es para los Gnósticos un Dios no solo desconocido sino imposible de conocer, es incognoscible, por lo menos con nuestra forma ordinaria de ser en este mundo. Con un cuerpo y un alma no podemos tener la
más pequeña idea de lo que es este Dios que está afuera de todo este sistema y que es infinitamente superior al dios creador. Un Dios imposible de conocer desde este cuerpo y alma, desde este universo creado de materia y tiempo. Este Dios no pertenece a un plano material sino a uno antimaterial. Es un Dios antimateria, aborrecedor del infierno de la materia creada, al que desde nuestro estado actual no podemos conocer, ni siquiera imaginar. Es un misterio para nosotros. Este Dios Incognoscible es como un fuego inconcebible e inefable. El es el Dios Verdadero. Pero este Dios Verdadero, normalmente inalcanzable, no puede manifestarse ni actuar en este universo impuro e imperfecto, en estas dimensiones infernales de la materia y el tiempo creados. Sólo en casos excepcionales el Dios Incognoscible puede penetrar en estas dimensiones, a través de algún Enviado suyo, a fin de producir algún cambio, generalmente pequeño, con gran sacrificio. Esto sucede sólo en muy raras ocasiones, cuando están dadas las condiciones aquí, raras ocasiones, cuando están dadas las condiciones aquí, en este infierno material.


8. CUERPO, ALMA Y ESPIRITU
La Gnosis sostiene que el hombre está formado por tres sustancias, por tres elementos: el cuerpo, el alma y el Espíritu. Vimos que el cuerpo y el alma han sido creados por el dios creador. Creó el cuerpo de barro y lo dotó de un alma mediante un soplo sobre la nariz del hombre. Tanto el cuerpo como el alma han sido creados por el demiurgo o dios creador.
Pero hay otro elemento en el hombre que es increado, que no ha sido creado por el dios creador. Un elemento que proviene de otro mundo, de otro reino, del reino incognoscible de la antimateria que en nuestro estado habitual no podemos siquiera imaginar. Esa chispa antimaterial sin la cual ningún ser humano hubiera evolucionado hasta llegar a ser lo que es ahora, es el Espíritu. Sin Él, ningún ser humano se hubiera diferenciado jamás del animal común. Esa chispa especial, increada, divina, proveniente del reino incognoscible, es denominada Espíritu por los gnósticos.
Según la Gnosis, este Espíritu, que no pertenece a este mundo, ha sido atraído y encadenado a la materia infernal, para utilizarlo, para usarlo como un agente impulsor de la evolución material. Se ha atrapado en cada hombre una chispa increada, para poner en marcha todo este proceso
evolucionario que está dentro de los planes del dios creador.
Se utilizan Espíritus divinos para impulsar la evolución en este plano de materia impura.
El Espíritu, totalmente antimaterial, está atrapado, encadenado, aprisionado en este infierno, y sufriendo un tormento que para nosotros es imposible de imaginar. Es esta una de las torturas más crueles que pueden existir, se halla amarrado a este mundo infernal de la materia, a ese engendro creado al que llamamos cuerpo-alma del hombre, el cual tiene su razón de ser dentro del Gran Plan del dios creador. El Espíritu se halla encadenado contra su voluntad y es utilizado en cada ser humano para impulsar su evolución, para el cumplimiento de los planes del dios creador. Es un terrible tormento para el Espíritu: aprisionado en contra de su voluntad, en un mundo que le es extraño e impuro, siendo usado como objeto descartable para el cumplimiento de una planificación demencial. Luego veremos esto con más detalle. En otras palabras, el Espíritu, la chispa antimateria increada, proveniente del reino incognoscible, está encerrado dentro de una burbuja, podemos decir así, de materia creada y está allí encadenado, crucificado en la materia.
Sostienen los Gnósticos que si no hubiera sido por la utilización del Espíritu, el hombre nunca hubiera dejado de ser un homínido. Nunca hubiera evolucionado como lo ha hecho. Vemos con qué rapidez en pocos miles de años evolucionó en forma tan acelerada, tan diferente a los millones
de años que vivió siendo poco más que un mono.
