lunes, 26 de septiembre de 2016

CONVERSACIONES CON DIOS ( XII )


¡Es horrible! Las condiciones bajo las cuales le pides a vuestro cuerpo que sobreviva son horribles. Pero poco o nada harás al respecto. Leerás esto, moverás la cabeza afirmativamente, mostrando arrepentimiento, y continuarás con el maltrato. ¿Y sabes por qué?

Tengo miedo de preguntártelo.

Porque no tienes ninguna voluntad de vivir.

Me parece una acusación muy dura.

No pretende ser dura, ni tampoco pretende ser una acusación. Dura es un término relativo, un juicio que has aplicado a unas palabras. "Acusación" connota culpa, y"culpa" connota delito. Aquí no hay ningún delito; por lo tanto, no hay ninguna culpa ni ninguna acusación. He hecho una simple afirmación de una verdad. Al igual que todas las afirmaciones de verdad, posee la cualidad de despertarte. 

Pero a algunas personas no les gusta que les despierten. A la mayoría. Prefieren seguir dormidas.

El mundo se halla en el estado en que se halla porque está lleno de sonámbulos. Respecto a mi afirmación, ¿qué es lo que te parece falso? No tienes ninguna voluntad de vivir. Al menos, no la has tenido hasta ahora. Si me dices que has experimentado una "conversión instantánea", revisaré mi predicción de lo que vas a hacer. Reconozco que tal predicción se basa en una experiencia pasada. ... al mismo tiempo, pretendía despertarte. A veces, cuando una persona está profundamente dormida, hay que sacudirla un poco. He visto que en tu pasado has tenido muy poca voluntad de vivir. Ahora puedes negarlo, pero en este caso tus actos hablan más fuerte que tus palabras. Si has encendido un solo cigarrillo en tu vida - mucho más si has fumado un paquete diario durante veinte años, como tú has hecho -, es que tienes muy poca voluntad de vivir. No te importa lo que haces a tu cuerpo.

¡Pero dejé de fumar hace ya unos diez años!

Después de veinte de duro castigo físico... Y si una sola vez has introducido alcohol en tu cuerpo, es que tienes muy poca voluntad de vivir.

Bebo con mucha moderación.

El cuerpo no está hecho para ingerir alcohol; perjudica a la mente.

¡Pero Jesús tomo alcohol! ¡Fue a la boda y convirtió el agua en vino!

¿Quién ha dicho que Jesús fuera perfecto?

¡Por el amor de Dios!

Dime, ¿estoy empezando a fastidiarte?

¡Nada más lejos de mí que Dios esté empezando a fastidiarme! Eso sería un poco presuntuoso, ¿no? Pero pienso que no debemos pasarnos de la raya con todo esto. Mi padre me enseño la norma de que "todo con moderación". Creo que la he seguido por lo que al alcohol se refiere.

El cuerpo puede recuperarse más fácilmente de un abuso moderado. Por lo tanto, el dicho resulta útil. Sin embargo, mantengo mi afirmación: el cuerpo no está hecho para ingerir alcohol.

Sin embargo, ¡incluso algunas medicinas contienen alcohol!

Yo no tengo ningún control sobre lo que vosotros llamáis medicinas. Mantengo mi afirmación.

Eres inflexible, ¿sabes?

Mira, la verdad es la verdad. Ahora bien, si alguien dice: "Un poco de alcohol no va a hacerte daño, y sitúa esta afirmación en el contexto de una vida tal como la vivís en este momento, tendría que estar de acuerdo con él. Pero eso no cambia la verdad de lo que he dicho. Simplemente te permite ignorarla.

Sin embargo, considera esto. Vosotros los humanos agotáis vuestros cuerpos, normalmente, entre los cincuenta y los ochenta años. Algunos duran más, pero no mucho. Otros dejan de funcionar antes, pero tampoco son mayoría. ¿Estamos de acuerdo en esto?

Sí, de acuerdo.

Bueno, pues tenemos un buen punto de partida. Ahora bien, cuando he dicho que podía estar de acuerdo con la afirmación: "Un poco de alcohol no va a hacerte daño", he matizado añadiendo: "en el contexto de una vida tal como la vivís en este momento". Fíjate: la gente parece satisfecha con la vida tal como la vive. Pero la vida - y puede ser que te sorprenda saberlo - se hizo para ser vivida de un modo totalmente distinto. Y vuestro cuerpo se concibió para durar mucho más tiempo.

¿Sí?

Sí.

¿Cuánto tiempo más?

Infinitamente más.

¿Qué significa eso?

Significa, hijo Mío, que vuestro cuerpo se concibió para durar siempre.

¿Siempre?

Sí. Léelo bien: "para siempre jamás".

¿Quieres decir que se supone que no íbamos(o que no vamos) a morir nunca?

No morís nunca. La vida es eterna. Sois inmortales. Nunca morís. Simplemente cambiáis de forma. Nunca habéis tenido por qué hacerlo. Vosotros decidisteis hacerlo, no Yo. Yo hice vuestros cuerpos para durar siempre. ¿Realmente crees que lo mejor que podía hacer Dios, lo mejor que Yo podía proponer, era un cuerpo que durara sesenta, setenta o quizás ochenta años, antes de caer en pedazos? ¿Piensas acaso que ese es el límite de mi capacidad?

Nunca pensé en plantearlo de ese modo...

¡Yo concebí vuestro magnífico cuerpo para durar siempre! Y los primeros de entre vosotros vivieron en el cuerpo prácticamente sin experimentar dolor, y sin temer a lo que ahora llamáis muerte. En vuestra mitología religiosa, simbolizáis vuestra memoria celular de aquella primera versión de seres humanos llamándoles Adán y Eva. En realidad, obviamente, fueron más de dos.

Al principio, la idea era que vuestras maravillosas almas tuvieran la oportunidad de conocerse a Sí mismas como Quienes Realmente Son a través de las experiencias ganadas en el cuerpo físico, en el mundo relativo, como ya he explicado repetidamente aquí. Esto se hizo reduciendo la indescriptible velocidad de toda vibración (en forma de pensamiento) para producir materia, incluida esa materia que llamáis el cuerpo físico.

La vida evolucionó a través de una serie de etapas, en un abrir y cerrar de ojos que para vosotros equivale a millones de años. Y en ese instante sagrado vinisteis vosotros, surgidos del mar, el agua de la vida, a la tierra y en la forma que ahora tenéis.

¡Entonces lo que dicen los evolucionistas es correcto!

Encuentro divertido - en realidad, una fuente de continua diversión - que vosotros los humanos tengáis esa necesidad de descomponerlo todo en correcto y equivocado. Nunca se os ocurre que habéis inventado esas etiquetas para ayudaros a definir lo material, y a vuestro Yo.

Nunca se os ocurre (excepto a aquellos de entre vosotros dotados de las mentes más agudas) que algo pueda ser ala vez correcto y equivocado; que sólo en el mundo de lo relativo las cosas son o lo uno o lo otro. En el mundo de lo absoluto, del tiempo sin tiempo, todas las cosas lo son todo.

No hay ni macho ni hembra, no hay ni antes ni después, no hay ni rápido ni lento, ni aquí ni allí, ni arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha; ni correcto ni equivocado. Vuestros astronautas y cosmonautas salieron ganando en este sentido. Se vieron a sí mismos propulsados hacia arriba para salir al espacio exterior, sólo para encontrarse con que, una vez allí, tenían que mirar hacia arriba para ver la Tierra. ¿O no? Tal vez estuvieran mirando hacia abajo. Pero entonces, ¿Dónde estaba el sol? ¿arriba? ¿Abajo? ¡No! Allí, a la izquierda. Así, de repente, una cosa ya no estaba ni arriba ni abajo; estaba a un lado... y, por lo tanto, todas las definiciones desaparecían. Así es Mi mundo, nuestro mundo, nuestro verdadero reino. Todas las definiciones desaparecen, haciendo difícil incluso hablar de dicho reino en términos definitorios.

La religión constituye vuestro intento de hablar de lo inefable. No realiza una función demasiado buena. No, hijo Mío, lo que dicen los evolucionistas no es correcto. Yo lo creé todo, todo, en un abrir y cerrar de ojos; en un instante sagrado, tal como afirmaron los creacionistas. Y... tuvo lugar un proceso de evolución que duró millones y millones de lo que vosotros llamáis años, tal como afirman los evolucionistas. Lo que dicen ambos es "correcto". Tal como descubrieron los cosmonautas, todo depende de cómo lo mires.

Pero la verdadera pregunta es: un instante sagrado o millones de años, ¿qué diferencia hay?

¿Puedes aceptar simplemente que en algunas de las cuestiones de la vida el misterio es demasiado grande para que podáis resolverlo? ¿Por qué no mantener el misterio como algo sagrado? ¿Y por qué no permitir que lo sagrado sea sagrado, y dejarlo así?

Supongo que tenemos una insaciable necesidad de saber.

¡Pero es que ya sabéis! ¡Ya te lo he dicho! Lo que ocurre es que no queréis saber la Verdad, sino que queréis saber la verdad tal como vosotros la entendéis. Este es el mayor obstáculo para vuestra iluminación. ¡Creéis que ya sabéis la verdad! Creéis que ya entendéis cómo es. Así, estáis  de acuerdo con todo aquello que veis, oís o leéis que coincida con el paradigma de vuestros conocimientos, y rechazáis todo aquello que no coincida. Y a esto lo llamáis aprender. A esto lo llamáis estar dispuesto a aprender. Desgraciadamente, no podéis en absoluto estar dispuestos a aprender mientras rechacéis todo lo que no sea vuestra propia verdad. Así, algunos tildarán este mismo libro de blasfemo, de obra del diablo.

Pero quién tenga oídos para oír, que oiga. Te lo aseguro: No fuisteis hechos para morir nunca. Vuestra forma física fue creada como una magnífica posibilidad, una maravillosa herramienta, un glorioso medio que os permite experimentar la realidad que habéis creado con vuestra mente, conoce el Yo que habéis creado en vuestra alma.

El alma concibe, la mente crea, el cuerpo experimenta. Así, el círculo queda completo. El alma, pues, se conoce a sí misma en su propia experiencia. Si no le gusta lo que experimenta (siente), o desea una experiencia diferente por alguna razón, simplemente concibe una nueva experiencia del Yo, y - literalmente - cambia su mente.

Pronto el cuerpo se halla inmerso en una nueva experiencia. ("Yo soy la resurrección y la Vida"fue un magnífico ejemplo de ello. ¿Cómo crees que Jesús lo hizo? ¿O acaso crees que ni siquiera ocurrió? ¡Créelo pues ocurrió!) El caso es que el alma nunca prescindirá del cuerpo o de la mente. Yo os creé como tres seres en uno, hechos a imagen y semejanza mía.

Los tres aspectos del Yo son totalmente equiparables entre sí. Cada uno tiene su función, pero ninguna función es mayor que las otras; ni, en realidad, hay ninguna función que preceda a las demás. Todas se hallan interrelacionadas de manera exactamente igual.

Concebir, crear, experimentar. Lo que concebís, lo creáis; lo que creáis, lo experimentáis; lo que experimentáis, lo concebís.