Tal es el poder que provee el Espíritu a este engendro creado, llamado cuerpo-alma. Este Espíritu está atado al alma, si el hombre muriera se retiraría el alma y se llevaría consigo el Espíritu atado a ella. No está atado al cuerpo, está comunicado al cuerpo a través del alma, su encadenamiento
es con el alma. El alma es el soplo del dios creador sobre el hombre, que lo convierte en “alma viviente”. El alma es lo anímico en el ser humano, no es algo inmensamente superior o infinito como es el Espíritu increado.
Sobre estos temas hay mucha confusión, por eso a través de esta descripción de las ideas Gnósticas estamos mostrando una postura diferente a las habituales, para que cada uno tenga al menos la opción de poder elegir algo que sea realmente distinto al resto.
El Espíritu está en este mundo pero no pertenece a este mundo. No pertenece a este mundo ilusorio de materia y tiempo. Podemos deducir que si esta chispa de fuego antimateria, el Espíritu, pudiera liberarse de su prisión, su comportamiento en este mundo sería de una inmensa agresividad.
Primero, porque es antimateria, aborrece la materia. Segundo, porque ha sido atrapado arteramente y encadenado contra su voluntad durante miles de años. Lógicamente que, en un nivel abstracto de razonamiento, si ese Espíritu pudiera liberarse, lo primero que haría sería destruir. Destruir todo lo que lo rodea en este mundo impuro, el mundo creado, el universo material del dios creador. No es un ser malo, sería un comportamiento normal en alguien
que ha sido confinado en una prisión, injustamente y contra su voluntad. Con engaños y contra su voluntad, dicen los Gnósticos. Aprisionado en un mundo que no le pertenece, en un mundo satánico de materia y tiempo.
Un dato interesante es que, en los comienzos del cristianismo, se sostenía la existencia de estas tres entidades en el hombre: cuerpo, alma y Espíritu. San Pablo, por ejemplo,
aceptaba eso. San Agustín también. Luego fue perdiéndose a través de los concilios y decisiones papales de la iglesia de Roma. Quedó como hoy lo conocemos: cuerpo y alma. Ahora parecería que el alma es lo divino en el hombre y no hay nada más. ¿Qué pasó con el Espíritu? Ha desaparecido. Llama la atención que haya ocurrido así. Luego volveremos sobre esto.

jueves, 18 de agosto de 2016

LUCHA ENTRE LA MATERIA Y EL ESPÍRITU (VISIÓN GNÓSTICA DE LA HISTORIA) I



LUCHA ENTRE EL BIEN Y EL MAL
UNA VISIÓN GNÓSTICA DE LA HISTORIA DE LA TIERRA Y LA HUMANIDAD
ENTRESACADO DEL LIBRO “BELICENA VILLCA” 
DE NIMROD DE ROSARIO


El Secreto, en síntesis, consiste en lo siguiente: la familia mantuvo oculto, mientras transcurrían catorce generaciones americanas, el Instrumento de un antiguo Misterio, tal vez del más antiguo Misterio de la Raza Blanca. Tal Instrumento permite a los Iniciados Hiperbóreos conocer el Origen extraterrestre de Espíritu humano y adquirir la Sabiduría suficiente como para regresar a ese Origen, abandonando definitivamente el demencial Universo de la Materia y la Energía, de las Formas Creadas. ¿Cómo llegó a nuestro poder ese Instrumento? En principio le diré que fue traído a América por mi antepasado Lito de Tharsis, quien desembarcó en Colonia Coro en 1534 y, pocos años después, fundó la rama tucumana de la Estirpe. Pero esto no responde a la pregunta. En verdad, para aproximarse a la respuesta directa, habría que remontarse a miles de años atrás, hasta la época de los Reyes de mi pueblo, de quienes Lito de Tharsis era uno de los últimos descendientes. Aquel pueblo, que habitaba la península ibérica desde tiempos
inmemoriales, lo denominaré, para simplificar, “ibero” en adelante, sin que ello signifique adherir a ninguna teoría antropológica o racial moderna: la verdad es que poco se sabe actualmente de los iberos pues todo cuanto a ellos se refería, especialmente a sus costumbres y creencias, fue sistemáticamente destruido u ocultado por nuestros enemigos. Ahora bien, en la Epoca en que conviene comenzar a narrar esta historia, los iberos se hallaban divididos en dos bando  irreconciliables, que se combatían a muerte mediante un estado de guerra permanente. Los motivos de esa enemistad no eran menores: se basaban en la práctica de Cultos esencialmente contrapuestos, en la adoración de Dioses Enemigos. Por lo menos esto era lo que veían los miembros corrientes de los pueblos combatientes. Sin embargo, las causas eran más profundas y los miembros de la Nobleza gobernante, Reyes y jefes, las conocían con bastante claridad. Según se susurraba en las cámaras más reservadas de las cortes, puesto que se trataba de un secreto celosamente guardado, había sido en los días posteriores al Hundimiento de la Atlántida cuando, procedentes del Mar Occidental, arribaron a los continentes europeo y africano grupo de sobrevivientes pertenecientes a dos Razas diferentes: unos eran blancos, semejantes a los miembros de mi pueblo, y los otros eran de tez más morena, aunque sin ser completamente negros como los africanos. Estos grupos, no muy numerosos, poseían conocimientos asombrosos, incomprensibles para los pueblos continentales, y poderes terribles, poderes que hasta entonces sólo se concebían como atributos de los Dioses. Así pues, poco les costó ir dominando a los pueblos que hallaban a su paso. Y digo “que hallaban a su paso” porque los 
Atlantes no se detenían jamás definitivamente en ningún lugar sino que constantemente avanzaban hacia el Este. Mas tal marcha era muy lenta pues ambos grupos se hallaban abocados a muy difíciles tareas, las que insumían mucho tiempo y esfuerzo, y para concretar las cuales necesitaban el apoyo de los pueblos nativos. En realidad, sólo uno efectuaba la tarea más “pesada” puesto que, luego de estudiar prolijamente el terreno, se dedicaba a modificarlo en ciertos lugares especiales mediante enormes construcciones megalíticas: menires, dólmenes, cromlechs, pozos, montes artificiales, cuevas, etc. Aquel grupo de “constructores” era el de Raza blanca y había precedido en su avance
al grupo moreno. Este último, en cambio, parecía estar persiguiendo al grupo blanco pues su desplazamiento era aún más lento y su tarea consistía en destruir o alterar mediante el tallado de ciertos signos las construcciones de aquellos.
Como decía, estos grupos jamás se detenían definitivamente en un sitio sino que, luego de concluir su tarea, continuaban moviéndose hacia el Este. Empero, los pueblos nativos que permanecían en los primitivos solares ya no podían retornar jamás a sus antiguas costumbres: el contacto con los Atlantes los había trasmutado culturalmente; el recuerdo de los hombres semidivinos procedentes del Mar Occidental no podría ser olvidado por milenios. Y digo esto para plantear el caso improbable de que algún pueblo continental hubiese podido permanecer indiferente tras su partida: realmente esto no podía ocurrir porque la partida de los Atlantes no fue nunca brusca sino cuidadosamente planificada, 
sólo concretada cuando se tenía la seguridad de que, justamente, los pueblos nativos se encargarían de cumplir con una “misión” que sería del agrado de los Dioses. Para ello habían trabajado pacientemente sobre las mentes dúctiles de ciertos miembros de las castas gobernantes, convenciéndolos sobre la conveniencia de convertirse en sus representantes frente al pueblo. Una oferta tal sería difícilmente rechazada por quien detente una mínima vocación de Poder pues significa que, para el pueblo, el Poder de los Dioses ha sido transferido a algunos hombres privilegiados, a algunos de sus miembros especiales: cuando el pueblo ha visto una vez el Poder, y guarda memoria de él, su ausencia posterior pasa inadvertida si allí se encuentran los representantes del Poder. Y sabido es que los regentes del Poder acaban siendo los sucesores del Poder. A la partida de los Atlantes, pues, siempre quedaban sus representantes, encargados de cumplir y hacer cumplir la misión que “agradaba a los Dioses”.