He aquí por qué se dice que, si puedes hacer que tu cuerpo experimente algo (la abundancia por ejemplo), pronto albergarás ese sentimiento en tu alma, la cual a su vez lo concebirá de una nueva manera ( a saber, abundante), ofreciendo a tu mente un nuevo pensamiento al respecto. De este nuevo pensamiento surge más experiencia, y el cuerpo empieza a vivir una nueva realidad como un estado permanente del ser.

Tu cuerpo, tu mente y tu alma (espíritu) son uno. En este sentido eres, en microcosmos, como Yo,el Todo Divino, el Todo Sagrado, la Suma y la Sustancia. Así, soy el principio y el fin de todo, la Alfa y la Omega. Ahora te explicaré el misterio último: vuestra exacta y verdadera relación conmigo.

VOSOTROS SOIS MI CUERPO.

Lo que vuestro cuerpo es respecto a vuestra mente y a vuestra alma, lo sois vosotros respecto a Mi mente y Mi alma. Por lo tanto: Todo lo que Yo experimento, lo experimento a través vuestro.
Así como vuestro cuerpo, vuestra mente y vuestra alma son uno, así también lo son Mi cuerpo, Mi mente y Mi alma. Así Jesús de Nazaret - entre otros muchos que entendieron este misterio -, afirmó una verdad inmutable cuando dijo: "El Padre y Yo somos Uno.

Pero te diré que hay verdades mucho mayores que esta, de las que algún día te enterarás; pues, del mismo modo que vosotros sois Mi cuerpo, Yo soy el cuerpo de otro.

¿Quieres decir que no eres Dios?

Sí, soy Dios, según vuestro concepto de Él; y soy Diosa, según vuestro concepto de Ella. Soy el Hacedor y el Creador de todo lo que conocéis y experimentáis, y vosotros sois Mis hijos... igual
que Yo soy el hijo de otro.

¿Estás intentando decirme que incluso Dios tiene un Dios?

Te estoy diciendo que vuestra percepción de la realidad última es más limitada de lo que creéis, y que la Verdad es más i-limitada de lo que podéis imaginar.

Te estoy dejando entrever algo de la infinidad, y del amor infinito. (Si te dejara ver mucho más, no podrías encajarlo en tu realidad; de hecho, apenas puedes encajar esto.)

¡Espera un momento! ¿Quieres decir que en realidad no estoy hablando con Dios en este
momento?

Ya te he dicho que, si concibes a Dios como tu señor y creador, del mismo modo que tu eres señor y creador de tu propio cuerpo, Yo soy el Dios de esa interpretación. Y, ciertamente, estás hablando conmigo. Ha sido una conversación deliciosa, ¿no?

Deliciosa o no, creía que estaba hablando con el auténtico Dios. El Dios de Dioses. Ya sabes: el gran jefe.

Y estás hablando con él. Puedes creerme.

Sin embargo, dices que hay alguien por encima de Ti en el orden jerárquico de las cosas.

Estamos intentando hacer algo imposible: hablar de lo inefable. Como ya he dicho, eso es lo que trata de hacer la religión. Déjame ver si puedo encontrar una manera de resumirlo. Para siempre es más tiempo del que conocéis. Eterno es más tiempo que para siempre. Dios es más de lo que imagináis. Dios es la energía que llamáis imaginación. Dios es creación. Dios es el primer pensamiento. Y Dios es la última experiencia. Y Dios es todo lo que hay entre lo uno y lo otro.

¿Has mirado alguna vez a través de un microscopio de gran potencia, o visto dibujos o películas animadas sobre moléculas, y has dicho: "¡Cielo santo, hay todo un universo ahí abajo! ¡Y para ese universo, Yo, el observador, debo parecer a Dios!"¿Has dicho eso alguna vez, o tenido un  experiencia de ese tipo?

Sí, y diría que cualquier persona que piense.

En efecto. Pues en ese caso tú mismo has vislumbrado lo que te estoy exponiendo aquí. ¿Y qué harías si te dijera que esa realidad que has vislumbrado no tiene fin?

Querría que me lo explicaras.

Coge la parte del universo más pequeña que puedas imaginar. Imagina esa partícula de materia extraordinariamente minúscula.

De acuerdo.

Ahora pártela por la mitad.

Vale.

¿Qué tienes?

Dos mitades más pequeñas.

Exactamente. Ahora pártelas por la mitad. ¿Qué tienes ahora?

Mitades más pequeñas.

Correcto. Hazlo de nuevo, una vez, y otra, y otra... ¿Qué te queda?

Partículas más y más pequeñas.

Sí, pero ¿cuándo tendrás que parar? ¿Cuántas veces puedes dividir la materia hasta que ésta deje de existir?

No lo sé. Supongo que nunca deja de existir.

¿Quieres decir que nunca podrás destruirla por completo? ¿Qué todo lo que puedes hacer es
cambiar su forma?

Eso parece.

Pues déjame que te diga que acabas de aprender el secreto de todo lo que vive y de penetrar en la
infinidad. Ahora tengo que hacerte una pregunta.

De acuerdo...

¿Hay algo que te haga pensar que la infinidad se da únicamente en una dirección? De modo que... igual que no hay límite por abajo, no lo hay por arriba...

No hay arriba ni abajo, pero entiendo lo que quieres decir. Si no hay límite para lo pequeño, es que tampoco lo hay para lo grande...

Correcto.

Si no hay límite para lo grande, es que no hay nada que sea lo más grande. Eso significa, en último término, que ¡no hay ningún Dios! O, tal vez, que todo es Dios, y no hay nada que no lo sea.

Te lo aseguro: YO SOY EL QUE SOY. Y TÚ ERES EL QUE ERES. No puedes no ser. Puedes cambiar de forma todo lo que quieras, pero no puedes dejar de ser. Pero puedes dejar de saber Quién Eres; y, de ese modo, experimentarlo sólo a medias.

Eso sería el infierno.

Exactamente. Pero no estáis condenados a él. No estáis relegados a él para siempre. Todo lo que hace falta para salir del infierno - para salir del no "saber" - es saber de nuevo. Hay muchas maneras y muchos lugares (dimensiones) donde poder hacerlo. En este momento, vosotros estáis en una de esas dimensiones. Según vuestra interpretación, es la llamada tercera dimensión.

¿Hay muchas más?

¿No te he dicho ya que en Mi Reino hay muchos palacios? Si no fuera así, no te lo habría dicho.

Entonces, no hay infierno; al menos no realmente. Quiero decir: ¡no hay ningún lugar o dimensión al que seamos condenados eternamente!

¿Qué objetivo tendría?

Sin embargo, tu límite es tu propia consciencia, puesto que tú - nosotros - eres un ser auto-creado. No puedes ser aquello que no sabes que es tu Yo. He ahí por qué se te ha dado esta vida: para que puedas conocerte a ti mismo en tu propia experiencia. Luego podrás concebirte a ti mismo como Quien Realmente Eres, y crearte a ti mismo de ese modo en tu experiencia, con lo que el círculo se completa de nuevo... aunque cada vez es mayor. Así, estás en proceso de crecimiento; o, tal como ya he indicado a lo largo de este libro, de llegar a ser. No hay ningún límite para lo que puedas llegar a ser.

¿Quieres decir que incluso puedo llegar a ser - ¿me atreveré a decirlo? - un Dios... como Tú?

¿Tú que crees?

No lo sé.

Mientras no lo sepas, no puedes. Recuerda el triángulo, la Santísima Trinidad: espíritu-mente cuerpo. Concebir-crear-experimentar. Recuerda, utilizando vuestra simbología:

ESPÍRITU SANTO = INSPIRACIÓN = CONCEBIR
PADRE = ORIGEN = CREAR
HIJO = DESCENDENCIA = EXPERIMENTAR

El Hijo experimenta la creación del pensamiento del Padre, el cual es concebido por el Espíritu Santo. ¿Puedes concebirte a ti mismo como siendo un Dios algún día?

En mis momentos de mayor locura.

Bien, pues te aseguro que ya eres un Dios. Lo que ocurre sencillamente es que no lo sabes.
¿No he Dicho Yo: <>?


CAPÍTULO 14

Bueno, pues ya está. Ya te lo he explicado todo: la vida; cómo funciona; su verdadera razón y su
auténtico objetivo. ¿Puedo servirte en algo más?

No hay nada más que pueda preguntar. Te estoy profundamente agradecido por éste increíble
diálogo. ¡Ha sido tan extenso y ha abarcado tantas cosas...! Si repaso mis preguntas originales,
veo que hemos tratado las cinco primeras, las referentes a la vida y las relaciones, el dinero y las
profesiones, y la salud. Como sabes, tenía más preguntas en aquella lista original, pero, en cierto
modo, después de todo lo que hemos tratado parecen irrelevantes.

Sí. Pero, no obstante, me las has preguntado. Vamos a responder brevemente al resto de las
preguntas, una por una. Ahora que estamos terminando el material...

¿Qué material?

El material que te he traído y te he expuesto aquí. Decía que, ahora que estamos terminado el
material, tomemos esas cuestiones pendientes y tratémoslas con brevedad.

6. ¿Cuál es la lección kármica que se supone que debo asimilar aquí? ¿Qué intento
aprender? ¿En qué he de alcanzar la maestría?

Aquí no aprendes nada. No tienes que asimilar nada. Sólo tienes que remembrar. Es decir, remembrar- Me.
¿En que has de alcanzar la maestría? Has de alcanzar la maestría en el propio arte de ser un
maestro.

7. ¿Hay algo parecido a la reencarnación ¿Cuántas vidas anteriores he tenido? ¿Qué fui en
ellas? ¿Es real la "deuda kármica"?

Es difícil creer que todavía os hagáis esta pregunta. Me resulta difícil de imaginar. ¡Ha habido tantos informes, de fuentes extremadamente fidedignas, acerca de experiencias de vidas pasadas...! Algunas de estas personas han aportado descripciones sorprendentemente detalladas de los acontecimientos, y el hecho de que sus datos hayan sido totalmente comprobables ha eliminado cualquier posibilidad de que fueran inventados o de que, de algún modo, engañaran a los investigadores y a sus seres queridos.

Puesto que insistes en la exactitud, te diré que has vivido 647 vidas pasadas. Esta es la que hace 648. En ellas, has sido de todo: rey, reina, siervo; profesor, estudiante, maestro; macho, hembra; guerrero, pacifista; héroe, cobarde; asesino, salvador; sabio, loco. ¡Has sido todo eso! No, no existe la "deuda kármica" ni nada que se le parezca; no en el sentido que tú le das en esta pregunta. Una deuda es algo que se debe pagar, que se está obligado a pagar. Vosotros no estás obligados a hacer nada.

No obstante, hay ciertas cosas que queréis hacer, que decidís experimentar. Y algunas de esas decisiones dependen de - su deseo ha sido creado por - lo que habéis experimentado anteriormente. Esto es lo que más se puede aproximar a eso que llamáis karma.

Si el karma es el deseo innato de ser cada vez mejor, de ser cada vez mayor, de evolucionar y de crecer, y de contemplar los acontecimientos y experiencias pasados desde esta perspectiva; entonces, sí, el karma existe. Pero no exige nada. Nada en absoluto. Eres, como has sido siempre, un ser con libre albedrío.