¿Y en qué consistía aquella misión? Naturalmente, tratándose del compromiso contraído con dos grupos tan diferentes como el de los blancos o los morenos Atlantes no podía referirse sino a dos misiones esencialmente opuestas. No describiré aquí los objetivos específicos de tales “misiones” pues serían absurdas e incomprensibles para Ud. Diré, en cambio, algo sobre las formas generales con que las misiones fueron impuestas a los pueblos nativos.
No es difícil distinguir esas formas e, inclusive, intuir sus significados, si se observan los hechos con la ayuda del siguiente par de principios. En primer lugar, hay que advertir que los grupos de Atlantes desembarcados en los continentes luego del “Hundimiento de la Atlántida” no eran meros sobrevivientes de una catástrofe natural, algo así como simples náufragos, sino hombres procedentes de una guerra espantosa y total: el Hundimiento de la Atlántida es, en rigor de la verdad, sólo una consecuencia, el final de una etapa en el desarrollo de un conflicto, de una Guerra Esencial que comenzó mucho antes, en el Origen extraterrestre del Espíritu humano, y que aún no ha concluido. Aquellos hombres, entonces, actuaban regidos por las leyes de la guerra: no efectuaban ningún movimiento que contradijese los principios de la táctica, que pusiese en peligro la Estrategia de la Guerra Esencial.
La Guerra Esencial es un enfrentamiento de Dioses, un conflicto que comenzó en el Cielo y luego se extendió a la Tierra, involucrando a los hombres en su curso: en el teatro de operaciones de la Atlántida sólo se libró una Batalla de la Guerra Esencial; y en el marco de las fuerzas enfrentadas, los grupos de Atlantes que he mencionado, el blanco y el moreno, habían intervenido como planificadores o estrategas de su bando respectivo. Es decir, que ellos no habían sido ni los jefes ni los combatientes directos en la Batalla de la Atlántida: en la guerra moderna sus funciones serían las propias de los “analistas de Estado Mayor”...; salvo que aquellos “analistas” no disponían de las elementales computadoras electrónicas programadas con “juegos de guerra”, como los modernos, sino de un instrumento incomparablemente más perfecto y temible: el cerebro humano especializado hasta el extremo de sus posibilidades. En resumen, cuando se produce el desembarco continental, una fase de la Guerra Esencial ha terminado: los jefes se han retirado a sus puestos de comando y los combatientes directos, que han sobrevivido al aniquilamiento mutuo, padecen diversa suerte: algunos intentan reagruparse y avanzar hacia una vanguardia que ya no existe, otros creen haber sido abandonados en el frente de batalla, otros huyen en desorden, otros acaban por extraviarse o terminan olvidando la Guerra Esencial. En resumen, y empleando ahora el lenguaje con que los Atlantes blancos hablaban a los pueblos continentales, “los Dioses habían dejado de manifestarse a los hombres porque los hombres habían fallado una vez más: no resolvieron aquí el conflicto, planteado a escala humana, dejando que el problema regresase al Cielo y enfrentase nuevamente a los Dioses. Pero los Dioses se habían enfrentado por razón del hombre, porque unos Dioses querían que el Espíritu del hombre regresase a su Origen, más allá de las estrellas, mientras que otros pretendían mantenerlo prisionero en el mundo de la materia”.