8. A veces tengo la sensación de ser un médium. ¿Existe algo parecido a "ser un médium"? ¿Lo soy yo? La gente que afirma que lo es ¿"pacta con el diablo"?

Sí, existe algo parecido a ser un médium. Tú lo eres. Todo el mundo lo es. No hay nadie que no posea eso que llamáis facultades extrasensoriales; lo que ocurre simplemente es que hay personas que no las utilizan. Utilizar vuestras facultades extrasensoriales no es más que utilizar vuestro sexto sentido.

Evidentemente, eso no es "pactar con el diablo", pues entonces Yo no os habría dado ese sentido. Y, por supuesto, no existe ningún diablo con el que pactar. Algún día - quizás en el Libro Dos - te explicaré exactamente como funcionan la energía psíquica y las facultades extrasensoriales.

¿Va a haber un Libro Dos?

Sí. Pero primero terminemos con éste.

9. ¿Es correcto ganar dinero haciendo el bien? Si yo decido realizar una obra de reconciliación en el mundo - la obra de Dios - ¿puedo hacerlo y, a la vez, disfrutar de abundancia económica? ¿O bien ambas cosas son mutuamente excluyentes?

Ya hemos tratado de eso.

10. ¿Es bueno el sexo? ¡Vamos, que cuál es el meollo de esta experiencia humana! ¿El objetivo del sexo es puramente la procreación, como afirman algunas religiones? ¿Es cierto que la santidad y la iluminación se obtienen mediante la negación - o transmutación - de la energía sexual? ¿Es correcto practicar el sexo sin amor? La sensación física ¿es suficiente razón para justificarlo?

¡Claro que el sexo es "bueno"! Una vez más: si Yo no quisiera que jugaras a determinados
juegos, no os habría dado los juguetes. ¿Acaso les das tú a tus hijos cosas con las que no quieres
que jueguen?

Juega con el sexo. ¡Juega! Es una maravillosa diversión. ¡Vaya! Si hablamos estrictamente de experiencias físicas, es precisamente la mayor diversión que podéis tener con vuestro cuerpo.

Pero ¡por el amor de Dios!, no destruyas la inocencia sexual ni el placer y la pureza de la diversión, la alegría, haciendo un mal uso del sexo. No lo utilices como instrumento de poder, o con un propósito oculto; para la gratificación del propio ego, o para ejercer la dominación; para cualquier propósito distinto de la más pura alegría y el más elevado éxtasis, dado y compartido, que es el amor, y el amor recreado, que es nueva vida. ¿Acaso no he elegido una deliciosa manera de que os multipliquéis?

Respecto a la negación, ya hemos tratado antes de ella. Nunca se ha alcanzado nada sagrado a través de la negación. Sin embargo, los deseos cambian a medida que se vislumbran realidades cada vez mayores. Por lo tanto, no resulta inusual que determinadas personas simplemente deseen menos, o ninguna, actividad sexual; o, por lo mismo, reduzcan algunas de las actividades del cuerpo. Para algunos, las actividades del alma pasan a un primer plano y se consideran, con mucho, las más placenteras.

La moraleja sería: cada uno a lo suyo, y sin juzgar a los demás. La respuesta a la última parte de tu pregunta sería: no necesitas tener una razón para nada. Simplemente, sé la causa. Sé la causa de tú experiencia. Recuerda que la experiencia produce el concepto de Yo, el concepto produce creación, y la creación produce experiencia.

¿Quieres experimentarte a ti mismo como una persona que practica el sexo sin amor? ¡Adelante! Lo harás en tanto no quieras otra cosa. Y lo único que hará - que puede hacer - que abandones esta conducta, o cualquiera, es que en ti surja un nuevo pensamiento acerca de Quien Eres. Es así de sencillo; y así de complejo.
119

domingo, 25 de septiembre de 2016

LA LUCHA DEL BIEN CONTRA EL MAL (TIO KURT II )

Capítulo XI

La ceremonia de fin de clases se realizaba, conjuntamente con otras escuelas, en un gran festival, con desfiles multitudinarios de la Juventud Hitleriana, que culminaban en el Estadio de Berlín. Allí la plana mayor del Tercer Reich, encabezada por el Führer, establecía un contacto directo con la juventud por medio de discursos y proclamas.

Papá había venido de Egipto especialmente para asistir a la graduación, siendo invitado por Rudolph Hess para concurrrir a una fiesta a celebrarse esa noche en la Cancillería. Sería ésta, a mi juicio, la oportunidad esperada para aclarar muchas incógnitas.

A las 10 en punto de la noche subimos las escaleras de mármol de la Cancillería. Papá, elegantemente vestido de jaquet, y Yo, con el uniforme de las  Hitlerjungen, no desentonábamos entre la numerosa concurrencia que ya llenaba el gran Salón del Aguila, formando distintos corrillos rumorosos de voces y de risas. Atravesamos el salón en dirección al gigantesco hogar de mármol tallado, buscando a Rudolph Hess, mientras sobre nuestras cabezas una araña de colosales dimensiones derramaba torrentes de luz, suavemente amortiguada por miles de piezas de cristal de Baccarat. Nunca había visto tanta gente distinguida e importante junta. Estaban allí todos los líderes de la Nueva Alemania, el Dr. Goebbels, el Mariscal Goering, el Reichführer Himmler, Julius Streicher, ... En un rincón apartado distinguimos a un grupo formado por Rosenberg, Rudolph Hess y Adolf Hitler. Papá, temiendo interrumpir una conversación reservada, me indicó que aguardáramos a unos pasos de distancia, mientras bebíamos una copa de champagne que solícitos mozos nos habían alcanzado.

Al cabo de un momento, Rudolph Hess reparó en nosotros y, luego de cambiar una palabra con el Führer, se acercó sonriente.

–¿Cómo están Reinaldo, Kurt? –dijo–. Vengan que les presentaré al Führer.

Era la primera vez que veía de cerca a Adolf Hitler, honor poco frecuente para un estudiante extranjero, y aunque venía preparado sabiendo que el Führer estaría en la fiesta, no se me había ocurrido que seríamos presentados.

–Adolf: el Barón Reinaldo Von Sübermann –dijo Rudolph.

El Führer saludó a Papá dándole la mano efusivamente pero sin pronunciar palabra.

–Mein patekind Kurt Von Sübermann –continuó Rudolph–. Flamante egresado del NAPOLA, piloto y soldado polígloto, futuro Ostenführer de la Waffen .

No pude evitar ruborizarme por la elogiosa presentación del Taufpate Hess.

El Führer estiró la mano, mientras me clavaba una mirada helada en los ojos. Sentí que una corriente eléctrica me corría por la columna vertebral, al tiempo que una especie de vacío estomacal cosquilleaba a la altura del ombligo. Fue una sensación de un instante, pero de un efecto terrible. Aquella mirada, y el contacto de la mano del Führer, habían obrado como un agente ácido en un cubo de leche, descomponiendo y disolviendo mi estado de ánimo. Fue un instante, repito, un sólo instante en el cual me sentí explorado por dentro.

Ya recompuesto observé con sorpresa que –algo inusual en él– una sonrisa enigmática se dibujaba en la cara del Führer.

–¿De Egipto, eh? –dijo Hitler–. Adoro Egipto, tierra maravillosa que fascinó a Napoleón y que ha producido un Camarada invalorable como Rudolph.

Rosenberg que a todo esto ya había sido presentado, observaba la escena con expresión divertida.

–Al verlo a Ud. joven Kurt –continuó Hitler– verifico que no es casualidad lo de Rudolph. Egipto es realmente un “Centro de Fuerza Espiritual”; el enigma de la Esfinge aún tiene vigencia. Ustedes son la prueba –nos tomó a Rudoph Hess y a mí, de un brazo a cada uno– de que un Orden Superior guía el destino de Alemania. Dos germanos-egipcios, que han respirado los efluvios gnósticos de Alejandría y El Cairo, conducidos por los Superiores Desconocidos hasta aquí, para poner vuestra gran capacidad espiritual al servicio de la causa Nacionalsocialista.

Al veros –siguió diciendo el Führer– comprendo lo Sagrada que es la tarea que hemos tomado sobre nuestros hombros, al fundar el Reich de los mil años. Nuestra causa no es sólo el mejor ideal por el que puede vivir y morir un germano, es también la causa de la libertad de la humanidad, de la lucha por salvar al mundo de las fuerzas oscuras, del combate final contra los elementalwesen. 

Rosenberg y Papá asentían con la cabeza a cada afirmación del Führer, quien continuaba vertiendo conceptos místicos sin permitir que nadie interrumpiera su monólogo. Me distraje pensando en el extraño poder que había experimentado al saludar al Führer. Una poderosa Fuerza emanaba de Hitler, no sabía si voluntaria o espontáneamente, y me preguntaba si este carisma no lo habría adquirido por medio de alguna técnica secreta, de algún conocimiento oculto al que unos pocos privilegiados pueden acceder.

–... entonces dígame joven Kurt ¿Quiénes son en definitiva los enemigos de Alemania? ¿Contra quién combatimos? –preguntaba Hitler dirigiéndose hacia mí.

Reaccioné ante la inesperada pregunta, con la desesperación de haber desatendido una parte de la conversación. Tres pares de ojos de Rosenberg, Hess y Papá, estaban puestos en mí esperando la respuesta. Sin embargo lo que había alcanzado a escuchar era suficiente para mí, pues la respuesta brotó sola del fondo del inconsciente.

–El Enemigo es uno solo, –afirmé categóricamente– es YHVH-Satanás. Contesté intuitivamente y de manera tan firme que no cabían rectificaciones. Miré a Papá, que se puso instantáneamente lívido, y vi la sorpresa retratada en todos los rostros.

–Muy bien, joven Kurt, muy bien, –decía Hitler con una expresión de intensa alegría–. Ha dado Ud. la mejor respuesta. Podría haber identificado como nuestros más terribles enemigos a la judeomasonería, al judeomarxismo, al sionismo, etc., pero esos nombres sólo representan Aspectos diferentes de una misma realidad, distintas Caras de un mismo y feroz Enemigo: YHVH Satanás, el Demiurgo de este Mundo. Sólo un Iniciado o un iluminado como Ud. o Rudolph, podrían dar una respuesta tan precisa. ¿Verdad Alfred?

Rosenberg sonreía complacido.

–Lo felicito joven Von Sübermann –dijo Alfred Rosenberg– es Ud. una persona de claros conceptos.

Por supuesto que Yo estaba completamente aturdido por lo que habíaocurrido. De improviso, en esa reunión con aquellas notables personas, descubría que poseía como un “oído interior”, un órgano misterioso que me permitía “escuchar” las respuestas formuladas concretamente. ¡Y estas respuestas eran correctas! Nunca había experimentado algo así y sólo podía achacar esta súbita iluminación a la presencia del Führer. El, con su extraño magnetismo, me había “despertado” el “oído interior”.

Adolf Hitler volvió a tomar la palabra.

–La gente no compenetrada en la Filosofía Oculta del nacionalsocialismo, suele cometer gruesos errores de apreciación al juzgar muchas de nuestras afirmaciones, creyendo ver en las mismas una superficialidad estúpida, cuando generalmente se trata de ideas sintéticas, slogans, extraídos de profundos sistemas de pensamiento. Por ejemplo, ante la afirmación del joven Kurt de que “el Enemigo es Jehová Satanás”, que es una idea sintética de hondo contenido filosófico, muchas mentes ignorantes se verían tentadas de suponer que tal concepto arranca de un grosero antisemitismo. Alegarían argumentos elementales como estos: –Jehová es el Dios de Israel, un Dios de Raza, uno entre cientos de Dioses étnicos; es pues exagerado tomarlo por el único Dios o Demiurgo (objeción, ésta sí, antisemita). O este otro: –Jehová es el Dios de Israel pero, por su carácter monoteísta, es el único Dios; entonces ¿por qué se lo identifica con el Demiurgo? ¿es por una creencia herética del tipo gnóstica ? (interrogantes de quienes creen que ser “cristianos” implica la adoración de Jehová y que su rechazo significa una “herejía anticristiana”). Otro argumento banal es el siguiente: –si hemos de rechazar al Demiurgo considerando su obra material como esencialmente “mala”, ¿por qué identificarlo sólo con el Jehová judío habiendo cientos de denominaciones alternativas en la mitología etnológica y en los panteones religiosos de todos los pueblos de la Tierra? (interrogantes que suelen padecer quienes ignoran totalmente qué significa Israel en la Historia de Occidente y cuál es el secreto de la dinámica racial judía). Objeciones como las precedentes, opondrían nuestros críticos al oír hablar de Jehová Satanás como “el Enemigo contra el cual combatimos” y, por supuesto, les sorprendería la palabra “Satanás” adherida a Jehová, cuestión que, sin duda, les arrancaría irónicas conclusiones.

Pues bien: tales argumentos reposan en una circunstancia común: ¡la ignorancia de quienes las formulan! Por supuesto que nosotros sabemos que el Demiurgo recibió otros nombres a lo largo de la Historia. Pero si elegimos, entre ellos, el de Jehová es porque se trata del último nombre con el cual El se ha autodenominado. Y con dicho nombre lo designa aún Su “Pueblo Elegido”, Israel, el cual no es otra cosa que un desdoblamiento psíquico del mismo “Jehová Satanás”.

Estas palabras del Führer me sorprendieron vivamente por sus implicaciones metafísicas. ¿Los judíos no constituyen una Raza como las demás, compuesta por individuos ?... era una teoría turbadora la que acababa de oír.

–¿Se sorprende Ud., joven Kurt? –preguntó el Führer, quien sin duda advirtió de inmediato mi turbación. Pero no me dio tiempo a responder y continuó su explicación:

Pues aún no ha oído nada: Israel es un “Chakra” de la Tierra, es decir, es una manifestación psíquica colectiva del Demiurgo Jehová y por eso nosotros afirmamos que el judío no existe como individuo; que no es un hombre como el resto de quienes componen el género humano. Pero la manifestación de Jehová en una Raza Elegida, es un suceso más o menos reciente, de pocos miles de años, y la ordenación de La Materia o “Creación” data de millones de años atrás. Por eso, por la “novedad” que representa el nombre “Jehová” comparado con otros nombres del Demiurgo, que empleaban pueblos más antiguos y culturalmente más importantes en la Historia, y por la antigüedad geológica del Universo, es que parece excesivo designar con el nombre “Jehová” a un Dios cósmico. Pero se trata sólo de una apariencia. Aquí hay que imaginar un Demiurgo Primordial al que podemos cómodamente denominar El Uno, tal como hacían los estoicos. Este es quien ordena el caos y se difunde panteísticamente en todo el Universo (es El también el Brahma hindú o el Alá árabe, etc., tomadas estas denominaciones en su acepción religiosa exotérica).

Pero el Plan Cósmico, de alguna manera hay que llamar a la idea del Universo material, se asienta en el ensueño del Demiurgo, un estado de quietud que sin embargo dinamiza el Cosmos, como el “Dios motor inmóvil” de Aristóteles en ese Gran Día de Manifestación, que se denomina también, gran manvantara. Pero para que todo “funcione” sin que requiera intervención de El Uno, “quien
duerme mientras todo vive en El”, es necesario disponer de un “sistema automático de corrección”. Este es el papel que cumplen las llamadas Jerarquías cósmicas, miríadas de entidades conscientes emanadas por El Uno para que mantengan el impulso dado al Universo y lleven adelante su Plan. El primer paso de la “emanación” son las mónadas, Arquetipos superiores que fundamentan toda la estructura cósmica y hacen las veces de matriz del plan del Uno.

Estas entidades conscientes, Angeles, Devas, Logos solares, Logos galácticos, Almas planetarias, etc., no son seres individuales sino que forman parte del mismo Uno y poseen, pues, mera apariencia de existir debido a los grados de libertad de que están dotados durante el manvantara. Para que algo exista individualmente, por ejemplo un ente, es necesario suponer (o sub-poner) el acto de existir a su ser real, lo que supone también la subsistencia del ente, que impide la comunicación de su esencia substancial con otros entes o su participación metafísica con otros seres, es decir, le pone término formal al ente o le concede su forma natural. El recurso para lograr dicha ilusión de existencia es la extrema mecanicidad de la realidad material fundada en las leyes evolutivas, tanto referidas a fenómenos continuos como discretos, que mantienen el movimiento progresivo de la materia y la energía en la exacta consecución del Plan del Uno.

Dichas leyes evolutivas son conservadas por las “entidades conscientes”, ya mencionadas, y dirigidas en el sentido del Plan. Así podemos distinguir por ejemplo, “Logos solares”, es decir, “entidades conscientes” capaces de “crear” un sistema solar siguiendo el Plan del Uno, pero que en realidad son desdoblamientos temporales de El Uno. Lo mismo se puede decir de los Logos galácticos o “Almas planetarias” y hasta de los simples Angeles o Devas: ninguno de ellos existe como tales, aunque “evolucionen” sujetos a las leyes universales.
Lo importante aquí es comprender que todo este espectáculo grandioso que estamos recreando es pura ilusión, una concepción metapsíquica de características colosales ideadas por El Uno para su íntima contemplación. Porque la verdad es que todo lo existente desaparece finalmente, cuando sobreviene el Gran Pralaya, la noche de Brahma, en la que todo se confunde nuevamente en El, luego de una monstruosa fagocitación.

Pero dijimos que el Universo se rige por leyes evolutivas. Dichas leyes, que determinan el Universo Material, de acuerdo a una verdadera “arquitectura celeste”, como bien dicen los satánicos masones, ocasionan la existencia de los distintos planos del espacio o Cielos en que está constituida la realidad. Así como hay varios “Cielos” (¿cinco? ¿siete? ¿nueve?) hay “Reinos de la naturaleza” (¿tres? ¿cinco? ¿siete?) o “planetas” (¿cinco? ¿siete? ¿nueve? ¿doce?) o “Razas raíces” (¿tres? ¿cinco? ¿siete?) etc. Estos aspectos engañosos forman parte del Plan del Uno, y los Demonios encargados de llevar adelante dicho Plan conforman un orden jerárquico preciso, basado en la famosa “ley de evolución” que rige los Cielos –todos los Cielos, desde los atómicos químicos, o biológicos hasta los cósmicos– en los que “evoluciona” cada mónada siguiendo los Arquetipos de cada Cielo. Es la famosa “ley de causa y efecto” que enseña la Sinarquía y que las religiones védicas de la India llaman Karma y Dharma, pero que conviene sintetizar como “ley de evolución”. Esta ley dirige el camino “de ida y vuelta de la mónada”, la cual toma vario cuerpos en los distintos Cielos a los que desciende para “evolucionar”; dicho “camino” suele ser representado como la serpiente que se muerde la cola o “uroboro”. Por supuesto que jamás se alcanza la famosa individuación monádica, pues ello sería una auténtica mutilación de la substancia del Uno y antes que tal cosa sobrevenga, ya estará todo el Universo fagocitado en Su Santo Buche. –Aquí, extrañamente, sonrió el Führer mientras me miraba intensamente.

 Yo me debatía interiormente frente a sentimientos encontrados. Por una parte me horrorizaba la teoría que estaba oyendo, ya conocida por haberla estudiado en el NAPOLA, pero dotada ahora de un impresionante sentido de realidad al ser expuesta vehementemente con la elocuencia irresistible del Führer. Y por otra parte me sentía halagado por el honor de recibir de labios del Führer de Alemania, una explicación personal, terriblemente extensa y curiosamente fuera de lugar en una fiesta mundana en la Cancillería. De cualquier manera, mi actitud exterior era de respetuosa atención a cada una de sus palabras, pues no quería volverme a distraer.

–Supongo que ya conoce esta teoría teosófica que la Sinarquía enseña en sus sectas masónicas o rosacruces, y que se ha de sentir espantado frente a una concepción determinista en que no hay lugar previsto para la existencia individual eterna, es decir, más allá de los pralayas y manvantaras. Y justamente ese espanto, ese grito de rebelión que Ud. debe percibir brotando de su Sangre Pura, constituye una excepción a todas las reglas de la mecánica determinista de
El Uno, porque habla de otra realidad ajena a Su Universo material. ¿Cómo puede ser eso si hemos dicho que todo cuanto existe en el Cosmos, ha sido pensado y hecho por El, de acuerdo a Su Plan y por intermedio de sus Jerarquías cósmicas y planetarias? Pues bien, joven Kurt, se lo diré brevemente: porque una parte de la Humanidad, que nosotros integramos, posee un elemento que no pertenece al orden material y que no puede ser determinado por la ley de Evolución del Demiurgo. Ese elemento, que se llama Espíritu o Vril, se halla presente en algunos hombres como posibilidad de eternidad. Sabemos de él por el Recuerdo de Sangre, pero en tanto no seamos capaces de liberarnos de los lazos que nos atan a la ilusoria realidad del Demiurgo y remontemos el Sendero del Regreso al Origen, no existiremos realmente como individuos Eternos. Me preguntará Ud. cómo es que en un Orden Cerrado como el que he descripto, pueden coexistir elementos espirituales ajenos a él y por qué, si no pueden ser determinados por las leyes de la materia y la energía, permanecen sujetos al Universo de El Uno. Es éste un gran Misterio. Pero puede Ud. considerar como hipótesis que, por una razón que ignoramos pero que podemos suponer sea una orden de un Ser infinitamente superior al Demiurgo, o una negligencia incomprensible, o un engaño colosal, alguna vez han ingresado al Universo material una miríada de seres pertenecientes a una Raza espiritual que llamamos hiperbórea. Supongamos que tales seres hubieran penetrado al sistema solar por una “puerta” abierta en otro planeta, por ejemplo Venus, y que aquí, merced a un ardid, una parte de sus Guías Hiperbóreos los hubiesen encadenado a la ley de evolución. Este encadenamiento, ya lo hemos dicho, no puede ser real pero, sin embargo, los Guías Traidores logran confundir a los Espíritus Eternos anclándolos a la materia. ¿Para qué hacen esto? Otro Misterio. Pero lo cierto, lo efectivo es que, a partir de la llegada de tales Guías al sistema solar, se operará una mutación colectiva en toda la Galaxia que modifica el Plan del Uno. Esta modificación está edificada en la traición de los Guías y en la caída de los seres inmortales. Para que Ud. lo vea claro, joven Kurt, le diré que aquí, en la Tierra, existía un ser humano primitivo que “evolucionaba” siguiendo las leyes de las “cadenas planetarias” y los “Reinos de la naturaleza”. Esta evolución era lentísima y perseguía la adaptación final a un Arquetipo racial absolutamente animal, dotado de una mente racional, estructurada lógicamente por las funciones cerebrales y poseedor de un “Alma” conformada por energía de los otros planos materiales más sutiles. Este “hombre” es el que encontraron, en una etapa aún primitiva de su desarrollo, los Guías Traidores al llegar a la Tierra hace millones de años. Entonces, mediante un ingenioso sistema llamado Chang Shambalá, que Ud. tendrá oportunidad de estudiar en nuestra Orden, ellos decidieron mutar la Raza humana, encadenando los Espíritus Eternos a los seres humanos ilusorios y materiales de la Tierra. Desde ese momento existen tres clases de hombres: los animales-hombres primitivos o pasú, los semidivinos o viryas, a quienes se les adosó un Espíritu, y los Divinos Hiperbóreos o Siddhas, que son todos aquellos que logran retornar al Origen y escapar del Gran Engaño. También son llamados Siddhas Hiperbóreos a una parte de los Guías, aquellos que no traicionaron y que, encabezados por Kristos Lúcifer, intentan salvar a los viryas mediante la redención hiperbórea de la Sangre Pura, que consiste en despertar el recuerdo primigenio de la propia divinidad perdida. Estos son los Señores de Agartha... Pero nos apartamos un poco de nuestro tema principal que versaba sobre Jehová Satanás, el Enemigo contra el cual combatimos para ganar el derecho a regresar al Origen perdido.