Los Atlantes blancos estaban con los Dioses que querían liberar al hombre del Gran Engaño de la Materia y afirmaban que se había luchado reciamente por alcanzar ese objetivo. Pero el hombre fue débil y defraudó a sus Dioses Liberadores: permitió que la Estrategia enemiga ablandase su voluntad y le mantuviese sujeto a la Materia, impidiendo así que la Estrategia de los Dioses Liberadores consiguiese arrancarlo de la Tierra. Entonces la Batalla de la Atlántida concluyó y los Dioses se retiraron a sus moradas, dejando al hombre prisionero de la Tierra pues no fue capaz de comprender su miserable situación ni dispuso de fuerzas para vencer en la lucha por la libertad espiritual. Pero Ellos no abandonaron al hombre; simplemente, la Guerra ya no se libraba en la Tierra: un día, si el hombre voluntariamente reclamaba su lugar en el Cielo, los Dioses Liberadores retornarían con todo su Poder y una nueva oportunidad de plantear la Batalla sería aprovechada; sería esta vez la Batalla Final, la última oportunidad antes de que los Dioses regresasen definitivamente al Origen, más allá de las estrellas; entretanto, los “combatientes directos” por la libertad del Espíritu que se reorientasen en el teatro de la Guerra, los que recordasen la Batalla de la Atlántida, los que despertasen del Gran Engaño, o los buscadores del Origen, deberían librar en la Tierra un durísimo combate personal contra las Fuerzas Demoníacas de la Materia, es decir, contra fuerzas enemigas abrumadoramente superiores... y vencerlas con voluntad heroica: sólo así serían admitidos en el “Cuartel General de los Dioses”.
En síntesis, según los Atlantes blancos, “una fase de la Guerra Esencial había finalizado, los Dioses se retiraron a sus moradas y los combatientes estaban dispersos; pero los Dioses volverían: lo probaban las presencias atlantes allí, construyendo y preparando la Tierra para la Batalla Final. En la Atlántida, los Atlantes morenos fueron Sacerdotes que propiciaban un culto a los Dioses Traidores al Espíritu del hombre; los Atlantes blancos, por el contrario, pertenecían a una casta de Constructores Guerreros, o Guerreros Sabios, que combatían en el bando de los Dioses Liberadores del Espíritu del hombre, junto a las castas Noble y Guerrera de los hombres rojos y amarillos, quienes nutrieron las filas de los ‘combatientes directos’. Por eso los Atlantes morenos intentaban destruir sus obras: porque adoraban a las Potencias de la Materia y obedecían el designio con que los Dioses Traidores encadenaron el Espíritu a la naturaleza animal del hombre”.
Los Atlantes blancos provenían de la Raza que la moderna Antropologíadenomina “de cromagnón”. Unos treinta mil años antes, los Dioses Liberadores, que por entonces gobernaban la Atlántida, habían encomendado a esta Raza una misión de principio, un encargo cuyo cumplimiento demostraría su valor y les abriría las puertas de la Sabiduría: debían expandirse por todo el mundo y exterminar al animal hombre, al homínido primitivo de la Tierra que sólo poseía
cuerpo y Alma, pero carecía de Espíritu eterno, es decir, a la Raza que la Antropología ha bautizado como de “neanderthal”, hoy extinguida. Los hombres de Cromagnón cumplieron con tal eficiencia esa tarea, que fueron recompensados por los Dioses Liberadores con la autorización para reagruparse y habitar en la Atlántida. Allí adquirieron posteriormente el Magisterio de la Piedra y fueron conocidos como Guardianes de la Sabiduría Lítica y Hombres de Piedra. Así, cuando digo que “pertenecían a una casta de Constructores Guerreros”, ha de entenderse “Constructores en Piedra”, “Guerreros Sabios en la Sabiduría Lítica”. Y esta aclaración es importante porque en su Ciencia sólo se trabajaba con piedra, vale decir, tanto las herramientas, como los materiales de su Ciencia, consistían en piedra pura, con exclusión explícita de los metales. “Los metales, explicarían luego a los iberos, representaban a las Potencias de la Materia y debían ser cuidadosamente evitados o manipulados con mucha cautela”. Al transmitir la idea de que la esencia del metal era demoníaca, los Atlantes blancos buscaban evidentemente infundir un tabú en los pueblos aliados; tabú que, por lo menos en caso del hierro, se mantuvo durante varios
miles de años. Inversamente los Atlantes morenos, sin dudas por su particular relación con las Potencias de la Materia, estimulaban a los pueblos que les eran adictos a practicar la metalurgia y la orfebrería, sin restricciones hacia ningún metal.