Entonces se le hará clara esta cuestión, joven Kurt, pues si Ud. recuerda que El Uno delegaba en unas “entidades conscientes” la ejecución de Su Plan, podemos ahora agregar que el sistema solar ha sido construido por una de tales “conciencias” a la que llamamos Logos Solar, secundada por Devas de menor jerarquía quienes ocupan determinados puestos en la mecánica del sistema. En la Tierra, una “entidad planetaria” infundía vida al planeta e impulsaba la “evolución” de los Reinos de la naturaleza de acuerdo al Plan Solar, inserto en el Plan Cósmico de El Uno. Está claro que se trata de emanaciones de El Uno enlazadas jerárquicamente: El Uno 􀃖 Logos Galáctico 􀃖 Logos Solar 􀃖 Angel planetario 􀃖 Alma colectiva o grupal, etc. ¿Quién es Dios aquí? Según el nivel de conciencia y las pautas culturales y religiosas de los hombres, puede ser cualquiera de tales “entidades conscientes”, pero siempre se trata de El Uno. Si se dice que Dios es el Sol o se concibe un Dios “creador” de todo el Universo, se está hablando de El Uno. Igual si se cree que Dios es la “naturaleza” o la “vía láctea” o la Tierra. Las diferentes cosmologías gnoseológicas que presentan los hombres en sus distintas etapas de la “evolución” para concebir el mundo, no invalidan el hecho de que siempre se alude directa o indirectamente a El Uno cuando se habla de Dios.

Pero regresemos a la Tierra. Cuando los Guías Traidores llegan a la Tierra, se instalan en un “centro” al que denominan Shambalá, o Dejung, y fundan lo que se ha dado en llamar Gran Fraternidad Blanca o Jerarquía Oculta de la Tierra. No es un lugar localizable físicamente sobre la superficie terrestre, cuestión sobre la que Ud. deberá aprender más adelante, sino que se halla situado en un pliegue topológico del espacio. Pero lo que interesa aquí es destacar que el jefe de los Guías Traidores, se autotitula Rey del Mundo, pasando a ocupar el lugar de uno de los doce Kumaras del sistema solar. ¿Qué es un Kumara? un Angel planetario, una de esas “entidades conscientes” encadenadas por El Uno que conforman la “idea de un planeta”. Es aquí adonde debe ubicarse la clave del nombre Jehová y de su “Raza Elegida”. Porque el  Espíritu planetario se llamaba Kumara Sanat, quien luego de la constitución de Shambalá y de la venida del Rey del Mundo, decide actuar como regente de El Uno en la ejecución de Su Plan, ahora modificado. Para ello se encarna, en nombre de El Uno, en una “Raza Elegida” para reinar sobre los Espíritus hiperbóreos esclavizados. Esa es la Raza hebrea. Es decir que tenemos por un lado a la Jerarquía Oculta de Chang Shambalá, con sus Demonios: los Guías Traidores y su jefe: el Rey del Mundo, quienes llevan adelante ahora la “evolución” del planeta y son quienes “guían” a las Razas por medio de una siniestra organización llamada Sinarquía. Y por otra parte tenemos la Raza hebrea que no es sino la modificación de Sanat Kumara en la Tierra para ocupar el máximo escalón de la Sinarquía, en nombre de El Uno. Los mismos hebreos en su Kabala estudian que 
 “Israel es uno de los 10 sephiroth”, el sephirah Malkut, es decir una de las emanaciones de El Uno.

Finalmente Jehová es el nombre cabalístico del Demiurgo El Uno que Sanat Kumara representa en la Tierra y es, como dije al comienzo de esta agradable charla, el último nombre histórico que conocemos de El. Por eso nosotros, los Antiguos Seres Hiperbóreos que aún permanecemos encadenados en el Infierno, debemos tener bien presente que “el Enemigo es Jehová Satanás, el Demiurgo de este Mundo”, como bien dijera el joven Kurt.

El Führer continuaba entusiasmado su largo monólogo y, aunque ya había pasado una larga hora y llovían sobre nosotros las miradas curiosas de mucha gente que deseaba sentarse a la mesa, nadie en Alemania hubiera sido capaz de interrumpirle por un motivo tan prosaico como yantar una cena. Yo por mi parte sólo deseaba seguir oyendo sus increíbles revelaciones y por eso, cuando me preguntó si le había comprendido, no vacilé en hacerle presente mis dudas:

–Hay algo que ahora me preocupa –dije inmediatamente–. Todo cuanto Ud. ha dicho, mi Führer, sobre el Demiurgo El Uno lo comprendo perfectamente y lo acepto, pero no puedo dejar de preguntarme ¿quién es entonces Dios, el verdadero Dios ? ¿o...?

–Esa es una pregunta que no debe Ud. hacerse, joven Kurt, –afirmó categóricamente el Führer–. No mientras su mente esté sujeta a la lógica racional, pues sólo logrará entonces arribar a paradojas irreductibles. Pero es evidente que la duda ya ha germinado en Ud. y que seguirá meditando en ello. Le daré entonces una respuesta provisoria: Dios es incognoscible para todo aquel que no ha conquistado el Vril. Tenga siempre presente esta verdad, joven Kurt: desde la miserable condición de esclavo de Jehová Satanás no es posible conocer a Dios, pues El es absolutamente trascendente. Es necesario recorrer un largo camino de purificación sanguínea para saber algo sobre Dios, sobre el “verdadero Dios”, como Ud. bien dice. La mayoría de las grandes religiones, al hablar de Dios, se refieren al Demiurgo El Uno. Esto ocurre porque las Razas que pueblan actualmente el mundo han sido “trabajadas” por los Demonios de Shambalá, implantándoles ideas sinárquicas en la memoria genética de sus miembros, para poder dirigirlas hacia el gran Arquetipo colectivo que se llama Manú. Así, percibiendo la realidad tras un velo de engaño, se llega a esas concepciones de Dios panteísta, monista o trinitario, que sólo son apariencias de El Uno, el Demiurgo ordenador de la materia.

Fíjese lo que ocurre con el concepto de Dios que poseen los distintos pueblos integrantes de la antigua familia de lenguas indogermanas: casi todos los nombres derivan de las mismas palabras y es seguro que éstas designan en un pasado remoto a un Dios “Creador de todo lo existente”, es decir al Demiurgo, El Uno. En sánscrito tenemos las palabras “Dyans pitar”, que en los Vedas se utilizan para nombrar al “Padre que está en los Cielos”. Dyans es la raíz que en griego produce Zeus y Theo, con sentido similar al sánscrito y que pasa a ser en latín Júpiter, Deus pater o Jovis. Los antiguos germanos se referían igualmente a Zin, Tyr o Tiwaz como el Dios “Creador” de lo existente, palabras que también provienen del sánscrito Dyans pitar.

Igual etimología poseen palabras que designan a Dios en las familias de lenguas turanias y semitas. En esta última familia, de importante relación con el hebreo, encontramos “El” como una antigua denominación del Demiurgo en su representante planetario “El fuerte”. En Babilonia, Fenicia y Palestina se adoró a El, Il, Enlil, nombres que los árabes transformaron en Il ah o Alah, etc. No debe extrañarle, joven Kurt, esta unidad etimológica pues lo alarmante es la “unidad de concepto” que se descubre tras las palabras mencionadas, ya que en todas las religiones y filosofías siempre se llega a dos o tres ideas de Dios aparentemente irreductibles, pero que en realidad se refieren a distintos aspectos del Demiurgo: tal la preferencia por un “Dios panteísta e inmanente”: El Uno; o “trascendente” pero “Creador de la Tierra y los Cielos”: Jehová Satanás, Júpiter, Zeus, Brahma, etc.

El Führer me miraba ahora con los ojos brillantes y Yo adiviné que sus próximas palabras tendrían un contenido realmente importante:

–Hubo una guerra, joven Kurt. Una guerra espantosa, de la cual el Mahabarata guarda quizás un recuerdo distorsionado. Dicha guerra involucró varios Cielos en su teatro de operaciones y produjo como su expresión más externa, lo que se ha dado en llamar “el hundimiento de la Atlántida”. Pero nadie conoce a fondo a qué se hace referencia cuando se habla de la “Atlántida”, ya que no se trata sólo de “un continente hundido”. Dicha guerra lleva ya más de un millón de años en este plano físico, durante los cuales han sido varias las Atlántidas físicas, continentales, que se han hundido, y ahora, en nuestro siglo XX, podemos decir que nuevamente se apresta a “hundirse la Atlántida”. Pero dejemos este Misterio por ahora pues tendrá que volver sobre el mismo durante sus estudios. Para concluir esta conversación le diré una última cosa joven Kurt. Sepa Ud. que en esa Guerra Esencial, en la que se combate por la liberación de los Espíritus cautivos, por la mutación colectiva de la Raza, contra la Sinarquía y contra Jehová Satanás, el Tercer Reich ha comprometido todo su potencial espiritual, biológico y material.

Con estas terribles palabras el Führer pareció dar por terminada su explicación. Miré a mi alrededor y comprobé que Papá, Rosenberg y Rudolph Hess aún continuaban a mi lado. Un elegante mozo indicó al Führer que cuando lo dispusieran podrían pasar al patio interior para tomar una cena fría. Eran las once de la noche. El Führer y Rosenberg se despidieron de nosotros y fueron a reunirse con Goering y el Dr. Goebbels en la cabecera de la mesa. Rudolph Hess invitó a Papá y a mí a ubicarnos para cenar, pero Yo no había quedado bien luego de la conversación con el Führer y, a riesgo de ser ofensivo, decidí hablar francamente con ambos.