Y éste es el segundo principio que hay que tener presente, Dr. Arturo Siegnagel: los Atlantes blancos encomendaron a los iberos que los habían apoyado en las construcciones megalíticas una misión que puede resumirse en la siguiente forma: proteger las construcciones megalíticas y luchar a muerte contra los aliados de los Atlantes morenos. Estos últimos, por su parte, propusieron a los iberos que los secundaban una misión que podría formularse así: “destruir las construcciones megalíticas; si ello no fuese posible, modificar las formas de las piedras hasta neutralizar las funciones de los conjuntos; si ello no fuese posible, grabar en las piedras los signos
arquetípicos de la materia correspondientes con la función a neutralizar; si ello no fuese posible, distorsionar al menos el significado bélico de la construcción convirtiéndola en monumento funerario; etc.”; y: “combatir a muerte a los aliados de los Atlantes blancos”. Como dije antes, luego de imponer estas “misiones” los Atlantes continuaban su lento avance hacia el Este; los blancos siempre seguidos a prudente distancia por los morenos. Es por eso que los morenos tardaron miles de años en alcanzar Egipto, donde se asentaron e impulsaron una civilización que duró otros tantos miles de años y en la cual oficiaron nuevamente como Sacerdotes de las Potencias de la Materia. Los Atlantes blancos, en tanto, siguieron siempre hacia el Este, atravesando Europa y Asia por una ancha franja que limitaba en el Norte con las regiones árticas, y desapareciendo misteriosamente al fin de la pre-Historia: sin embargo, tras de su paso, belicosos 
pueblos blancos se levantaron sin cesar, aportando lo mejor de sus tradiciones guerreras y espirituales a la Historia de Occidente.
Mas ¿a dónde se dirigían los Atlantes blancos? A la ciudad de K'Taagar o Agartha, un sitio que, conforme a las revelaciones hechas a mi pueblo, era el refugio de algunos de los Dioses Liberadores, los que aún permanecían en la Tierra aguardando la llegada de los últimos combatientes. Aquella ignota ciudad había sido construida en la Tierra hacía millones de años, en los días en que los Dioses Liberadores vinieron de Venus y se asentaron sobre un continente al que nombraron “Hiperbórea” en recuerdo de la Patria del Espíritu. En verdad, los Dioses Liberadores afirmaban provenir de “Hiperbórea”, un Mundo Increado, es decir, no creado por el Dios Creador, existente “más allá del Origen”: al Origen lo denominaban Thule y, según Ellos, Hiperbórea significaba “Patria del Espíritu”. Había, así, una Hiperbórea original y una Hiperbórea terrestre; y un centro isotrópico Thule, asiento del Gral, que reflejaba al Origen y que era tan inubicable como éste. Toda la Sabiduría espiritual de la Atlántida era una herencia de Hiperbórea y por eso los Atlantes blancos se llamaban a sí mismos “Iniciados Hiperbóreos”. La mítica ciudad de Catigara o Katigara, que figura en todos los mapas anteriores al descubrimiento de América situada “cerca de China”, no es otra que K'Taagar, la morada de los Dioses Liberadores, en la que sólo se permite entrar a los Iniciados Hiperbóreos o Guerreros Sabios, vale decir, a los Iniciados en el Misterio de la Sangre Pura. Finalmente, los Atlantes partieron de la península ibérica. ¿Cómo se aseguraron que las “misiones” impuestas a los pueblos nativos serían cumplidas en su ausencia? Mediante la celebración de un pacto con aquellos miembros del pueblo que iban a representar el Poder de los Dioses, un pacto que de no ser cumplido arriesgaba algo más que la muerte de la vida: los colaboradores de los Atlantes morenos ponían en juego la inmortalidad del Alma, en tanto que los seguidores de los Atlantes blancos respondían con la eternidad del Espíritu. Pero ambas misiones, tal como dije, eran esencialmente diferentes, y los acuerdos en que se fundaban, naturalmente, también lo eran: el de los Atlantes blancos fue un
Pacto de Sangre, mientras que el de los Atlantes morenos consistió en un Pacto Cultural.