Capítulo XII

Es tan difícil reunirlos a los dos –dije–. La última vez que estuvimos juntos fue hace cuatro años, a ingresar al NAPOLA. Quizás mañana o pasado partimos a Egipto y no sé cuándo habrá otra oportunidad de compartir una conversación.

¿No podríamos retirarnos un momento?

Papá había empezado a pronunciar una protesta pero Rudolph lo interrumpió.

–Tienes toda la razón Kurt. Vengan por aquí –señalaba una puerta– que Yo también tengo que hablarles.

Un momento después estábamos instalados en el despacho de Rudolph Hess quien, detrás de un inmenso escritorio ministerial de roble tallado, se hamacaba en un mullido sillón. Me apresuré a iniciar la conversación.

–Ante todo –dije– deseo que alguno de Ustedes me aclare una cuestión en la que todos parecen estar de acuerdo, inclusive el Führer como pude comprobar hoy, pero de la cual sólo tengo oscuras referencias. Me refiero a una especie de cualidad espiritual que Yo tendría, desconocida para la mayoría de la gente, pero que algunas personas son capaces de distinguir. Puede ser el misterioso Signo que mencionaban los árabes Ofitas que me raptaron cuando era niño en Egipto o la “gran capacidad espiritual” de la cual habló antes el Führer. No sé qué es, pero algunos parecen saberlo... y no gustarle, como por ejemplo al Profesor Ernst Schaeffer –Rudolph Hess arqueó las cejas al oír el nombre del hombre de la Abwer. 

A continuación les relaté la amarga experiencia vivida días atrás. Percibí un brillo de ira en los oscuros ojos de mi padrino.

–¡La Abwer sólo ha producido traidores! Esto es algo que deberás tener presente desde ahora, Kurt. Te diré un secreto que sólo conocen cuatro personas en el Tercer Reich, incluidos el Führer y Yo; un secreto que se refiere a ti y a lo que me acabas de contar: ¡no carece de razón el Profesor Schaeffer para desconfiar de ti; de cierto, que él no podría estar seguro de llevar a cabo la altwestenoperation si tú fueses incluido en ella! Pero tú estás vinculado inevitablemente a esa expedición, quiéralo o no Schaeffer, e intuitivamente lo has captado y te has acercado a él en un mal momento. No puedo revelarte ahora los motivos de tal vinculación, pero quizás te los explique otra persona a quien pronto conocerás, uno de los partícipes del secreto. Con seguridad, tú serás en el futuro un representante personal del Reichführer Himmler, la cuarta persona en el secreto, frente a Ernst Schaeffer. ¡Y él nada podrá hacer para evitarlo! Eran nuestros planes pero, sugestivamente, te has adelantado a nosotros. ¡Nada que no tenga arreglo!

Te preguntarás cómo es que el Führer o el Reichführer sabían de ti. Aunque tú no lo hayas notado, todos estos años has sido objeto de intensa vigilancia por parte mía y de otras personas que no conoces, pues el Tercer Reich tiene preparado un camino para ti, apropiado a tus posibilidades, que te permitirá servir a la patria como nadie lo ha hecho, a la vez que desarrollarás tusfacultades espirituales. ¡Pronto, muy pronto lo sabrás todo y nos comprenderás!

Aún no había recibido respuesta a los interrogantes, pero estaba conmovido y entusiasmado con el promisorio futuro de éxitos que me anunciaba Rudolph Hess. Eso sí, una cosa me intrigaba inconscientemente ¿a qué se debería el curioso nombre de la expedición de Ernst Schaeffer “Altwestenoperation”, es decir, Operación Viejo Oeste ? El recuerdo de este interrogante, y su increíble respuesta tendrían lugar recién dos años después, en el corazón del Tíbet.

CONVERSACIONES CON DIOS ( XI )


De modo que, al aspirar a ser Yo, el alma se enfrenta a una grandiosa tarea; un enorme menú de posibilidades de ser entre las que elegir. Y eso es lo que está haciendo en este momento. Eligiendo estados del ser.

Sí; y produciendo luego las condiciones apropiadas y perfectas para crear la experiencia de ello. Es, pues, cierto que todo lo que te ocurre, o de lo que ocurre por mediación tuya, es en aras de un bien superior.

¿Quieres decir que mi alma está creando toda mi experiencia, incluyendo no sólo lo que yo hago,
sino también todo lo que me ocurre?

Digamos que tu alma te procura las oportunidades apropiadas y perfectas de que experimentes exactamente lo que has planeado experimentar. Lo que realmente experimentes depende de ti. Puede que sea lo que planeabas experimentar, o puede que sea otra cosa distinta, dependiendo de lo que hayas elegido.

¿Por qué elegiría algo que no quisiera experimentar?

No lo sé. ¿Por qué lo harías?

¿Quieres decir que a veces el alma desea una cosa, y el cuerpo o la mente desean otra?

¿Qué crees tú?

Pero ¿cómo el cuerpo, o la mente, se imponen al alma? ¿No consigue el alma siempre lo que
quiere?

Tu espíritu aspira, en el más amplio sentido, al grandioso momento en el que tengas plena consciencia de sus deseos, y confluyas en gozosa unidad con ellos. Pero el espíritu no impondrá nunca jamás su deseo a la parte presente, consciente, física de ti.

El Padre no impondrá Su voluntad al Hijo. Hacer eso sería una violación de Su propia naturaleza, y, en consecuencia, es literalmente imposible.

El Hijo no impondrá Su voluntad al Espíritu Santo. Hacer eso sería ir contra su propia naturaleza, y, en consecuencia, es literalmente imposible.

El Espíritu Santo no impondrá Su voluntad a tu alma. Hacer eso no forma parte de la naturaleza del espíritu, y, en consecuencia, es algo literalmente imposible.

Aquí es donde terminan las imposibilidades. La mente muy a menudo trata de ejercer su voluntad sobre el cuerpo, y lo consigue. Del mismo modo, el cuerpo trata muy a menudo de controlar la mente, y frecuentemente con éxito.

Sin embargo, el cuerpo y la mente juntos no tienen nada que hacer a la hora de controlar el alma, ya que el alma se halla totalmente libre de necesidad (a diferencia del cuerpo y la mente, que están encadenados a ella) y, por ello, deja que el cuerpo y la mente hagan siempre lo que quieran.

En cambio, para el alma no habría otro camino posible; puesto que, si la entidad que tú eres ha de crear - y, en consecuencia, conocer - quién es realmente, deberá hacerlo mediante un acto de volición consciente, no por un acto de obediencia inconsciente.

La obediencia no es creación; por lo tanto, nunca puede producir la salvación.

La obediencia es una respuesta, mientras que la creación es decisión pura, no exigida, no necesaria.

La decisión pura produce la salvación por medio de la creación pura de la idea más elevada en ese momento.

La función del alma consiste en indicar su deseo, no en imponerlo.
La función de la mente consiste en decidir entre distintas alternativas.
La función del cuerpo consiste en llevar a cabo esa decisión.

Cuando el cuerpo, la mente y el alma crean juntas, en unidad y armonía, Dios se hace carne.

Es entonces cuando el alma se conoce a sí misma en su propia experiencia.

Es entonces cuando los cielos se llenan de júbilo.

Ahora mismo, en este momento, tu alma te ha creado de nuevo una oportunidad de ser, hacer y tener lo necesario para conocer Quién Eres Realmente.
Tu alma te ha conducido hacia las palabras que estás leyendo en este momento, igual que antes te había conducido hacia palabras de verdad y sabiduría.

¿Qué harás ahora? ¿Qué decidirás ser?
Tu alma espera, y observa con interés, como ha hecho muchas otras veces.

Si lo entiendo bien, ¿dices que mi éxito mundano (sigo intentando que hablemos de mi ocupación)vendrá determinado por el estado de ser que yo elija?

A mí no me preocupa tu éxito mundano; sólo a ti. Es cierto que, cuando alcanzas determinados estados del ser durante un período de tiempo prolongado, resulta muy difícil eludir el éxito en aquello que estés haciendo en el mundo. Pero no debes preocuparte por "ganarte la vida". Los auténticos Maestros son aquellos que han elegido ganar la vida, en lugar de ganarse la vida. De determinados estados del ser brotará una vida tan rica, tan plena, tan magnífica y tan valiosa, que los bienes y el éxito mundanos dejarán de preocuparte. La ironía de la vida es que, en cuanto los bienes y el éxito mundanos dejan de preocuparte, éstos empiezan a afluir hacia ti. Recuerda que no puedes tener lo que quieres, sino que puedes experimentar lo que tienes.

No puedo tener lo que quiero?

No.

Ya me lo habías dicho antes, muy al principio de nuestro diálogo. Sin embargo, no lo entiendo. Creía que me habías dicho que podía tener cualquier cosa que quisiera. "Tal como pienses, tal como creas, así se te dará", y todo eso.

Las dos afirmaciones no se contradicen entre sí.

¿No? Pues a mí me lo parece.

Eso es porque te falta entendimiento.

Lo admito. Por eso es por lo que estoy hablando contigo.

Te lo explicaré. No puedes tener nada que quieras. El propio acto de querer algo aleja ese algo de
ti, tal como ya dije en el primer capítulo.

Bueno, puede que ya lo dijeras, pero me estoy perdiendo por momentos.

Trata de seguirme. Voy a repasarlo de nuevo con más detalle. Volvamos a un punto que sí entiendes: el pensamiento es creador. ¿De acuerdo?

De acuerdo.

La palabra es creadora. ¿Vale?

Vale.

La acción es creadora. Pensamiento, palabra y obra son los tres niveles de la creación. ¿Me sigues?

Perfectamente.

Bien. Ahora vayamos de momento al tema del "éxito mundano", que es de lo que hablabas y
sobre lo que me preguntabas.

¡Magnífico!

Entonces, ¿tú tienes el pensamiento: "Yo quiero el éxito mundano"?

Sí, a veces.

¿Y a veces tienes también el pensamiento: "Yo quiero más dinero"?

Sí.

Entonces, no puedes tener ni éxito mundano ni más dinero.

¿Por qué no?

Porque el universo no puede hacer otra cosa que producir la manifestación directa de tu pensamiento. Tu pensamiento es: "Yo quiero el éxito mundano". Has de entender que el poder creador es como un genio en una botella. Tus palabras son órdenes para él. ¿Lo entiendes?

Entonces, ¿por qué no tengo más éxito?

Ya te lo he dicho: porque tus palabras son órdenes para él. Tus palabras son: "Yo quiero éxito". Y el universo responde: "De acuerdo".

No estoy seguro de seguirte.

Míralo de este modo. La palabra "yo" es la clave que pone en marcha el motor de la creación. Las palabras "yo quiero" son sumamente poderosas. Son afirmaciones al universo. Órdenes. Ahora bien: cualquier cosa que siga a la palabra "yo" (que hace que surja el gran Yo Soy) tiende a manifestarse en realidad física.

Por lo tanto, "yo" + "quiero éxito" produce que tú quieras éxito. "Yo" + "quiero dinero" produce necesariamente que tú quieras dinero. Y no puede producir otra cosa, ya que los pensamientos y las palabras son creadores. También lo son los actos. Y si tú actúas de un modo que afirme que quieres éxito y dinero, entonces tus pensamientos, palabras y actos están de acuerdo, y puedes estar seguro de que tendrás la experiencia de este "querer".
¿Lo ves?