Evidentemente, Dr. Siegnagel, esta carta será extensa y tendré que escribirla en varios días. Mañana continuaré en el punto suspendido del relato, y haré un breve paréntesis para examinar los dos Pactos: es necesario, pues de allí surgirán las claves que le permitirán interpretar mi propia historia.

viernes, 12 de agosto de 2016

LA GNOSIS : FILOSOFÍA Y RELIGIÓN PROHIBIDAS


No podemos pensar que sabemos algo, si antes no hemos leído e investigado todas las posibles fuentes de conocimiento, que la humanidad ha tenido o ha recibido.
LA GONOSIS, un saber oculto y perseguido como hereje durante siglos por las Iglesias y filósofos occidentales, se remonta, por lo menos a unos tiempos tan lejanos que es un conocimiento anterior a cualquier otro sobre la Tierra.
Algunos autores nos la presentan como recibida y salvada por los Atlantes que sobrevivieron al hundimiento de la Atlántida. Es curioso comprobar que Platón, que conocía la historia de aquel continente, muestre también en sus diálogos indicios o insinuaciones que constituyen parte del saber esotérico que los griegos conocían. Uno de los requisitos de este saber antiguo y subterráneo era el secreto, pues este conocimiento ha sido perseguido y rechazado desde la prehistoria.
Como no soy especialista en la materia, lo iremos aprendiendo juntos. No se trata de creer o no creer; se trata de conocer otra versión tan válida como la ortodoxa. Las primeras nociones, que nos permitirán posteriormente, profundizar en el tema, pertenecen al libro "La religión prohibida", de Herrou Aragón, Jose María. Está Internet, en formato PDF para bajar con Adobe y también en formato e-Book.

1. LA GNOSIS PRIMORDIAL
La Gnosis Primordial es un conocimiento, una sabiduría. Gnosis significa eso: conocimiento. Pero no nos referimos a un conocimiento cualquiera. La Gnosis es un conocimento muy especial. Es un conocimiento que produce una inmensa transformación en quien lo recibe. Un conocimiento capaz nada menos que de despertar y liberar Espiritualmente a quien lo obtenga. Su propósito es ese: echar luz sobre la situación humana, tratando de despertar a los hombres y ayudarlos a escapar de la prisión en que se encuentran. Por eso este conocimiento ha sido tan perseguido a lo largo de la historia, porque es un conocimiento considerado peligroso por los poderes religiosos y políticos que rigen desde las sombras a la humanidad. Por esa razón
la Gnosis siempre ha permanecido oculta. La gnosis es un conocimiento secreto, sólo accesible al buscador que se haga merecedor de ella. Las distintas religiones en la historia humana han tratado que los seres humanos permanecieran ignorantes de este saber, de este tipo de conocimiento llamado Gnosis. Ya veremos por qué.
Lo que llamo yo Gnosis Primordial es la forma pura de la Gnosis. Es siempre la misma y nunca cambiará, mientras no cambie la situación Espiritual en que se encuentra el hombre y todo lo que llamamos “creación” o “mundo”. Las pocas veces que la Gnosis Primordial apareció abiertamente en la historia, no lo hizo en su forma pura, sino adaptándose a las características culturales e históricas del lugar y de la época. Por lo tanto, la Gnosis Primordial ha estado siempre detrás de casi todos los sistemas teológicos y filosóficos que han sido tachados de heréticos, prohibidos, perseguidos y forzados a ocultarse. Escudriñando en estos conocimientos prohibidos, es posible recuperar las piezas necesarias que nos permitan reconstruir la estructura completa de lo que es la Gnosis Primordial. Y si ese saber fuera descubierto y puesto por escrito, ese libro sería extremadamente poderoso y terrible. Sería el texto más peligroso del mundo, capaz de despertar y liberar a quienes lo lean y estudien. Un libro así, sería un objeto extraño dentro de este mundo creado, algo no elaborado aquí, sino venido de afuera, de otro mundo totalmente distinto a este.También sería capaz de sobrevivir a las llamas y al tiempo. A lo largo de este trabajo, trataré de aproximarme lo mejor posible a lo que fue y es la Gnosis Primordial, el saber Gnóstico en su forma pura.