¡Sí! ¡Dios mío! ¿Realmente funciona así?

¡Y tanto! Eres un creador sumamente poderoso. Ahora bien, te concedo que si has tenido un pensamiento, o has hecho una afirmación, sólo una vez - por ejemplo, en un momento de enfado o frustración -, no es probable que vayas a convertir tales pensamientos o palabras en realidad. Así, no debe preocuparte decir "¡Muérete!" o "¡Vete al infierno!" o todas las demás cosas poco agradables que a veces dices o piensas.

¡Gracias a Dios!

No hay de qué. Sin embargo, si repites un pensamiento, o pronuncias una palabra, una y otra vez - no una vez ni dos, sino docenas, centenares, millares de veces -, no tienes idea de su poder creador. Un pensamiento o una palabra expresado y vuelto a expresar se convierte justamente en eso: en expresado. Es decir, en algo exteriorizado. Se convierte en algo realizado externamente. Se convierte en tu realidad física.

¡No te fastidia!

Eso es exactamente lo que muy a menudo produce: fastidio. Vosotros amáis el fastidio, el pesar, el drama; es decir, en tanto no hagáis otra cosa. Habrá un determinado momento en vuestra evolución en el que dejaréis de amar el drama, dejaréis de amar la "historia" que habéis vivido hasta ahora. Es entonces cuando decidiréis - elegiréis activamente - cambiarla. Sólo que la mayoría no sabe como hacerlo; y tú ahora sí lo sabes. Para cambiar tu realidad, simplemente deja de pensar como lo haces.  En este caso, en lugar de pensar: "Yo quiero éxito", piensa: "Yo tengo éxito".

Me parece que es mentirme a mí mismo. Sería burlarme de mí mismo decir eso. Mi mente me
gritaría: "¡No digas idioteces!".

Entonces, piensa un pensamiento que puedas aceptar: "Ahora voy a tener éxito", o "Cada vez estoy más cerca del éxito".

Así que ese es el truco de las técnicas de afirmación que utilizan determinadas corrientes de la
Nueva Era...

Las afirmaciones no funcionan si no son más que declaraciones de algo que quieres que sea verdad. Las afirmaciones sólo funcionan cuando son declaraciones de algo que ya sabes que es verdad. La mejor "afirmación" es una declaración de gratitud y reconocimiento. "Gracias, Señor, por darme el éxito en mi vida". Ahora bien, esa idea, pensada, dicha y realizada, produce resultados maravillosos cuando proviene de un auténtico conocimiento; no de un intento de producir resultados, sino de le consciencia de que los resultados ya se han producido. Jesús lo tuvo muy claro. Antes de cada milagro, Me daba las gracias por adelantado de su realización. Nunca se le ocurrió no estar agradecido, puesto que nunca se le ocurrió que lo que Él declaraba no sucediera. Su mente nunca albergó ese pensamiento. Tan seguro estaba de Quién era y de su relación conmigo, que cada pensamiento, palabra u obra suyos reflejaba su consciencia; del mismo modo que tus pensamientos, palabras y obras reflejan la tuya... Así pues, si hay algo que decidas experimentar en tu vida, no lo "quieras"; decídelo. ¿Decides tener éxito en términos mundanos? ¿Decides tener más dinero? Bien. Entonces, decídelo. Realmente. Plenamente. Con convicción. Sin embargo, no debes sorprenderte si en una determinada etapa de tu desarrollo el éxito mundano" deja de preocuparte.

¿Qué se supone que significa eso?

Llega un momento en la evolución de toda alma en que la preocupación principal ya no es la supervivencia o el cuerpo físico, sino el desarrollo del espíritu; ya no el logro del éxito mundano, sino la realización del Yo. En cierto sentido, se trata de un momento muy peligroso, particularmente al principio, puesto que la entidad que se aloja en el cuerpo ahora sabe que es justamente eso: un ser en un cuerpo; no un ser corpóreo.
En esta etapa, antes de que la entidad en desarrollo madure este punto de vista, a menudo se produce un sentimiento de absoluta despreocupación respecto a los asuntos del cuerpo. ¡Tan entusiasmada está el alma con el ser por fin "descubierto"!

La mente abandona el cuerpo, y todos los asuntos del cuerpo. Todos son ignorados. Se abandonan las relaciones. Las familias desaparecen. Los trabajos pasan a segundo plano. Las facturas se quedan por pagar. El propio cuerpo se deja sin alimentar durante largos períodos. Todo el centro de atención de la entidad se desplaza al alma, y a los asuntos del alma.

Esto puede conducir a una importante crisis personal en la vida cotidiana del ser, aunque la mente no perciba ningún trauma. Vive suspendido en la felicidad. Los demás te dicen que has perdido el juicio; y en un sentido es cierto.

El descubrimiento de la verdad de que la vida no tiene nada que ver con el cuerpo puede crear un desequilibrio hacia el otro extremo. Mientras que antes la entidad actuaba como si el cuerpo fuera todo lo que hay, ahora actúa como si el cuerpo no importara en absoluto. Esto, por supuesto, no es cierto; cosa que la entidad pronto recordará (a veces dolorosamente).

Sois seres constituidos por tres partes: cuerpo, mente y espíritu. Siempre seréis seres constituidos por tres partes, y no únicamente mientras viváis en la Tierra. Hay quienes plantean la hipótesis de que, al morir, el cuerpo y la mente se abandonan. Pero el cuerpo y la mente no se abandonan. El cuerpo cambia de forma, dejando atrás su parte más densa, pero siempre conservando su envoltura exterior. La mente (que no hay que confundir con el cerebro) también va con uno, uniéndose con el espíritu y el cuerpo en la misma masa de energía, de tres dimensiones o facetas.

Si decides retornar a esta oportunidad de experimentar que se llama vida en la Tierra, tu yo divino separará de nuevo sus verdaderas dimensiones en lo que llamáis cuerpo, mente y espíritu. En realidad, la misma y única energía, pero con tres características distintas.

Cuando empiezas a habitar un nuevo cuerpo físico aquí en la Tierra, tu cuerpo etéreo (como algunos de vosotros lo habéis llamado) reduce sus vibraciones, que pasan de ser tan rápidas que ni siquiera se le puede ver, a una velocidad adecuada para producir la masa y la materia. Esta
materia real es creación del pensamiento puro: la obra de tu mente, el aspecto mental más elevado de tu ser constituido de tres partes.

Esta materia es la coagulación de un millón de billones de trillones de diferentes unidades de energía en una enorme masa, controlable por la mente... ¡Realmente tenéis una mente superior! Cuando todas esas minúsculas unidades han expandido su energía, son descartadas por el cuerpo, mientras que la mente crea otras nuevas. ¡Esto lo crea la mente a partir de su pensamiento continuo acerca de Quien Eres! El cuerpo etéreo "atrapa" el pensamiento, por así
decirlo, y reduce la vibración de más unidades de energía (en cierto sentido, las "cristaliza"), las
cuales se convierten en materia; la nueva materia que te constituye. De este modo, cada célula de
tu cuerpo cambia cada varios años. En un sentido totalmente literal, no eres la misma persona que
eras hace cinco años.

Si piensas pensamientos de malestar o enfermedad (o continuo enfado, odio y negatividad), tu cuerpo traducirá dichos pensamientos a una forma física. La gente verá esta forma negativa y
enfermiza, y dirá: "¿Qué pasa?". No sabrá cuan acertada es. El alma contempla la representación de todo este drama, año tras año, mes tras mes, día tras día, momento a momento, y siempre se halla en posesión de la Verdad sobre ti. Nunca olvida el proyecto; el plan original; la primera idea; el pensamiento creador. Su tarea consiste en hacer que recuerdes, que rememores una vez más Quién Eres, y luego decidas Quién Quieres Ser ahora.
Así, el ciclo de creación y experiencia, imaginación y realización, conocimiento y evolución hacia lo desconocido, continúa, ahora y para siempre jamás.

¡Vaya!

Exactamente. ¡Y aún falta mucho por explicar! ¡Mucho más! Pero no caben en un libro, ni probablemente en una vida. Sin embargo, tú has empezado y eso es bueno. Recuerda sólo esto.
Como dijo vuestro gran maestro William Shakespeare: "Hay más cosas en el Cielo y en la Tierra,
Horacio, de las que ha soñado tu filosofía".

¿Puedo hacerte algunas preguntas sobre eso? Por ejemplo: cuando dices que la mente me
acompaña después de la muerte, ¿significa eso que mi "personalidad" me acompaña? ¿Sabré
en la otra vida quién era?

Sí... y quién has sido siempre. Todo se te hará manifiesto, puesto que entonces te aprovechará lo
que sabes, mientras que ahora no.

Y respecto a esta vida, ¿habrá que "pasar cuentas"?, ¿habrá un examen?

No hay ningún juicio en eso que llamáis la otra vida. Ni siquiera podrás juzgarte tú mismo (ya que seguramente te darías una puntuación muy baja, dado lo crítico y severo que eres contigo mismo en esta vida). No, no hay que "pasar cuentas", ni "pulgares hacia arriba" o "pulgares hacia abajo". Sólo los humanos juzgáis, y, puesto que vosotros lo hacéis, suponéis que Yo lo hago. Pero Yo no lo hago; y esta es una gran verdad que no podéis aceptar.

No obstante, aunque en la otra vida no habrá ningún juicio, sí habrá la oportunidad de considerar todo lo que habéis pensado, dicho o hecho aquí, y de decidir si eso es lo que elegiríais de nuevo basándoos en Quienes decís que Sois, y en Quienes Queréis Ser.

Existe una enseñanza mística oriental basada en una doctrina llamada Kama Loca; según esta doctrina, en el momento de la muerte a cada persona se le da la oportunidad de revivir todos los pensamientos que ha abrigado, todas las palabras que ha pronunciado, todos los actos que ha realizado, no desde nuestro punto de vista, sino desde el punto de vista de cada una de las personas afectadas en cada caso. En otras palabras, ya hemos experimentado lo que nosotros sentimos al pensar, decir o hacer lo que pensamos, dijimos o hicimos; pero ahora se nos concede la experiencia de sentir lo que sintió la otra persona en cada uno de esos momentos. Y es en base a esta medida como decidiremos si pensaríamos, diríamos o haríamos lo mismo de nuevo.¿Qué te parece?

Lo que ocurre en vuestra vida cuando ésta termina es demasiado extraordinario para poder describirlo aquí en términos que puedas comprender, puesto que se trata de una experiencia que se halla en otra dimensión, y rebasa literalmente cualquier descripción que pretenda utilizar herramientas tan enormemente limitadas como las palabras. Baste decir que tendréis la oportunidad de examinar esta vuestra vida presente, sin dolor o temor a juicio alguno, con el propósito de decidir lo que sentís respecto a vuestra experiencia y adonde queréis ir a partir de ahí.

Muchos de vosotros decidirán volver aquí; regresar a este mundo de densidad y relatividad, para disponer de otra posibilidad de experimentar las decisiones y opciones que han tomado respecto a Sí mismos en este nivel.

Otros - algunos escogidos - regresarán con una misión diferente. Volverán a la densidad y la materia con el propósito espiritual de conducir a los demás fuera de la densidad y la materia. En la Tierra siempre hay quienes, de entre vosotros, han tomado esta decisión. Se les reconoce en seguida. Su tarea ha terminado; han regresado a la Tierra simple y llanamente para ayudar a los otros. En esto consiste su alegría. En esto consiste su exaltación. No aspirar a otra cosa que a ser útiles.

No puedes dejar de verlos. Están en todas partes. Hay más de los que crees. Incluso es probable que sepas de alguno, o que lo conozcas personalmente.

¿Soy yo uno de ellos?

No. Si tienes que preguntarlo, es que sabes que no lo eres. Uno de ellos no hace preguntas de este tipo. No hay nada que preguntar. Tú hijo mío, en esta vida eres un mensajero. Un precursor. Un portador de noticias. Un buscador y, con frecuencia, un orador de la Verdad. Debes estar contento, pues esto es más que suficiente para una vida.

Estoy contento, ¡pero siempre puedo esperar más!

¡Y esperarás más! Siempre esperarás más. Forma parte de tu naturaleza. Forma parte de la
naturaleza divina aspirar siempre a ser más. De modo que hazlo: aspira por todos los medios a ser más. Ahora quiero responder definitivamente a la pregunta con la que iniciaste esta parte de nuestra conversación.

¡Sigue adelante, y haz lo que realmente te guste! ¡No hagas otra cosa! Tienes muy poco tiempo. ¿Cómo puedes pensar en perder un solo momento haciendo algo que no te gusta para ganarte la vida? ¿Qué clase de vida sería esa? ¡Más que ganarte la vida, sería ganarte la muerte!
Si dices: "Pero... hay otras personas que dependen de mí... bocas que alimentar... una esposa que cuenta conmigo", te responderé que, si insistes en que tu vida se basa en lo que hace tucuerpo, es que no has entendido para qué has venido aquí. Por lo menos, haz algo que te agrade,que manifieste Quién Eres. Con ello podrás alejar de ti el resentimiento y la cólera hacia aquellos que imaginas que te privan de tu alegría.

No es que lo que hace tu cuerpo no sea importante. Pero no del modo en que tú crees. Las acciones del cuerpo constituyen reflejos de un estado del ser; no intentos de alcanzar un estado del ser.

En el verdadero orden de las cosas no se hace algo para ser feliz, sino que se es feliz y, en consecuencia, se hace algo. No se hace algo para ser compasivo, sino que se es compasivo y, en consecuencia, se actúa de determinada manera. En una persona de conciencia elevada, la decisión del alma precede a la acción del cuerpo. Sólo una persona inconsciente trata de producir un estado del alma a través de lo que hace el cuerpo.

Esto es lo que significa la afirmación: "Tu vida no se basa en lo que hace tu cuerpo". Sin embargo, es cierto que lo que hace tu cuerpo es un reflejo de aquello en lo que se basa tu vida. He aquí otra dicotomía divina. Pero si no lo entiendes, al menos entiende esto:

Tienes derecho a tu propia alegría. Tengas o no tengas hijos; tengas o no tengas esposa. ¡Búscala! ¡Hállala! Y tendrás una familia alegre, prescindiendo de cuanto dinero ganes o dejes de ganar. Pero si, en lugar de eso, te abandonan, entonces déjales partir con amor en busca de su propia alegría. Sí, por otra parte, has evolucionado hasta el punto de que los asuntos del cuerpo han dejado de preocuparte, serás aún más libre para buscar tu propia alegría, así en la Tierra como en el Cielo.

Dios dice que es bueno ser feliz; incluso ser feliz en tu trabajo.

Tu trabajo en la vida es una afirmación de Quién Eres. Y si no lo es, entonces ¿por qué lo haces? ¿Acaso crees que tienes que hacerlo? No tienes que hacer nada. Si "el hombre que mantiene a su familia, cueste lo que cueste, aún a costa de su propia felicidad" es Quién Tú Eres, entonces ama tu trabajo, puesto que facilita tu creación de una afirmación viviente de tu Yo.

Si "la mujer que realiza un trabajo que detesta para hacer frente a las responsabilidades que considera que tiene" es Quién Tú Eres, entonces ama, ama, ama tu trabajo, puesto que sostiene plenamente tu imagen de tu Yo, tu concepto de tu Yo. Todo el mundo puede amar todo lo que hace desde el momento en que entienda qué está haciendo, y por qué. Nadie hace nada que no quiere hacer.

CAPÍTULO 13

¿Cómo puedo resolver los problemas de salud que tengo? He sufrido bastantes problemas crónicos en las tres últimas vidas. ¿Por qué los sigo teniendo ahora, en esta vida?

En primer lugar, vamos a dejar clara una cosa: tú amas esos problemas: o, en cualquier caso, la mayoría de ellos. Los has utilizado admirablemente para compadecerte de ti mismo y atraer la atención de los demás hacia ti mismo. En las pocas ocasiones en que no ha sido así, ha sido sólo porque han ido demasiado lejos. Más lejos de lo que tú pensabas que irían cuando los creaste.

Debes entender algo que probablemente ya sabes: toda enfermedad es creación de uno mismo. Incluso los médicos más convencionales están empezando a ver que la gente crea sus propias enfermedades. La mayoría de las personas lo hacen de un modo totalmente inconsciente (ni siquiera saben que lo hacen). Así, cuando caen enfermos, no saben qué les pasa. Parece como si algo les aconteciera, en lugar de haberse hecho ellos algo a sí mismos. Esto ocurre por que la mayoría de las personas van por la vida inconscientemente, y no sólo en lo que se refiere a la salud y sus consecuencias. Fuman, y luego se sorprenden porque tienen cáncer. Ingieren animales y grasa, y luego se sorprenden porque tienen las arterias obstruidas. Se pasan la vida enfadándose, y luego se sorprenden porque tienen infartos. Compiten con los demás - despiadadamente, y bajo un estrés increíble -, y luego se sorprenden porque tienen apoplejías. La verdad que se oculta tras todo esto es que ala mayoría de las personas les preocupa su muerte.

La preocupación es precisamente la peor forma de actividad mental que hay después del odio, y resulta profundamente autodestructiva. La preocupación no tiene sentido. Es malgastar la energía mental. Además, crea reacciones bioquímicas que dañan el cuerpo, produciendo un sinfín de problemas que van desde una simple indigestión hasta una parada cardíaca. La salud mejorará casi en el mismo momento en que cese la preocupación. La preocupación es la actividad de una mente que no entiende su vinculación conmigo.

El odio es la enfermedad que resulta más gravemente perjudicial para la mente. Envenena el cuerpo, y sus efectos son prácticamente irreversibles.

El temor es lo más opuesto a todo lo que sois, y, en consecuencia, ejerce un efecto de oposición en vuestra salud física y mental. El temor es la preocupación llevada al extremo.

La preocupación, el odio y el temor - junto con sus vástagos: la ansiedad, la amargura, la impaciencia, la avaricia, la crueldad, la severidad y la condena -, todo ello ataca el nivel celular del cuerpo. En estas condiciones, resulta imposible tener un cuerpo sano.

Del mismo modo - aunque en un grado algo inferior -, la presunción, la falta de moderación y la
gula producen malestar físico, o falta de bienestar. Toda enfermedad ha sido creada antes en la mente.

¿Cómo puede ser? ¿Y que hay de la enfermedades contraídas por contagio, como los resfriados o
el SIDA?

Nada ocurre en vuestra vida - nada - sin que primero haya sido un pensamiento. Los pensamientos son como imanes, que atraen sus efectos sobre uno. Puede que el pensamiento no siempre sea evidente - y, en consecuencia claramente casual -, tal como: "Voy a contraer una terrible enfermedad". Es posible que sea (y normalmente es) mucho más sutil que eso: "No merezco
vivir"; "Mi vida es un lío"; "Soy un perdedor"; "Dios va a castigarme"; Estoy hasta la
coronilla de mi vida".

Estos pensamientos constituyen una forma de energía muy sutil, pero sumamente poderosa. Las palabras son menos sutiles, más densas. Las acciones constituyen la forma más densa de las tres.

La acción es energía en una forma física fuerte, con un movimiento potente. Cuando piensas, hablas y actúas según un concepto negativo tal como "Yo soy un perdedor", pones una enorme cantidad de energía en movimiento. No es de extrañar que cojas un resfriado; y aún eso sería lo de menos.
Resulta muy difícil invertir los efectos del pensamiento negativo una vez que estos han adquirido forma física. No es imposible, pero sí muy difícil. Se requiere un acto de fe excepcional. 
Se requiere una extraordinaria confianza en la fuerza positiva del universo, llámese Dios, Diosa, Motor Inmóvil, Fuerza Primera, Causa Primera, o lo que sea.

Los sanadores poseen precisamente esta fe. Es una fe que penetra en el Conocimiento Absoluto. Saben que estás preparado para ser completo y perfecto en este mismo momento. Ese conocimiento es también un pensamiento, y muy poderoso. Tiene el poder de mover montañas, por no hablar de las moléculas de tu cuerpo. Así es como los sanadores pueden curar, incluso a distancia.

El pensamiento no conoce distancias. Viaja alrededor del mundo y atraviesa el universo en menos tiempo del que tardas en pronunciar la palabra."Mándalo de palabra, y quede sano mi criado." Y así fue, en ese mismísimo momento, incluso antes de que acabara la frase. Tal era la fe del centurión.

Pero todos vosotros sois leprosos mentales. Vuestra mente está corroída por pensamientos negativos. Algunos de ellos os los han metido. Muchos de ellos realmente los inventáis - los conjuráis - vosotros mismos, y luego les dais abrigo y cobijo durante horas, días, semanas, meses, e incluso años. ... y os sorprendéis por que caéis enfermos.

Puedes "resolver algunos de tus problemas de salud!, como dices, si resuelves los problemas de tu pensamiento. Efectivamente, puedes curar algunas de las enfermedades que ya has
contraído (que te has dado a ti mismo), además de prevenir nuevos e importantes problemas en
fase de desarrollo. Y todo esto puedes hacerlo cambiando tu pensamiento.
Y también - y odio decir esto, pues parece demasiado mundano para venir de Dios -, ¡por el amor
de Dios!, cuida más de ti mismo.
Cuidas pésimamente tu cuerpo, prestándole muy poca atención hasta que no sospechas que algo anda mal. No haces precisamente nada en el sentido de un mantenimiento preventivo. Cuidas más a tu coche que a tu cuerpo, y no exagero.

No sólo no previenes posibles problemas realizando chequeos médicos anuales, y utilizando las terapias y medicinas de que dispones (¿por qué vas al médico, le pides ayuda, y luego no tomas las medicinas que te receta?, ¿puedes responderme a eso?); también maltratas a tu cuerpo
terriblemente entre estas visitas respecto a las que no haces nada.

No lo ejercitas, de modo que se vuelve flojo y, lo que es peor, débil por falta de uso.

No lo alimentas adecuadamente, con lo cual aún se debilita más.

Luego lo llenas de toxinas y venenos, y de las más absurdas sustancias que hacéis pasar por comida. Y aún así, ese maravilloso motor funciona; aún así, sigue adelante, haciendo frente a este ataque.
110